Tres antivotos pegados a Meade

El miércoles pasado, en el aeropuerto de  Culiacán, se registró una escena fantasmagórica: Heriberto Galindo Quiñones, como en su momento lo hicieron Alfonso G. Calderón, Antonio Toledo Corro y Francisco Labastida (destapados en la Ciudad de México), descendió exultante del avión y creyó ser aclamado por porras, vientos de tambora y periodistas amigos.

Soñó con la recepción de un candidato a gobernador ya confirmado. Pero fue un estado mental. No pasó de ahí. El recibimiento no era para él, ni para otros “colados”, cartas políticas desaseadas, antivotos, como David López Gutiérrez y Francisco Labastida Ochoa, sino para Juan Antonio Meade. Galindo, en efecto, aspira, pero en tres ocasiones no ha pasado de suspirante: El PRI no se ha compadecido de sus pretensiones.

Horas antes, Galindo Quiñones había girado un boletín a los medios en el que en que daba  a conocer que es asesor electoral especial del precandidato presidencial del PRI. Presuroso el político. Le gusta el protagonismo. Sabía que su yerno, Mike Arreola, le había conseguido con Meade un espacio en la aeronave la gira que celebraría por Sinaloa.

Es secreto a voces que la campaña de Meade, no levanta. Y ya está próxima la fecha en que el PRI realice la convención nacional para proclamar candidato oficial, que lo será en automático de la coalición correspondiente.

El ex secretario de Hacienda, que hace su precampaña como “simpatizante” del PRI, acomete heroicos esfuerzos por hacerse de un trabuco de campaña que lo rescate del tercer o cuarto lugar que le dan las encuestas sobre intención del voto.

Por iniciativa propia, Meade ha incorporado a su equipo a personas que lo han acompañado a su paso por cuatro secretarias de Estado. Otros cuadros los ha reclutado su coordinador Aurelio Nuño. Como un desacierto garrafal fue catalogado, incluso por prominentes priistas que Meade haya dado la condición de vocero de su campaña al poblano Javier Lozano Alarcón, por ejemplo.

Pero lo de Heriberto Galindo Quiñones tiene otra grave, gravísimas dimensión por lo que diremos a continuación:

Hacia 1980, el sinaloense era Director de Prensa del secretario de Hacienda y Crédito Público, David Ibarra Muñoz. Con el director general de Crédito Público, el también paisano Oscar Levín Coppel, hicieron talacha para hacer de su jefe candidato presidencial en 1982. Le ganó la partida Miguel de la Madrid.

Desplazado de la metrópoli, Galindo se apareció en Sinaloa para tratar de incidir en la sucesión de Toledo Corro. Pujó por el senador Ernesto Millán Escalante. Tronó: La candidatura le fue dada a Labastida Ochoa.

De nueva cuenta Galindo se refugió en la Ciudad de México-Toluca: Para el relevo de De la Madrid, ahora haciendo mancuerna con David López Gutiérrez, se empeñaron en hacer candidato al ex gobernador del Estado y a la sazón secretario de Energía, Minas e Industria Estatal, Alfredo del Mazo González.

El mexiquense, en efecto, apareció en la pasarela del PRI en agosto de 1987. Dos meses después, se proclamó la candidatura de Carlos Salinas de Gortari.

Entre el 3-4 de octubre de aquel año, Galindo y López Gutiérrez armaron un sainete empujando a Del Mazo al ridículo, haciéndolo declarar públicamente que el candidato era Sergio García Ramírez y no el secretario de Programación y Presupuesto.

López Gutiérrez se quedó en Toluca, pero Galindo fue sometido a una especie de proscripción electoral por Salinas Presidente. El guamuchilense era víctima de una especie de maldición. Se subió en el avión que llevó a Luis Donaldo Colosio Murrieta de Sinaloa a Tijuana y Colosio fue asesinado en Lomas Taurinas, horas después de descender de la aeronave.

Se le encaramó al automóvil al secretario general del PRI nacional, José Francisco Ruiz Massieu y lo asesinaron a balazos.

Con Ernesto Zedillo, Galindo volvió del exilio político convirtiéndose en diputado federal,  para terminar en 2000 arrimando su sardina al fogón del entonces secretario de Gobernación, Francisco Labastida Ochoa. Por trágicos, obviamos los resultados ya conocidos.

Se escuchó al guamuchileño entonar los tristes versos del bardo: Un desengaño más/ otra vez llanto/ de nuevo luto/ a mi azarosa vida/ un motivo más de desengaño/ otra esperanza/ para mi perdida.

Galindo se dedicó al ambulantaje hasta que López Gutiérrez lo rescató acercándolo al gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.

Con Peña Nieto en Los Pinos, Galindo volvió a la legislatura federal e hinchó los pulmones con un ¡Ahora sí!

Empezó de nuevo a circular por Sinaloa, siempre ostentoso. La dupla, Galindo-López Gutiérrez, aprovechando que el PRI estaba fuera de Palacio, pretendieron su control, primero buscando el relevo de Mario López Valdez. Va el mexiquense putativo: Nada. “De lo perdido, lo que aparezca” entró al quite Galindo: Otra vez, nada.

La semana pasada, Heriberto Galindo Quiñones paseó “triunfal” por lares sinaloenses, de la mano de David López Gutiérrez, éste con hígado nuevo: Trae colgado el gafete: Asesor electoral especial del precandidato presidencial del PRI. Lo luce con orgullo.

A Meade no le arriendo las ganancias. ¿A Galindo? Le tira a una senaduría. Se conformaría de nuevo con una diputación. Galindo padece el Síndrome de Sísifo: Sube a la cima la pesada roca. La roca rueda. Otra vez a subirla. Galindo es candidato… pero al martirologio.

David no hizo ruido. Está en franca recuperación médica después del trasplante de hígado. Francisco Labastida hizo recordar al Pemexgate y metió en aprietos a Meade.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.