Primero atacar y después buscar acomodo en la nómina de gobierno

El profundo y enfangado lecho en el que se inicia la sucesión presidencial de 2018, es el de la corrupción. El reparto de billetes. No es una casa de jabonero. Es la putrefacción del sistema. Frente a esa peste que corroe la buena política y la nación, surgen por aquí y por allá comunicadores que se sienten con autoridad para tirar la primera piedra.

No es gratuito que en las lecturas que se le da a El Debate, a Noroeste y a Proyecto 3 y otros medios, incluidos los portales electrónicos o digitales, el lector, en busca de miasmas, intenta agarrar in fraganti a los periodistas, analistas o articulistas.

En una célebre carta que desde Londres dirigió Manuel Gómez Morín en ocasión del asesinato del general sinaloense Francisco Serrano en octubre de 1927 -en campaña presidencial, como después le ocurrió a Luis Donaldo Colosio-, hizo un retrato escrito de la situación de aquel México:

Gómez Morín vio su entrañable Patria en estos términos: Una pobre humanidad ensangrentada y viviendo en el lodo: No hay política, sino escatología. Un México chapoteando en la corrupción, en la ignorancia y en las pasiones.

Doce años después, Gómez Morín fundó el Partido Acción Nacional (PAN). Su objetivo central fue regenerar la política. Desde este enfoque, se puede decir que el proyecto partidista azul surgió como una cruzada moral.

En efecto, algunos radicales militantes del PAN llegaron a formar incluso feroces legiones de la moral. Pero llegó el PAN al poder presidencial en 2000 y, con Vicente Fox y Felipe Calderón, el PAN cayó. Se hundió.

Ahora mismo, el jefe nacional del PAN y aspirante presidencial, Ricardo Anaya Cortés, toma de nuevo las banderas contra la corrupción.

Vemos a algunos colegas, comunicadores, que, precisamente en temporada electorera, como la actual, se disfrazan de cruzados o adalides contra la corrupción que, dicho sea de paso, ofrece material de sobra.

Esos periodistas renacidos sostienen sus denuncias cuando arrancan las campañas electorales: Entonces encuentran expedientes de los rebeldes o no alineados y arrojan piedras a todos los tejados. Para esos acusadores, no hay honra defendible.

Se da el paso a las urnas: Los índices de fuego acusan prácticas de mapachismo y las acreditan paso por paso. Pero los insospechables árbitros electorales emiten los resultados y proclaman a los vencedores.

Entonces, como por arte de magia, los candidatos triunfantes cruzan los arcos del “castillo de la pureza”. Ya no son los corruptos de campaña, no son aquellos que discurseaban mentiras. Ganaron y “merecen” mejor trato.

Cuando se inicia la “operación cicatriz”, esos periodistas, sobre todo aquellos que tienen espacios de opinión, empiezan a tocar las puertas de los despachos de quienes van a asumir los cargos de gobierno para ofrecerles sus servicios.

No todos logran sus fines: Tenemos casos en que, aun algunos renegados de campaña, acaban exterminados por quienes ahora tienen el poder y lo ejercen de manera implacable.

Los que no corren esa fatal suerte, siguen merodeando las antesalas del gobernador y los nuevos administradores; del Congreso del estado y, de menos, los presidentes municipales.

Hay que decirlo con todas las palabras: Los que llegan a cobrar la recompensa, se conforman con migajas, pues a final de cuentas, son subalternos de alguna casa editorial.

Son los empresarios dueños de esos medios los que se quedan con la parte del león. Sin ocultar sus filiaciones partidistas -que les retribuyen posiciones electorales- sin embargo, a fuerza de chantajes, acaparan las concesiones, los contratos públicos de obras, servicios, especialmente los de publicidad gubernamental, y hasta son exentados de créditos fiscales insolutos.

Ambas categorías –hombres de negocios y sus empleados– abren el closet y guardan los esqueletos. Hasta que a los gobernantes en turno se les empieza a acabar el agua del bule y viene la siguiente campaña electoral, las putrefactas osamentas son puestas de nuevo en circulación.

Desde que Manuel Gómez Morín escribió aquellas memorables palabras consignadas párrafos antes, las cosas no cambian: La política mexicana no es movida por nobles afanes humanos. Se mueve en un pantano de corrupción, de ignorancia y bajas pasiones.

He dicho….

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.