Yunes: nepotismo y crímenes a periodistas

En una entidad castigada por los secuestros, el repunte de las ejecuciones, la persecución a los periodistas y el enfrentamiento entre las bandas del crimen organizado, el gobernador Miguel Angel Yunes Linares que prometió “pacificar” Veracruz sólo tiene un objetivo: dejar en el Ejecutivo estatal a su hijo Miguel Angel Yunes Márquez, actual alcalde de Boca del Río.

Este sábado 24, Yunes Márquez, de 41 años, se registró como precandidato del PAN a la gubernatura para el periodo 2018 a 2024. De ganar, la dinastía de los Yunes gobernará por ocho años y los que se acumulen porque su otro hermano también aspira a a realizar carrera política.

Lo peor es que del lado del PRI también están los primos Yunes como posibles aspirantes a candidatos a gobernador: podrían ser Héctor Yunes o José Yunes. Si ninguno queda como aspirante, está el hijo del ex gobernador Miguel Alemán Velasco, Miguel Alemán Magnani, dueño de la empresa Interjet.

La dinastía de los Yunes se prolongará si vencen al candidato de Morena, Cuitláhuac Gutiérrez García, actual diputado federal, quien dio la sorpresa en los comicios del 2016 al quedarse como aspirante competitivo.

Del lado del PRD y del Panal, lo más seguro es que se sumen a la coalición de los Yunes.

La dinastía se prolongará en medio de un repunte de la violencia generada por los enfrentamientos entre Los Zetas y el Cártel Jalisco Nueva Generación –que dominaron durante los gobiernos de Fidel Herrera y Javier Duarte (2004-2016)-, además de las células de los Antrax, el Cartel de Sinaloa, el Grupo Sombra y hasta redes de los huachicoleros.

En menos de dos años de gobierno, la administración de Yunes Linares sumó a los 19 periodistas asesinados durante el periodo de Javier Duarte, los crímenes de Ricardo Monlui, Cándido Ríos Vázquez y Gumaro Pérez Aguinaldo, ejecutado hace unos días y señalado por la Fiscalía General del Estado como presunto “colaborador” de los Zetas.

Yunes Linares ya ni siquiera se preocupa por investigar los crímenes a periodistas: basta una tarjeta filtrada por la Fiscalía para que las víctimas se conviertan en presuntos cómplices del narcotráfico para que se les dé “carpetazo” y no se investigue.