PRI Sinaloa, ambición fracturada

Al arribar al año político crucial, el PRI en Sinaloa paga las consecuencias de la incapacidad de sus liderazgos para construir un consenso firme que apoye al candidato presidencial.

Los distintos grupos locales en pugna por el poder tienen otra prioridad: están enfrentados por las mejores posiciones en la elección del 1 de julio para lanzarse con ventaja a la sucesión en el 2021. Para ellos, lo que pase a Meade es secundario.

Con dirigentes que son parte del problema por estar alineados en las facciones contendientes por las principales candidaturas, el Revolucionario Institucional no encuentra ruta segura hacia una difícil competencia por la presidencia de la república, los cargos en el Congreso de la Unión, las alcaldías y las diputaciones locales.

El jefe político del estado llama a la unidad, pero haciéndola dependiente de lo que decidan él mismo, en el PRI nacional y en Los Pinos, asegurándose la cuota de posiciones para su grupo, sin avanzar en la negociación con las fuerzas divididas por la ambición política que resta y debilita.

Hoy es más evidente que el más grave error del régimen de Quirino Ordaz ha sido atender la orden-recomendación de los Coppel de instalar a Carlos Gandarilla García como presidente del Comité Directivo Estatal, que por su inexperiencia funciona desde el principio de gestión como simple oficial de partes y mensajero, dependiente de la asesoría de un clan geriátrico avezado en la tortuosa manipulación.

Sin conocimiento de los personajes regionales y los intereses que los mueven, el improvisado dirigente no consigue recomponer en el PRI la unidad perdida desde 2010 y acentuada en el sexenio del cambio fallido, por la conveniencia del gobernante para contemporizar y compartir la rapiña con panistas y perredistas.

PARTIDO FRACTURADO Y DESNUCADO EN SINALOA

Muy distinto al diagnóstico que hacen los mandos en Ciudad de México y Culiacán de lo que acontece en el PRI estatal, lo evidente es que se trata de una organización fracturada, desnucada, por la diversidad de porciones en que está dividido a causa de los intereses que los separan.

En un recuento de esas partes encontramos las siguientes tendencias:

  • Las mujeres. El género no está cohesionado. Ni las comadres Diva Gastélum y Martha Tamayo hacen consenso porque ahora compiten por el control de la cuota, con Rosa Elena Millán como contrapeso y rival. Enfrente están “Las patas saladas” que lidera Irma Tirado Sandoval en otra vertiente femenil en contienda. Cada una tiene su corte de interesadas seguidoras que esperan mejores oportunidades que las demás. Las “dinosaurias” se han cuidado de que no surjan jóvenes con empaque político que las rebase, porque aspiran a ser vitalicias en el primer círculo del poder, apropiadas por la fuerza de la equidad que no respeta la capacidad o el talento como primer requisito.
  • Meadistas. Todos de nuevo cuño, encabezados por Mario Zamora Gastélum, Ramón Barajas y la clase política y empresarial que han arrastrado con el otorgamiento de créditos y la dote de promesas a futuro. Son pocos todavía, pero el apellido deslumbra y los apoya el gobernador Quirino Ordaz Coppel. A los mencionados caracteriza el sectarismo. Están confrontados con otros grupos políticos rivales del aguilarismo, sobre todo con los malovistas que fueron escollo en sus trayectorias políticas. Y esperan la hora del desquite definitivo con Meade al frente. Como sus adversarios, aspiran a imponer condiciones, no a negociar si algo deben conceder.
  • Aguilaristas. Vividores del pasado y del presente, operan cobrando una factura que consideran impagable por los servicios prestados al PRI en 2016. El ex gobernador Aguilar Padilla trata desde entonces de recuperar el protagonismo perdido con la derrota de Jesús Vizcarra Calderón. Asustan con zombis que pululan en la CNC y en los círculos dentro y alrededor de la Financiera Rural. Pero perdieron la influencia

y el apoyo del magnate de Sukarne, que se mueve en carril exclusivo porque ya no los necesita gracias a su vínculo directo con el señor que termina su hospedaje en Los Pinos el próximo 30 de noviembre.

  • Quirinistas. A pesar de la disciplina aparente del grupo en el poder, en su interior se mueven ambiciones que esperan traducir en más protagonismo en el 2021 y más allá. Funcionarios como Antonio Castañeda y Juan Habermann son cabezas visibles de otros tantos proyectos políticos, que influyen y ordenan en el PRI estatal. El segundo con absoluto control en el campo que le permite su cuñado, delegado de Sagarpa. Castañeda y Haberman no hacen equipo. Cada uno opera por su lado, coincidan o no con los planes de su jefe. Así dividen al gabinete sin que el mandatario pueda unificarlos. Si la casa está dividida, también lo está el perímetro que controla.
  • Coppel. Influyen de manera decisiva en el ejecutivo y en el legislativo. No aglutinan: dispersan. Es el coloso empresarial sinaloense que influyó en la designación del actual mandatario estatal e impuso al presidente del partido, quien les prestaba servicios intrascendentes como gestor de favores oficiales para extender la cadena de tiendas. La firma quiere más del PRI y del gobierno para vender a precio alto el “servicio” de ayudarle -dice- a vencer la fuerte oposición política, sin visualizar que el principal escollo es el enojo ciudadano contra el sistema, para el que no hay cura al alcance de su mano.
  • Malovistas. Los priistas que se aliaron con PAN, PRD, PT y lo que hoy es MC, han sido los más activos rastreadores de caminos hacia las grandes postulaciones en juego. La deserción de hace ocho años, afirman, la pagaron con creces apoyando las candidaturas priistas en 2013, 2015 y 2016. En ello basan sus demandas, que incluyen espacios para Gerardo Vargas Landeros y casi todos sus actuales diputados locales priistas, principalmente Fernanda Rivera y Marco Antonio Osuna. Tienen dos problemas: que el PRI no comparte su visión política y el marcado rechazo de la sociedad sinaloense a todo lo que se vincula con el régimen de Mario López Valdez, quien ha tocado puertas en otros partidos, también sin encontrar algo satisfactorio para sus pretensiones.
  • Ex gobernadores Juan Millán y FLO. El de ellos es movimiento en otra frecuencia distinta a la de Jesús Aguilar, con el que llegan hasta la rivalidad. Al aún líder obrero se le acabaron los activos políticos. Le queda sólo la capacidad de manipulación. Carece de cuadros propios de jerarquía. Lo que tiene en el Congreso local es irrelevante. Sólo defienden el linaje, a través de los juniors que han probado sin merecer el ejercicio de altos cargos de gobierno, algunos francamente con malos resultados y dejando rastros visibles de corrupción. Pero los dos ex, factores de desunión en el pasado, aún son factores de presión dentro del PRI.
  • Restos del Pecuni. En franco ocaso, lo que queda de la pequeña legión de David López Gutiérrez trata de ganar posiciones con la bandera del peñanietismo que está deshilachándose. Heriberto Galindo y Liliana Cárdenas, además del diputado José Menchaca, tratan de influir lo suficiente para ganar candidaturas de alto nivel, en el Congreso de la Unión los dos primeros mientras que el último quiere la presidencia municipal de Guasave, asegurando que ya la tiene “en la bolsa”.
  • Piezas sueltas por caciques. Además de los grupos identificados en el tricolor, operan piezas sueltas, que, a pesar de su procedencia gremial o afinidad política, ahora se mueven en vías personales por haberse convertido en caciques que no aceptan líneas ni compromisos por arriba de ellos. Son los casos de Aarón Irizar López y Daniel Amador Gaxiola. El primero, debe su génesis político a la facción labastidista y luego en operación de rescate, hasta financiero, de su compadre y promotor Jesús Vizcarra. Finalizó la primera etapa luego de su fracaso al buscar la presidencia municipal de Culiacán en 1995. Resurgió con los recursos y el espaldarazo del ex candidato fracasado en su intento de ser gobernador del estado hace ocho años. Vizcarra, con un plan propio, dependiente del “dedazo”, rompió el nexo por la traición de Aarón, quien se considera demasiado “grande” para aceptar consenso con otro grupo. Daniel Amador armó su propia estructura dentro del sindicato magisterial, ENCIMA, para ser cabeza de ratón y no cola de león, el SNTE nacional. Así pretendió ser tomado en cuenta para la sucesión de Malova, a quien solapó el saqueo del ISSSTESIN y de pensiones, con el único fin de sostener el apoyo del ejecutivo para sus propias ambiciones.
  • Maestros. El corporativo del sindicato de la educación se mueve en alianza con el cacique Amador, pero en convenenciera separación de rutas con el fin de no afectar sus campos de pesca política. En este proceso electoral, el PANAL opera como aliado del PRI, dispuesto a reclamar posiciones en el reparto de las candidaturas que, por supuesto, corresponderán a los incondicionales de los líderes, luego de que los jefes de la mafia magisterial, que ya están incrustados en cargos de representación popular, llenen sus nuevos apetitos, impulsados por el pacto secreto cupular que tiene en libertad a su jefa y dirigente vitalicia, Elba Esther Gordillo, quien tiene otros planes muy distintos a los jerarcas sinaloenses, más cerca de Andrés Manuel López Obrador.

Son muchas tribus y todas practican el canibalismo que no deja restos ni para una prueba de ADN.