Balance de Peña Nieto

Al destapar a José Antonio Meade como candidato del PRI a la Presidencia, Peña Nieto empezó a desprenderse del poder y seguirá haciéndolo cada día que pase. Al ser elegido el sucesor el 1ro. de julio iniciará la entrega-recepción y la operación cicatriz para tratar de acercarse a quienes haya afectado, y el 1º de diciembre entregará el cargo.

El pueblo desaprobó sus primeros 5 años con un 75%, más bajo que a cualquiera de sus antecesores, pues pronto se esfumó el bono favorable de las reformas estructurales del Pacto por México, en el que sentó a los principales partidos de oposición, lo que se veía imposible, como las reformas, que se habían postergado indebidamente.

El segundo año aparecieron grietas en su gobierno: un recorte presupuestal, tras la cacareada reforma hacendaria, que hundieron la economía, y el asesinato de los 43 de Ayotzinapa, no consumado por el gobierno, pero sí imputado porque Gobernación tardó mucho en reaccionar, y salieron de sobra los millones de dólares que pagó a los  vivales investigadores de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Tras Ayotzinapa vino el escándalo de la Casa Blanca y la casa de Videgaray en Amealco, que detonó la corrupción del sexenio y erróneamente se quiso mitigar con un dictamen de Virgilio Andrade, ungido secretario de la Función Pública, que resultó un simple acto de un cortesano, por decir lo menos.

Vinieron recortes anuales al presupuesto aprobado por el Congreso de la Unión, sin que se informara a dónde iban a parar sus caudales, y los mexicanos empobrecían más.

En la debacle comicial de julio del 85, el PRI perdió 5 de los principales estados; a 3 de cuyos gobernadores se permitió huir al extranjero sin entregar el cargo, y la corrupción e impunidad aparecían por doquier en un gobierno de impreparados e ineptos.

Peña quiso nombrar fiscal general por 9 años al procurador general, Raúl Cervantes para que le otorgara impunidad transexenal. Como el presidente del PAN, Ricardo Anaya se lo impidió, lanzó intensa guerra mediática y política para impedirle fuera el candidato presidencial del Frente Ciudadano.

Anaya será el abanderado de la Coalición Por México al Frente y es de esperar que Peña no descansará en hacerlo perder, aunque triunfe López Obrador, con quien llegaría a otro de sus acuerdos, pues hablan el mismo lenguaje de corruptos impunes.

La traída de Trump en plena campaña electoral de EU, y el trato de jefe de Estado que se le dio en Los Pinos, quemó la aspiración presidencial de Videgaray, quien hubo de dejar la secretaría de Hacienda. Reapareció en Relaciones Exteriores, donde se dedica a servir al vecino desquiciado, que no ceja de atacar a México y a los paisanos en su país.

Y todavía chantajea: ofrece amnistiar a los dreames, si los demócratas le aprueban el presupuesto para el muro entre EU-México.

Peña intentó tapar sus errores con inventar logros; se autollamó presidente del empleo con igualar los empleos temporales creados con los permanentes; mientras crecen la pobreza y miseria de grandes sectores y aumenta la criminalidad sin precedentes.

Así salga Renato Sales, comisionado de Seguridad Publica de Gobernación, con que es distinta la violencia de hoy a la del inicio del sexenio. Somos campeones en homicidios dolosos y feminicidios, se asesinó a 17 periodistas, 9 alcaldes, 7 diputados, 4 misioneros extranjeros y tan sólo en este año el crimen organizado dejó más de 8 mil víctimas sólo en Tamaulipas.

O sea, no hay ni para donde hacerse.

Peña no quiso correr riesgo de perder más comicios; en 2017 consumó elecciones de Estado en el Edomex y en Coahuila: impuso contra viento y marea a los priistas Alfredo del Mazo III, su primo, y a Miguel Riquelme, caballerango de la familia corrupta de los Moreira

Para colmo: nombró al exgobernador Rubén Moreira, principal responsable del fraude electoral de Coahuila, secretario de Acción Electoral del CEN del PRI; eso hace prever que intentará repetir la hazaña en 2018.

El PRI llega a la gran elección sexenal en la lona, por eso escogió de candidato a uno no militante, pues si hubiera sido Osorio Chong, el más priista de los 4 suspirantes, le habría ido como a Ángel Aguirre Rivero, a quien vapulearon los deudos de Ayotizinapa en el primer mitin de precampaña para diputado federal y no lo dejarán llegar, pues a ambos los culpan del asesinato de los 43 normalistas.

Meade inició su precampaña con las encuestas en contra, y tendrá que hacer milagros para triunfar, pues sus oponentes Ricardo Anaya, de la Coalición por México al Frente (PAN, PRD, MC) y López Obrador, de la Coalición Hagamos Historia (Morena, PT, PES) son huesos muy duros de roer y el Peje hasta presume que ésta tercera campaña suya será la vencida.