Tres Ríos

La licencia solicitada por diputados locales de Sinaloa para buscar nuevas posiciones con el ropaje del Partido Revolucionario Institucional está fermentando la desconfianza ciudadana hacia la actividad parlamentaria y de paso está demostrando que el Congreso del Estado es una especie de guarida de las aves de rapiña que no dieron resultados positivos en su vuelo y aun así pretenden hacer una llave al cuello a los votantes apareciendo de nuevo en las boletas electorales.

De hecho el año 2017 fue de balances rojos en los números de los diputados locales y otros en sus circunstancias similares pedirían perdón a los ciudadanos por su carencia de resultados pero la obesa desvergüenza que los acredita los mantiene borrachos de soberbia  y en la creencia de que no apestan en el olfato de la ciudadanía.

La realidad es que la fotografía de los legisladores que pasaron por el Congreso del Estado el año pasado y que quieren reelegirse mantienen debilitado al Partido Revolucionario Institucional que los abanderó en el proceso electoral del año  2016 y ahora el tricolor carga con el sentimiento de culpa porque en las trincheras legislativas le fallaron sus diputados.

Los legisladores locales dañaron la reputación priista de frente a la contienda que se abrió para este año y el PRI no está muy bien parado ante el electorado.

Entre los restos mortales de los legisladores que hicieron daño en el Congreso bajo la rúbrica de la bancada del Partido Revolucionario Institucional y quieren nuevas posiciones  esta Marco Antonio Osuna Moreno quien de la mano del grupo político que gobernó Sinaloa del año 2011 al 2016 fue colocado a rajatabla dentro del PRI en donde intentó borrar sus antecedentes como agente policiaco.

El legislador fue director operativo de la Dirección de Seguridad Publica de Ahome durante dos momentos claves y sucios de la corporación. Uno  de los episodios negros fue cuando Mario López Valdez era presidente municipal  y en ese periodo la administración dio a luz el mayor escándalo en las relaciones de los criminales con las instituciones de seguridad.

También se le recuerda por haberse dado a la fuga de las filas policiacas cuando más se le necesitaba para conducir la lucha contra los criminales y se retiró para refugiarse como funcionario áulico del gobierno del estado en el periodo de Mario López Valdez  quien le dio cobijo y protección al grado de convertirlo en diputado. Como legislador se distinguió por su sombría travesía.

José Menchaca López tampoco es un hombre de resultados legislativos, pero  atracó en el Congreso para apalancar sus negocios particulares y colectivos ciudadanos lo colocaron en la lista de beneficiarios del anterior sexenio. Su priismo todavía esta aprueba.

Gloria Gonzales Burboa es de las que no conoce el crimen político del municipio de Choix y el Fuerte, de donde en teoría es diputada local pero en la práctica no cuenta con simpatías ni está identificada con los electores. Trae acuestas la marca de su ineficiente paso por el Congreso del Estado.

Ana Cecilia Moreno es el espejo del fracaso. Es una especie de antípoda del Rey Midas ya que todo lo que toca lo convierte en heces fecales  y mantiene una crispada relación con el campesinado sinaloense al que se supone debe defender pero en la práctica los exprime. Su paso por el Congreso ha sido obscuro.

Otros de los diputados que quieren ponerse el traje de torero y lanzarse al ruedo para lidiar en la competencia electoral del primero de julio de este año son  Fernanda Rivera, Irma Moreno, Feliciano Valle Sandoval, Guadalupe Iribe,  Andrés Félix y Víctor Godoy  que transitaron apagados por los entresijos del Congreso del Estado y creen que la gente está contenta con ellos pero la realidad es que los legisladores están moral y éticamente endeudados con los sinaloenses y en caso de aparecer en la urnas seguramente tendrán el viento en proa porque los votantes no simpatizan con el cinismo.

El colmo de los males es que estos ya pidieron licencia y quieren aparecer  en las boletas electorales.

Ya acabe.