Para dar risa “perfil de izquierda” del aguilarista Rubén Rocha Moya

 

En la transición 1986-1988, Andrés Manuel López Obrador renunció al PRI. Cuando a lomo de los 90 asumió la presidencia estatal del PRD en Tabasco, su visibilidad lo mantuvo desde entonces en el ojo del huracán, con resonancias a escala nacional.

En Tabasco, sus paisanos lo nombran El hombre de Macuspana. En la tipología política se le encuadra como “hombre de izquierda”. Desde esta ala, fue factor que incidió en la defenestración del gobernador tabasqueño Salvador Neme Castillo y puso en la picota a Roberto Madrazo Pintado, que llegó a la gubernatura acompañando la candidatura presidencial de Ernesto Zedillo.

En 2006, ambos paisanos -López Obrador y Madrazo- figuraron en las boletas para la sucesión presidencial. Madrazo quedó en tercer lugar de la votación nacional.

La actuación de  El Peje como líder social, como dirigente partidista y gobernante hace honor a esa clasificación. Será por esto que, desde su primera aparición como candidato presidencial en 2006, se le señaló como Peligro para México.

Desde esa perspectiva, el juicio sobre López Obrador y la conducción del partido del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) lo sitúa en el centro de las filias y las fobias.

Si López Obrador es el protagonista, lo que interesa para efectos de estos comentarios, es el enfoque sobre Morena y su composición y expectativas reales en Sinaloa. Y una figura que se le pegó: Rubén Rocha Moya, amamantado durante los últimos 13 años por los gobiernos del PRI.

Bien. Un dato de contexto histórico, son los criterios del tabasqueño para el reclutamiento a las formaciones que ha dirigido, para el caso el PRD y ahora Morena.

Cuando en 1996 se alzó con la dirigencia nacional del partido del Sol Azteca, AMLO  tuvo como contendiente a Heberto Castillo Martínez, que procedía originalmente del Movimiento Nacional de Liberación Nacional y del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT). Heberto, ex preso político y ex precandidato presidencial, no litigó los resultados de la elección.

Para aquel año, se incorporó a la militancia del PRD, el tabasqueño Enrique González Pedrero. Académico, fue director de la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la UNAM. Cuadro priista, fue secretario general del CEN del PRI, del que fue también director del Centro de Estudios Políticos Económicos y Sociales.

González Pedrero alternó la gubernatura de Tabasco, nominado por el PRI, con su condición de intelectual que le llevó a la dirección general del Fondo de Cultura Económica. Diplomático, fue embajador de México en España. Sólo un botón de muestra, nada más pero nada menos.

Por adhesión o invitación, en ambos casos voluntaria, González Pedrero encarna la calidad de una izquierda que algún tiempo fue marca de la casa del Partido de la Revolución Democrática, al que ahora simplemente se le reconoce como amarillo.

“Izquierda”, vista desde la perspectiva histórica, sirve de etiqueta y máscara para impostores, farsantes y oportunistas. Por el origen “exquisito” de algunos trepadores, se les identificas como “snobs”. La traducción dice: Sin nobleza.

En contraposición a figuras tan consecuentes como la de González Pedrero, enfrentamos el perfil de una “conquista” de Morena en Sinaloa: Rubén Rocha Moya.

Los perfiles de ocasión -haciendo abstracción de prendas académicas “e intelectuales” de las que blasona Rocha Moya (sin agotar el directorio)-: Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas, Partido Socialista Unificado de México, Movimiento Popular Sinaloense, Partido de la Revolución Democrática, Partido Verde Ecologista de México, Partido del Trabajo, y el accesorio de los últimos años: Partido Revolucionario Institucional (al servicio de  Juan Millán Lizárraga, Jesús Aguilar Padilla y Quirino Ordaz Coppel.)

Por tanto atajo, Rubén Rocha Moya ha arribado a la flamante estación de Morena sinaloense. Llegó desempacadito del gobierno estatal del PRI ¿Cuál será la siguiente?

Disimular, a decir de nuestra Madre Academia, significa: Esconder, ocultar, fingir, enmascarar, encubrir, callar, actuar con falsedad… Las personas que de tal manera actúan, ¿son confiables?

Es probable que Rubén Rocha Moya haya pintado subconscientemente su propio autorretrato en una obra que puso en circulación en 2014: El Disimulo.

El texto tiene formato y confección de novela. Cuando alguien que no suele cultivar ese genero literario se refugia en él, se sospecha que no quiere asumir las consecuencias, de lo que se colige que la valentía no es uno sus atributos. Rocha Moya quiso narrar en ese texto engañoso los asuntos del narcotráfico sinaloense.

De “la izquierda” sigue siendo el eje de estos comentarios: En los años treinta en Sinaloa se tuvo una fecunda siembra de comunistas. Algunos de ellos, hasta su muerte, fueron fieles a su espejo ideológico. Lo hicieron, varios, ejerciendo el magisterio en la UNAM y otras universidades estatales.

De los supervivientes que permanecieron aquí, algunos estuvieron cerca del gobernador Leopoldo Sánchez Celis. ¿Un baldón? Sería, si no fuera porque Sánchez Celis se jugó la audacia de expropiar el basto latifundio de la familia Redo-Sánchez Navarro para repartirlo entre campesinos sinaloenses con derechos a salvo.

Uno de los miembros de la familia Sánchez Navarro, Juan, fue fundador del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), que ahora preside Juan Pablo Castañón, impulsor de la fascista  Fuerza México, surgida después de los terremotos para incidir en la sucesión presidencial.

Sánchez Celis le mojó la pólvora a un miembro de la oligarquía rural sinaloense que pretendió ser diputado federal por el PRI. Se la cedió a Joaquín Salgado, militante del Partido Popular Socialista.

De Sánchez Celis hablamos: Sus asesores de izquierda lo convencieron de dotar de autonomía a la Universidad de Sinaloa.

De izquierda sinaloense fueron activos que se la jugaron con Jacinto López, que reivindicó para los ejidatarios el latifundio de Cananea y fue gestor de reparto de tierras en nuestro estado; que sufrieron prisión, como Gilberto Rojo, con Demetrio Vallejo. Los que defendieron hasta sus últimos días la supervivencia del Partido Comunista Mexicano, como el profesor Jesús Lazcano Ochoa.

De izquierda, mas que les pese, el general Gabriel Leyva Velázquez, que le dio a la cultura sinaloense anchos carriles y frescas alamedas.

De izquierda (sin jefe de asesores “académicos”) fue Alfonso Genaro Calderón,  que no perdió el rumbo desde su militancia al lado de Vicente Lombardo Toledano cuando éste fundó elPartido Popular; lo que no le impidió, a Calderón, el retorno a la Confederación de Trabajadores de México -obra de Lázaro Cárdenas- y su inserción en el PRI, que lo hizo gobernador e impulsor en su mandato, además, de jóvenes entonces como Juan Millán Lizárraga.

Rubén Rocha Moya, ¿hombre de izquierda? Que se lo crea Andrés Manuel López Obrador, porque si se trata de morenistas sinaloenses, conocen bien el paño, que más bien parece lija. Su padrino de antes y después el priista Jesús Aguilar Padilla y su patrón por elección el tricolor Quirino Ordaz Coppel se han de estar revolcando de la risa por la adquisición de López Obrador.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.