Uais, reducto de Malova que “dobló” a Quirino

Se consolida rectora, aunque no acredita ni su título profesional; jefatura “casa de seguridad” de la oposición 

Absoluta opacidad administrativa prevalece en la Universidad Autónoma Intercultural de Sinaloa, donde las voluntades del gobernador Quirino Ordaz Coppel y del secretario de Educación, Enrique Villa Rivera, se “doblan” ante el bastión que retiene el clan de Mario López Valdez como plataforma de operaciones políticas contrarias al régimen priista, incluso sus candidaturas.

La casa de estudios es un reto aún insuperable para el régimen, una “casa de seguridad” de la oposición que amenaza con repetir la rebelión de 2010 que hizo fracasar al Partido Revolucionario Institucional, cuya administración contaba precisamente con Ordaz Coppel como tesorero del estado.

El actual mandatario vuelve a topar la misma confrontación política y la UAIS es parte de la estructura que sostiene el movimiento de resistencia, encabezado por la rectora Guadalupe Ibarra Ceceña, impuesta en una elección fraudulenta realizada por el gabinete de su antecesor malovista, Guadalupe Camargo Orduño.

Los antecedentes más cercanos de Ibarra Ceceña son de empleada del ayuntamiento de Ahome en la administración de Arturo Duarte García, liga que le abrió las puertas de la universidad indígena para entrar como “caballo de Troya” en la terna de candidatos a la rectoría en marzo del 2017.

La inexperiencia del mandatario y la carencia de respaldo a Villa Rivera permitieron el empoderamiento de la candidata “ad-hoc” para jugar el papel de aparente cambio académico y administrativo con transparencia, que no se observa en la realidad por los excesos de la rectora, que hace su juego demorando las acciones contra Camargo por su identificación con Malova, del ex alcalde Arturo Duarte y Francisco Frías en su paso por la SEPyC.

Con su antecesor en la rectoría, Guadalupe Ibarra contó con suficiente protección para preparar el ascenso con una falsa bandera de cambio o para que todo siguiera igual, en el más puro estilo del gatopardismo.

La deuda con Camargo parece no estar aún saldada porque Ibarra sigue pagándole los favores en la anterior administración.

DICTADORA QUE NO RESPETA JUNTA EJECUTIVA NI AL SECRETARIO VILLA RIVERA

En la universidad indígena sorprende que la Guadalupe Ibarra asuma un control de dictadora sin límites a su poder, que derrocha recursos públicos, como en el reciente viaje personal “de estudios” que realizó en Canadá, donde no existe ninguna institución en que fuera posible abrevar en conocimientos relacionados con los programas académicos de la UAIS.

La rectora puede moverse libremente fuera de la institución porque en su ausencia los asuntos quedan en manos de un “asesor” que reclutó en la Ciudad de México, por recomendaciones políticas, Pedro Solano Rojas, quien se convirtió en un poder superior al de cualquier otro funcionario de la estructura administrativa o académica.

El sueldo del “asesor”, de 40 mil pesos mensuales, acaba de incrementarse en 20 por ciento, a 48 mil pesos, más viáticos sin límites, por concepto de hotel y restaurante, excesos que afectan el presupuesto que debe destinarse a la formación profesional de indígenas de todas las regiones del país.

Solano Rojas representa un gasto exagerado para las limitaciones de la institución, que desmiente los discursos de la rectora sobre la austeridad que introdujo a la UAIS, porque no hace lo que predica al pagar una asesoría que lastra las finanzas y genera permanentes problemas porque otros servidores apenas perciben 7 mil pesos anuales para realizar trabajos de investigación programados para mejorar la academia.

Ninguna disposición de la Junta Ejecutiva, que preside Villa Rivera, tiene aplicación en la casa de estudios, convertida en botín de la rectora, a pesar de que la funcionaria ha sido reiteradamente citada a la SEPyC para poner en claro la autoridad del órgano directivo.

MORDAZA A LAS EXIGENCIAS DE QUE ACREDITE SU “DOCTORADO”

Proyecto 3, voces que rompen el silencio, reveló al inicio de esta administración estatal que Ibarra Ceceña se presentó como candidata a la rectoría acreditándose como doctora por la Facultad de Economía de la UNAM.

Sin embargo, investigaciones llevadas a cabo por funcionarios de la UAIS en aquella alma mater demostraron que no hay registro del doctorado en ciencias de la economía a nombres de la rectora. Lo más que hallaron fueron artículos firmados por ella en equipo con otras personas, lo que no basta para legitimar el título.

Falsear el nivel de doctorado de una autoridad universitaria es un acto de deshonestidad que en otros tiempos ha merecido el cese del chapucero que miente sobre su verdadero nivel profesional, como consta en archivos de la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).

Con ese título sin comprobar aún, se presentó Guadalupe Ibarra a competir por la rectoría de la UAIS, contando para ello con el respaldo de su exjefe malovista a través del grupo que aún sostiene dentro de la universidad y que todavía no ha sido depurado.

En la política administrativa del desgarriate, el ex rector Camargo maniobró con previsión a futuro para dar de alta a 291 empleados en el último día de su gestión, el 31 de diciembre de 2016. Todos ellos, por supuesto, incondicionales dispuestos a cumplir consignas cuantas veces fuera necesario.

Este movimiento en esencia corrupto, demuestra el alcance del daño financiero provocado deliberadamente por la pasada administración, con el único fin de crear un “ejército” de leales a cualquier consigna del representante del régimen malovista.

NI JUNTA EJECUTIVA NI QUIRINO HAN PUESTO ORDEN

En el segundo año del gobierno de Quirino Ordaz Coppel, el desorden y el derroche siguen adelante en la universidad surgida como alternativa viable para la preparación de jóvenes indígenas de todo el país. El cambio que introdujo la rectora, fue hacia atrás.

La Junta Ejecutiva de la UAIS no impone autoridad: habla, pero no actúa, y tampoco el gobernador del estado se atreve a dar un cada vez más necesario golpe de timón, por temor a no rebasar los límites de la aparente “mano dura” contra los corruptos. Así deja en evidencia a su secretario de Educación Pública.

Lo más que se han atrevido a hacer en defensa del estado de derecho y de la transparencia dentro de los recintos universitarios, es llamar a la rectora a escuchar advertencias que, a lo largo del año pasado y principios de éste, no han llegado a la aplicación de sanciones, incluso de sustitución por reiteradas infracciones al orden jurídico que sólo en apariencia sostiene el ejecutivo.

FRENO A LA JUSTICIA Y PROTECCIÓN A SAQUEADORES

En el último trimestre del 2017, Ibarra Ceceña afirmó que el desvío de recursos públicos por la anterior administración había consolidado cargos por 130 millones de pesos, pero que las responsabilidades podrían llegar a 300 millones.

Aquel anuncio no se ha expresado en los hechos, dejando la impresión de que fue una amenaza de la doctora sin título para superar cualquier movimiento interno en su contra y engañar a la Junta Ejecutiva con el discurso anticorrupción.

Mientras el gobierno quirinista sigue tolerando los abusos del pasado reciente, la rectora afianza su control sobre la institución, al asegurarse el control sobre la tesorería, la administración y la academia, con el concurso de un externo, conocido al interior de la casa de estudios como “El Chilango”, que sólo rinde cuentas a la rectora, aunque sus caros servicios son pagados por el erario público.