La sombra de Labastida ahora sobre Meade, Mario Zamora y Millán Bueno

Con el estigma del Pemexgate como su carta natural de presentación, Francisco Labastida Ochoa – ya tiene 76 años de edad- quiso formar parte del gabinete presidencial de Enrique Peña Nieto, intentado escapar “olímpicamente” del juicio de la historia. Ahora quiere ser parte del gabinete de José Antonio Meade, si es que éste por la vía del PRI, gana las elecciones este 2018.

Con sus antecedentes nada prodigiosos, que le han restado credibilidad al PRI a todo lo largo y ancho del país, Labastida Ochoa reapareció en la gira priista de proselitismo político por Sinaloa, y dio el “espaldarazo”, el apoyo, al candidato presidencial, Juan Antonio Meade, y a los aspirantes al Senado de la República, Mario Zamora Gastélum y Rosa Elena Millán Bueno. La presencia en el evento del PRI fue considerada como una derrota anunciada/anticipada de los abanderados del tricolor.

El siguiente artículo lo escribí en la ciudad de México, y fue publicado en la edición 289 de la revista Voces del Periodista, editada por el Club de Periodistas de México, con el título de “Desmemoria del Pemexgate”, cuando Labastida tenía 70 años de edad. En 6 años en Sinaloa FLO le ha apostado a los grandes negocios: el gasoducto y la planta de fertilizantes en Topolobampo. El artículo ofrece su aporte histórico y es de vital importancia para analizar las repercusiones de la presencia de Labastida en el proceso electoral del PRI en Sinaloa:

YA ELUDIO EN EL PASADO reciente el brazo de la justicia: Labastida es el prototipo del viejo político mexicano que se resiste al paso del tiempo y que trabó nuevas alianzas con dos dinosaurios del priismo: Emilio Gamboa Patrón y Manilo Fabio Beltrones Rivera, cómplices a la hora del reparto del botín político sexenal.

En plena era de la información, los tres políticos, prototipos del sistema priista corrupto, le apuestan a la falta de memoria colectiva para mostrarse ante la sociedad mexicana como los promotores e impulsores del “nuevo cambio” y no reparan en autopromociones publicitarias. La “amnesia social” es su mejor aliado

El reporte no ofrece vacíos: En su fase geriátrica, militares, narco, Fobaproa, policías asesinados o detenidos, ex procurador ajusticiado, Pemexgate, traiciones al PRI, Elba Esther Gordillo, emergen recreando el escenario labastidista.

Muertos y más muertos

La trayectoria del político sinaloense está enredada en sospechas y vínculos perversos: Ya en funciones de secretario de Energía, Minas e Industria Paraestatal, le fue asesinado su jefe de seguridad Guillermo Casillas Romero.

Su paso por la gubernatura de Sinaloa fue un caos, operativa y administrativamente. Desfilaron ruidosas renuncias: Le dimitió su primer secretario de Administración Esteban Moctezuma Barragán. Diego Valadés Ríos y Juan Burgos Pinto también se le fueron de la Secretaría General de Gobierno. Y ascendió Manuel Lazcano Ochoa, viejo lobo que fue procurador de Justicia de Pablo Macías Valenzuela y Leopoldo Sánchez Célis.

Entre los miles de muertos del sexenio labastidista aparecen en la “espesura del tiempo”, los asesinatos del periodista Manuel Burgueño Orduño; el de su primer escolta y jefe de ayudantes, capitán Adelaido Valverde Cabañas. Y el crimen de la presidenta de la Comisión de Defensa de Derechos Humanos, Norma Corona Sapién.

Cerrado ese periodo de seis años, los sinaloenses fueron testigos de nuevas desgracias. En 1993, durante el sexenio de Renato Vega Alvarado, fue asesinado en el Parque Hundido de la ciudad de México Francisco Rodolfo Álvarez Fárber, quien fue procurador de Justicia y delegado de la PGR durante el mandato de Labastida.

Después, en el tramo Culiacán-Rosario, sicarios asesinaron también al mayor Lorenzo Gorostiza Castro, uno de los directores de la Policía Judicial del Estado durante el sexenio de labastidista. Pedro Peñuelas Trasviña, comandante de la Policía Judicial, al que Labastida dejó encargado el norte, fue masacrado en Los Mochis, en la taquería Bachomo.

Las confabulaciones salpicaban: Jet y avionetas cargadas de droga en aterrizaban en carreteras aledañas a los campos agrícolas de la familia Labastida. La Novena Zona Militar únicamente elaboraba reportes o levantaba las narconaves accidentadas. El entonces comandante, general José Ángel García Elizalde era el encargado de llenar las bitácoras militares

Un soleado día de abril de 1989, mientras Francisco Labastida buceaba en Los Cabos, Baja California Sur, acompañado de Carlos Hank González, el Ejército mexicano desmanteló a la Policía Judicial del estado, bajo señalamiento de vinculación con el narco. Los militares detuvieron a toda la fuerza policiaca de Culiacán, así como al jefe de la Policía Judicial, el jalisciense Arturo Moreno Espinoza, acusado de ofrecer protección a grandes operaciones de droga. El operativo lo dirigió personalmente el entonces procurador de la República de Carlos Salinas de Gortari, Enrique Álvarez del Castillo.

Reporte Insight y la CIA

En México, la figura del político sinaloense fue “desmantelada” primero por The Washington Time y luego por la revista Insight. “Francisco Labastida Ochoa ha mantenido lazos con narcotraficantes desde que fue gobernador de Sinaloa”, aseguró un informe confidencial de la CIA publicado primero por el diario y luego por la edición quincenal.

En pleno arranque de su campaña en pos de la presidencia de la República, funcionarios de su equipo, principalmente Emilio Gamboa Patrón, bloquearon la reproducción del artículo en México, intitulado “El narcoestado como vecino”, en donde se subrayaba que “el candidato priista está en la mira”.

El documento de la CIA establecía:

“Labastida ha negado haber recibido sobornos, pero en forma privada ha reconocido que ha llegado a acuerdos no especificados con los narcotraficantes para ignorar algunas de sus actividades”.

Al respecto, la oficina de información del candidato priista, operada por el periodista Ignacio -Nacho- Lara Herrera, respondió inmediatamente que el artículo de Insight constaba de simples refritos, “y que repite calumnias y falsedades publicadas por The Washington Times el 5 de febrero de 1998, oportunamente desmentidas por Labastida”.

El FOBAPROA y el Pemexgate

Francisco Labastida Ochoa redobló la construcción de su candidatura a la presidencia de la República desde su arribo a la Secretaría de Gobernación en la que permaneció de enero de 1998 al 21 de mayo de 1999. Llegó cosechando de su currículum, director de Caminos y Puentes Federales de Ingresos, de secretario de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural; secretario de Energía, Minas e Industria Paraestatal, y gobernador de Sinaloa. Ernesto Zedillo lo apoyó porque no le quedaba de otra ya que no pudo quitar los “candados” del PRI, que afectaron a sus precandidatos José Ángel Gurría y Guillermo Ortiz.

Ahí, pues, en la Secretaría de Gobernación se dedicó en cuerpo y alma a allanar el camino a la candidatura del PRI: desplazó al Grupo Atlacomulco, desmantelando la estructura armada por su antecesor en la SG, el mexiquense Emilio Chuayffet Chamor.

Al salir de dicha secretaría, ávido de poder el sinaloense no logró visualizar que sería el candidato presidencial que cargaría con la primera derrota del Partido Revolucionario Institucional. En 2000, Labastida Ochoa era un candidato atractivo, de rostro y piel fina; hueco ideológicamente, perseguido por sus “sombras”.

La realidad estaba por alcanzarlo: El PRI venía en picada desde 1982 con la candidatura de Miguel de la Madrid. El colimense obtuvo 16.7 millones de votos, que le representó el 77 por ciento de la votación total. Ese porcentaje fue un 26 por ciento menor al obtenido por José López Portillo en 1976, quien ganó la presidencia con el 98 por ciento de los votos.

Seis años después, (1988) Carlos Salinas de Gortari fue presidente de México con una acreditación oficial de 9.6 millones de votos, que significó el 50 por ciento de la votación emitida. Tras el asesinato de Colosio se postula a Ernesto Zedillo, quien logra la votación más alta lograda por un candidato priista en elecciones presidencial: 17 millones 336 mil votos.

Con esa estadística, el vaticinio era lógico de que el PRI venía en decadencia y la oposición estaba cerca de alcanzar la presidencia. Entonces, la derrota de Labastida estaba escrita: Lo rodeó una camarilla a la que la sociedad aún identifica como corrupta; y fue alcanzado por el filoso discurso de las tepocatas y las víboras prietas de Vicente Fox Quesada y los coletazos del Fobaproa.

El reporte es conciso: Desfilaron como aportantes de la campaña presidencial del priista empresarios con fuertes adeudos: El grupo económico perteneciente a Justo Félix Fernández López, ex concesionario del Hipódromo de las Américas; la familia Chedraui: Antonio, Silvia, Silvo, Nora, Alfredo, Manuel, Rodrigo, Justo, Irma, Ana y David.

La familia Turrent de Veracruz. El tamaulipeco Mario Rodríguez Sáez, el sonorense Eduardo Bours Castelo; la familia Ballesteros Franco, Jorge Martínez Guitrón; y Pablo Funtanet Mange, presidente del Comité de Apoyo a Francisco Labastida en el estado de México. Todos con carteras vencidas en diferentes bancos.

El escándalo del financiamiento de los “quebrados” alcanzó a uno de los hermanos del candidato: El agricultor Juan Enrique Labastida Ochoa, cuyos litigios financieros-agrarios involucraron al Banamex la empresa Productora Alimenticia de Los Mochis UCA Corerepe, propiedad, también, de su esposa, Gloria Patricia Blake de Labastida, y la empresa Campo la Ilusión Sociedad de Producción Rural de Responsabilidad Limitada. El PRD involucró al que llamó “hermano incómodo” del candidato del PRI en la lista del FOBAPROA

El 8 de junio del 2000, en plena campaña, al término de un evento magisterial organizado en su apoyo por la maestra Elba Esther Gordillo Morales, dirigente del SNTE, en León, Guanajuato, después de negarlo, Labastida aceptó por fin que uno de sus hermanos estaba en la lista de “quebrados” del Fobaproa.

Así, en las elecciones, Labastida obtuvo 13 millones 579 mil votos equivalentes al 36.11 por ciento, mientras que Vicente Fox lo rebasó: Ganó la presidencia con 15 millones 639 mil votos.

No digería todavía la derrota cuando lo alcanzó otra debacle: el Pemexgate. Se descubrió que 500 millones de Pemex se desviaron vía “fondos” del sindicato de trabajadores de la compañía petrolera, para solventar la campaña presidencial labastidista. El saqueo de Pemex pasó a la historia como ícono de la corrupción del PRI de Labastida y como uno de los negros estigmas del sistema judicial mexicano: A pesar de que los responsables no fueron presentados ante la Justicia, el tricolor fue multado con mil millones de pesos mexicanos y sepultó políticamente a Carlos Almada, el operador de las finanzas en la campaña presidencial de Labastida.

El Senado, Elba y el retorno a Sinaloa

Francisco Labastida Ochoa es víctima del desespero: Combatió a Enrique Peña Nieto, lo ridiculizó con tesis contrarias a las propuestas del mexiquense. Habiendo despreciado a Manlio Fabio Beltrones, a quien señaló de tener relaciones sospechosas se volvió su principal propagandista y ahora le besa los pies a Peña Nieto con la esperanza de que le den un nombramiento en Pemex o en la Secretaría de Energía.

Sin embargo, todos sus escenarios son adversos, aunque respira de las complicidades políticas que tejió con Emilio Gamboa y Beltrones:

  1. En 2010 se opuso a la propuesta del PRI a la gubernatura de Sinaloa de Jesús Vizcarra Calderón, proyecto de Enrique Peña Nieto. FLO impulsó la candidatura de Mario López Valdez bajo las siglas del PAN-PRD-PT-Convergencia.
  2. En el 2000, Elba Esther Gordillo Morales, dirigente nacional del SNTE fingió apoyar la candidatura presidencial de Francisco Labastida de cara al candidato Fox Quesada, y del aspirante del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas.Pero en 2006, Gordillo, sus hijas y su yerno Fernando González Sánchez, crearon brigadas de apoyo magisterial a favor de la candidatura del PRI al Senado de la República de Francisco Labastida Ochoa. Pero en 2012, en la ruta del pacto Elba Esther Gordillo-Nueva Alianza-PRI, Labastida desafió al candidato presidencial Enrique Peña Nieto y atacó a la dirigente nacional del SNTE. El ex candidato presidencial dijo que “ningún partido requiere de un sindicato con los vicios tan grandes como los que tiene el SNTE, ni de una persona que actúa siempre en función de su conveniencia personal” y cuyos pactos “no son confiables”.
  3. La posición anti-aliancista de Francisco Labastida Ochoa generó caos al interior del PRI pues encontró eco entre los desplazados de las candidaturas, obligando al PRI a romper estratégica, hipotéticamente, su alianza con el Panal. Labastida cosechó de la ruptura la candidatura al Senado de la República para su amigo el ex alcalde de Culiacán, Aarón Irízar López. El PRI rediseñó el esquema de la campaña presidencial.La “primera piedra” lanzada por Labastida contra Elba Esther Gordillo y la alianza PRI-Panal alcanzó rango de campaña de linchamiento, de slogan radiofónicos y televisivos electorales, de satanización, con saldos negativos para Elba-SNTE y Gabriel Quadri, candidato presidencial del Panal, y con efectos colaterales en Enrique Peña Nieto.
  4. En Sinaloa Francisco Labastida Ochoa desencadenó una campaña de difamación contra la fórmula del Panal al Senado, el ex alcalde de Culiacán, Héctor Melesio Cuén Ojeda y Fernando González Sánchez, yerno de Elba Esther Gordillo, desesperado ante la posibilidad de que su alfil, Aarón Irízar López, perdiera las elecciones. Labastida derrotó así a Elba Esther Gordillo en la figura de su yerno.
  5. En Sinaloa Labastida planea instalar a su hijo, Francisco Labastida Gómez de la Torre, coordinador de Proyectos Estratégicos, en la candidatura al gobierno de Sinaloa. Ya impuso a Aarón Irízar como Senador y quiere apoderarse del PRI. Pero o su vástago no es una perita en dulce: En 2010, apoyando a su padre y a Mario López Valdez, candidato de la alianza PAN-PRD-PT-Convergencia, operó al lado del espía profesional, Luis Pérez Hernández, ex director de Gobierno, asesinado en el 2011. La clase política del PRI, PAN y Panal asegura que el hijo de Labastida se quedó con los sofisticados aparatos que usaba Luis Pérez para la práctica del espionaje.

Los negocios y las reformas

Sin importarle que en los propios estatutos del PRI se estipula la prohibición de apoyar la inversión privada tanto en Pemex como en la CFE, Francisco Labastida se colocó al frente de la privatización de la paraestatal petrolera, disfrazándola de reforma energética: Cabildeó en el Senado de la República la ratificación del marco jurídico para la entrega subterránea del petróleo, plasmado en el tratado que permitiría la exploración y explotación de los yacimientos transfronterizos de hidrocarburos, evitando el “efecto popote”. La reforma energética impulsada por Labastida en el 2008 dotó a Pemex de “flexibilidad de contratación” que marca el fin de la era petrolera mexicana.

Con el nuevo modelo de contratación se crearon las condiciones para la inyección de capital extranjero en desarrollo de capacidades técnicas y de ejecución para los yacimientos: carbonatos fracturados, yacimientos complejos, crudo extra pesado, aguas profundas. Ahora Pemex puede estructurar y celebrar contratos en los que la compensación se sujete a los resultados obtenidos por el contratista. La fórmula de remuneración o pago considera la recuperación parcial de ciertos gastos realizados por el contratista más una tarifa por barril.

Negocios, pues, muchos negocios, que se puede realizar, ya cachando comisiones o bien a través de la triangulación de empresas. O de licitaciones amañadas.

En los círculos de Pemex se insiste en torno a la presión que ejerce Labastida para que “compañías suyas” se queden con el mega-proyecto de construcción del Gasoducto Noroeste, que creará un polo de desarrollo sin precedente en Sinaloa, Sonora y Chihuahua; incluso el ex dirigente de la Sección 27 del SNTE, José -El Chino- Mendívil Zazueta, descorrió of de récord el contrato de 600 millones de dólares anuales – para el área de transporte – que se habría otorgado al político sinaloense y a Manlio Fabio Beltrones como pago a las negociaciones e impulso a la reforma energética.

Recientemente, FLO declaró en Sinaloa que espera ser invitado por Enrique Peña Nieto a ocupar la titularidad de Pemex o en la Secretaría de Energía.

NOTA: En Sinaloa FLO reapareció criticando y difamando a los opositores del PRI en la gira de Juan Antonio Meade, cubriéndose de una aureola de sacrosanto. Analistas aseguran que la presencia de Labastida en la campaña del PRI es de muy mal presagio para sus candidatos.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.