Vargas, entre venganzas y traiciones

No fue una sorpresa que el PRI le cerrara las puertas, para dejar fuera de la competencia electoral, a personajes  identificados y etiquetados  como malovistas.

Pasó lo que se esperaba en referencia a la forma abrupta de sacar del juego político en el seno del tricolor a Gerardo Vargas Landeros, que andaba en abierta campaña por la Senaduría

Luego de la cerrazón en el partido en el que tiene militando 38 años, abatido y dolido, el ex secretario general de gobierno dijo,  al denunciar que recibió amenazas del gobierno estatal para que desistiera en su empeño en registrarse como pre candidato a Senador por el Partido Revolucionario Institucional:

“Uno debe entender que no hay quien le gane al gobierno”.

Vargas, quien fuera el funcionario mas poderoso en el sexenio malovista, después del gobernador, y que manejó la política interna,  ante tales presiones,  optó mejor por cortar por lo sano, anunciando el retiro de su grupo Trebol  del PRI y que analizaría propuestas de otros partidos, con la posibilidad de aparecer en las boletas electorales.

Luego de su fallido proyecto por la gubernatura, el ex secretario general de gobierno inició su periplo por la Senaduría, en un escenario llenó de obstáculos, entre venganzas y traiciones y con un gobierno, encabezado por el mazatleco Quirino Ordaz Coppel, molesto porque el gobierno saliente le dejó una hacienda en bancarrota, en desastre financiero, destapando la cloaca de la corrupción malovista e iniciando proceso penales contra varios ex funcionarios.

Ya sin el poder, los espacios políticos se le fueron reduciendo paulatinamente al fundador del grupo Trebol, con estructura en todo el estado, al grado de que amigos cercanos y políticos y funcionarios que impuso y protegió, se alejaron de él, aliándose con el nuevo gobierno, decidido desde el inicio a acabar con todo vestigio del  malovismo y gerardismo.

Para él fue muy doloroso que figuras que impulsó desde el gobierno, como los diputados Marcos Osuna, Fernanda Rivera, Alvaro Ruelas y Jesús Marcial Liparoli, entre muchas otras, le hayan dado la espalda, y que ahora lo niegan como San Pedro a Jesucristo.

Como dice el ladino político Joaquin Vega Acuña: “en política todo se vale”, lo que no entiende Vargas, que toma la postura de cerrazón del PRI como una venganza por haber apoyado en el 2010 por la gubernatura de Mario López Valdez.

Bien decía el marrullero priista, Heriberto Galindo Quiñonez, que tarde o temprano Malova y su equipo iban a pagar esa traición. Ahí están en la picota varias cabezas de ex funcionarios, exhibidos y procesados por supuestos delitos de corrupción. Y el caso de Vargas Landeros, con su frustrado proyecto por la Senaduría.

Las recientes declaraciones del dirigente del Trébol, sobre quien tenia el control político del estado, al señalar que hacia responsable, a quienes les enviaron amenazas para que no se registrara, de cualquier cosa que le suceda a él o a su familia, ya que aunque no tiene miedo, le preocupa lo que puede ocurrir, fueron tomadas en fuentes oficilaes como un reto al gobierno de Ordaz Coppel.

Vargas  sabía del estilo de gobernar de su jefe Malova, que enviaba  mensajes, con veladas amenazas, en el sentido de que “no es bueno pelearse con el gobierno” y de “bájele tres rallitas, amigo”…. Lo que atemperaba los ánimos de quienes osaban hacer sentir su malestar con supuestos abusos y atropellos.

JAIME IBARRA MONTAÑO

 

El empresario Jaime Ibarra Montaño alcanzó la presidencia municipal en circunstancias muy extrañas. Fue impulsado por Alfonso G. Calderón al final de su mandato, recibiendo el visto bueno de Toledo Corro.

Toledo y Calderón eran enemigos irreconciliables. Jaime, apoyado por el sector empresarial, logró meterse en el ánimo de ambos.

Fue una elección muy difícil y complicada para el PRI. Tan cuestionado el resultado que todavía se afirma que hubo fraude electoral.

El problema de Ibarra fue que al integrar su gabinete le rechazaron desde el Tercer Piso a algunos integrantes, entre ellos al tesorero, cargo al que había propuesto a Alberto Trapero, su amigo del alma.

Desde Culiacán le impusieron al guasavense Francisco Montero Rubio, al que Jaime lo trató como figura decorativa, al grado de quitarle todas sus facultades. De facto el tesorero fue Trapero, que desempeñaba el puesto de Contralor.

Montero aguantó la vara. Nunca se imaginó que esa afrenta y agravio la iba a cobrar algún dia.

Resulta que años después Montero fue designado Director del Catastro a nivel estatal, cuando Jaime Ibarra era delegado en Los Mochis de esa misma dependencia.

Cuando Jaime tenia que acudir a rendir periódicamente un informe a su jefe, Montero lo hacia esperar horas en la antesala, gozando sobremanera aquellos momentos.

Y mientras Ibarra encabronado esperaba sentado, viendo pasar las horas en silencio, el director, su jefe, disfrutaba con sus amigos, saboreando rico café, interesantes anécdotas, que hacían destornillar de risa a Montero, cuyas carcajadas se escuchaban en oficinas aledañas.

Bien dicen que todo se paga en la vida….!!!