2018: Cuén, senador de la República

El Partido Sinaloense es la formación política regional de más éxito en México. No hay en el país un partido político estatal con mayor organización y estructura que el partido que preside el maestro Héctor Melesio Cuén.

Sin embargo, un pequeño coro que integraba o se autonombraba la casta divina universitaria intenta descalificar el avance y los innegables triunfos del PAS y para tal faena han fomentado una narrativa donde los corifeos reciclan periódicamente las mismas mentiras y sandeces.

Idioteces que ese grupúsculo de ex universitarios prófugos de la izquierda y hoy habitantes de la nueva burguesía sinaloense ha litigado por años en los tribunales jurídicos, políticos  y mediáticos sin ningún éxito.

No han ganado nunca un expediente, porque simplemente, ni la razón jurídica, ni la política y mucho menos la social les ha asistido. Y por supuesto por la mediocridad cultural intelectual, porque no basta tener la razón para que te la den, es necesario saber argumentar para obtenerla.

El ruido y la furia es la música atonal de quienes ostentan la pesada carga de autonombrarse analistas políticos. Investigadores de pacotilla, amanuenses y locutoras del millanismo corruptor en la radio domesticada, forzados periodistas políticos que del plagio y la explotación del alumnado han forjado una falsa carrera académica, son los que reclaman neciamente a otros de los vicios propios.

Ante la adscripción política y jurídica del Partido Sinaloense al frente político que encabezaran junto con el PAN, PRD, y MC, la fórmula al Senado de la República en la persona de Cuén, las plañideras, las calumnias y berrinches mediáticos han sido la constante en el diarismo sinaloense de quienes hacen del periodismo político por comisión o instrucción su modus vivendi.

Recordemos que en la otra esquina está Manuel Clouthier candidato independiente al Senado y dueño del periódico donde la mayoría de ellos escribe, así que no se necesita ser un oráculo para adivinar la conjura mediática de los cofrades.

Así, vemos un día si y el otro también, lanzar invectivas de Arturo Santamaría (amanuense de Millán, Clouthier dixit) de la siempre neurótica Tere Guerra ( hoy molesta con AMLO por que no la tomaron en cuenta para ninguna posición política) y no se diga de ese tronco intelectualoide de apellido Hernández Norzagaray, cuyas penosas columnas cojean no solo de objetividad ( lo más grave) si no de elemental forma periodística y literaria.

Sin faltar el investigador de playera “el doctor” ( así con minúscula) Guillermo Ibarra, celebérrimo plagiario intelectual de tesis ajenas y en beneficio propio.  Ante las denuncias sobre plagio intelectual y abuso de poder de Ibarra en contra de más de una de sus pupilas, el ex Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UAS ha hecho un conveniente mutis, acaso por saberse parado en arenas movedizas en donde lo prudente es no hacer ningún movimiento aclaratorio, a riesgo que el lodo le llegue hasta el cuello.

Recientemente Ibarra produjo un artículo para un sitio en la red, con cabezal: Héctor M. Cuén, cuyo contenido pinta al autor de cuerpo entero como un individuo de pluma esquizofrénica y contradictoria pero también donde desnuda su verdadero “yo académico”, habida cuenta su falta de cultura general.

Vayamos por partes:

Así escribió Ibarra: “Su rectorado  (de Cuén) tuvo méritos notables en la mejora académica, administrativa e infraestructura física, un avance en la internacionalización de la UAS. Lamentablemente hubo un retroceso político (?) y al salir pudo construir un maximato que ha revertido muchos de los saldos positivos que logró”.

Detengámonos un párrafo en lo que escribió Ibarra: ¿Cómo abominar un rectorado cuando el mismo reconoce que en su periodo como Rector Cuén tuvo un crecimiento notable en la mejora académica, administrativa e infraestructura física? ¿No son la academia, el orden administrativo y los activos físicos de una Universidad tres de los activos, 2 intangibles y uno tangible de primerísima necesidad y capital importancia en una institución universitaria?

¿Cómo un individuo que presume un doctorado, como lo es Ibarra,  puede privilegiar la política sobre la parte esencial del quehacer de la UAS?  ¿Fue o no la política populista/arrabalera la que sumió a la UAS en un estercolero académico, físico y administrativo hasta que la sociedad decidió dar un vuelco de 360 grados  y extirpar el vergonzoso y corrupto asambleísmo electoral que duro casi 30 años con el consecuente deterioro en la construcción de capital humano sinaloense?

¿A qué demonios se refiere Ibarra con que Cuén falló en materia “política”? ¿Acaso se refiere a que ya no llegarán nunca a la rectoría rectores calzando huaraches de tres puntadas como cuando fue Rector Arturo Campos Román y su corte de mafufos? ¿O El ex rector vendido al malovismo Gomer Monarrez de infaltable camiseta hawaiana como las que luce el “Doctor Ibarra”? ¿Qué es lo que quiere decir Ibarra y no se atreve? ¿Está o no ardido porque se ha cerrado la puerta de entrada a individuos de baja presencia cultural, académica y política? Parece que Ibarra no ha entendido, que aquí y solo aquí, el hábito si hace al monje.

En otro apartado de su opúsculo difamatorio se refiere con inexcusable ignorancia o perversidad infamante, que en 2010 un grupo de “académicos” ( el grupúsculo de siempre, algunos ya fuera de la universidad) ” interpusieron una denuncia penal en contra de Cuén por el delito de enriquecimiento inexplicable durante su gestión como funcionario universitario, contando con la abierta protección de Aguilar Padilla y Malova, la Procuraduría del Estado de Sinaloa se desistió de la acción penal, por lo que esos presuntos ilícitos no llegaron a ser juzgados ….”. Hasta aquí la cita.

Lo expresado por Ibarra es una aberración jurídica: La Procuraduría o el Ministerio Público en su caso, no se desistieron de la denuncia penal, decir eso es pronunciar una estupidez con el perverso ánimo de confundir al público. El ministerio público, no se desiste, declara la procedencia del ejercicio de la acción penal o su improcedencia.

Y esto último fue lo que aconteció y para todo efecto jurídico Cuén es inocente de todos y cada uno de los delitos formulados: para ser inocente de algún delito no es necesario que el caso llegue hasta un juez, porque en el antiguo sistema el ministerio público en la averiguación previa podía decretar el no ejercicio de la acción penal e incluso la contraparte podía interponer recursos ante la negativa del MP, pudiendo ir hasta el amparo, lo que nunca aconteció por que la denuncia la presentaron solo con el ánimo de desprestigiar.

Basten estas reflexiones para desnudar las bajas intenciones del libelo de Ibarra, cuyo descuido en redacción y fondo da cuenta de la baja calidad cultural e intelectual del ostentoso  “investigador” siempre acostumbrado la copia y pega ajeno ¿Si el rigor periodístico no se le da a Ibarra, porque se le va dar el rigor académico cuando quien califica sus propias investigaciones es su esposa?

Furiosos y ruidosos como no tienen razones se decantan por las descalificaciones; pésimos litigantes en los tribunales de ley, (por no tener razones jurídicas) se desviven produciendo basura periodística inorgánica, solo para el regodeo de sus propios egos y para engordarle el caldo al patrón de nombre Manuel Clouthier Carrillo.

Contra todo ruido y furia, Cuén llegará al Senado de forma indefectible, ya como mayoría o como primera minoría, y con ello se tendrá un gestor informado de primera mano de las necesidades fundamentales de Universidad pública mexicana y esa es una buena noticia que en la “República del Resentimiento” no ha caído nada bien. El éxito en esa odiosa patria, es imperdonable.