¿Quién odiaba tanto a Javier Valdez como para desear su muerte?

Se cumplieron 8 meses del asesinato del escritor y periodista Javier Valdez Cárdenas, cofundador de Río Doce, y los comunicadores seguimos “patinando” en la demanda de justicia: que se profundice la investigación y que se dé y se detenga a los autores intelectuales y materiales del crimen.

Unos escribimos artículos y otros acudimos a marchas y plantones y unos más a caravanas de vehículos exigiendo a las autoridades que se revele cuando menos, con datos confiables, el curso que lleva la supuesta indagatoria en torno al homicidio.

En un acto de reflexión, reconozco que los comunicadores somos refractarios a que los investigadores tanto de la Fiscalía General del Estado como la Procuraduría General  la República, indaguen sobre los “entornos periodísticos”. En concreto: a las personas de los medios de comunicación que pudieran envidiar u odiar a Javier Valdez.

De aborrecerlo tanto como para “ponerlo” o colaborar para que se consumara el atentado criminal en su contra ¿Ya se abrió o no una línea de investigación en torno a esta posibilidad, quizá remota, quizá imbécil, tonta, pero posibilidad al fin?

La realidad es que la mayoría de las investigaciones de asesinatos de periodistas topa con esta barrera: la negativa de nosotros, los propios comunicadores, a aportar datos o a ser llamados a comparecer para fortalecer líneas de investigación.

Estamos ciertos y así lo ha demostrado el periodista y director de Río Doce, Ismael Bojórquez, y el personal del semanario, que ellos si han contribuido a que la PGR abra líneas de investigación y que se han fajado soportando la presión para que el silencio y no la protesta arrope el homicidio de Javier Valdez.

En Río Doce la  PGR ha encontrado el respaldo total para que la investigación se profundice y no quede ningún cabo suelto en la indagatoria.

Pero ¿se les escapará “algo” a los investigadores? Sí, alguna pieza que sirva para dar con otra pieza y otra más con las que se pueda armar todo el rompecabezas en que se ha convertido la pesquisa.

Para matar una persona de la talla de Javier Valdez a sabiendas de que la acción desencadenaría el escándalo y el repudio social, sin duda fue necesario toda una planeación, la ubicación, seguimiento del objetivo y “limpiar” las áreas de entrada y escape para la perpetración del asesinato.

En octubre  del 2016, Javier Valdez preciso:

“Estamos pisando suelo muy inseguro, pantanoso, de arenas movedizas, de muchos hilos, porque igual te tienes que cuidar del compañero de la redacción, porque las redacciones están infiltradas por el narco, igual del pistolero del capo que controla la ciudad o del jefe policiaco que no respeta la ley o está al servicio del narcotráfico y del servidor público que es hijo del narco, que está formado en este ambiente, en esta cultura del abuso, la impunidad, la corrupción, que juegue ese juego perverso, macabro, ilegal.

Tenemos en Sinaloa muchos años con los medios infiltrados. Yo recuerdo una nota de hace como unos cinco años, de un reportero local que escribió sobre un jefe policiaco corrupto. Al otro día que se publicó no salió firmada, pero al siguiente día, cuando el reportero salió a la calle, el jefe policiaco lo abordó y le dijo que él sabía que él la había escrito. ¿Quién le avisó? Pues alguien de la redacción, y por fortuna ese jefe policiaco no le pudo hacer nada, luego fue asesinado. Sin embargo, ahora ya no es un medio o un reportero que trabaja para los narcos y quiere repartir dinero o amenazas en la redacción, sino que dicta la línea editorial, o sea, el narco se metió a las redacciones, el narco manda, el narco dice si te van a publicar, si se va a publicar foto o no, si es portada o no.

Investigar entonces el entorno de trabajo, familiar, todo lo relacionado a Javier Valdez, es importante para llegar al esclarecimiento del asesinato, para elaborar o fortalecer las hipótesis lógicas. Esta tarea debe ser también sistemática, empezando por la teoría más plausible y explotando cada una a fondo.

Para matar a Javier Valdez es lógico, insistimos, que se planificó el asalto a su persona, que se sabía a qué hora salía y entraba a Río Doce y en que vehículo se movilizaba, y por donde iban a los asesinos a escapar después de perpetrado el crimen.

Aunque para algunos periodistas podría considerarse un insulto, una ofensa, creo para honrar la memoria de Javier Valdez, que sabía que “las redacciones están infiltradas por el narco”, es importante que la PGR investigue en el entorno periodístico de Río Doce.

Ya no al interior del semanario, no, sino de personajes externos que estuvieron de una forma u otra vinculados a Río Doce, que saben del teje y maneje, ahí, que pudieron haberse friccionado o haber odiado o envidiado a Javier Valdez como para prestarse de “enlace” o “informante” de los criminales. Indagar si existe o no algún personaje que lo odiara tanto como para desear que fuera asesinado.

¿Queremos o no los periodistas y la sociedad sinaloense que se esclarezca el asesinato? Claro que sí. Entonces ¡que ninguna línea de investigación se descarte!

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.