Primer corte

El 27 de noviembre pasado, se disiparon las dudas en el PRI sobre quién sería su candidato presidencial, como ya todos sabemos el afortunado resultó ser José Antonio Meade. Prácticamente hace mes y medio del hecho. Serían cuarenta y cinco días de operación de la famosa maquinaria priista, esa a la que el Financial Times le concede el don de la infalibilidad. Hagan de cuenta que fuera el Papa.

Marshall Mc Luhan sostenía que los medios de comunicación eran los depositarios del poder público y, según parece, algo tenía de razón para aplicar aquí en México en este momento.

La famosa maquinaria priista, aquella capaz de hacer votar a los muertos y que se suponía esta vez sería capaz de construir una percepción de triunfo, no arrancó bien pues si nos remitimos a los resultados obtenidos en esta primera etapa, y sin necesidad de estar en el war room de los Atlacomulco boys, resulta obvio que la narrativa construida en torno al candidato no es la deseable. Déjeme hacerle a usted una pregunta con respuestas múltiples, usted escoja la que más le guste:

Desde su nominación, hasta hoy, cual sería para usted la idea distintiva lograda para el candidato priista, en este momento

  1. Meade puede ganar
  2. Meade está creciendo en intención de voto
  3. Meade puede ser sustituido como candidato

Voy a suponer que usted escogió la “a” o la “b”, aun así, no me negará que la tercera opción es en el mejor de los casos una consecuencia indeseable de la estrategia o, para lucir más actualizados, del performance de la maquinaria.

¿Tan pronto empezó a cascabelear?

De hecho, por qué esperar algo distinto, si el equipo de campaña está conformado precisamente por quienes han dirigido la maquinaria durante todo lo que va del sexenio, un grupo al que no se le puede adjudicar un solo éxito en términos de comunicación política, en construcción de precepciones o en la arquitectura de narrativas.

La campaña, ni quien lo dude, tiene como jefe a Peña Nieto, cuyo primer fracaso lo tuvo en su intención de dejar como sucesor a Videgaray, después quiso hacerlo con Nuño y tampoco pudo y, ya por último, Osorio Chong representó el último estrellón del grupo compacto. Es decir, no pudieron lograr ni siquiera el consenso suficiente entre los de su propia casa, pero como castigo a esa incapacidad se auto premian auto encomendándose una tarea mayor.

Que alguien les informe sobre lo evidente: ellos al menos, ya perdieron. Y feo.

Jorge Aragón Campos

Jorge Aragón ha ejercido el periodismo radiófonico, televisivo y escrito. También ha publicado novelas, ensayos y artículos científicos. Sus columnas tocan temas que van desde lo político hasta lo cultural.