¿Narcocracia o Narcoestado?

¿Cuál es el principal déficit que carga la amotinada “clase” política mexicana?: La crisis de credibilidad. La suspicacia de la raza tiene un territorio: Las banquetas parlantes. O sea, las entrevistas banqueteras.

Los que andan a la carrera (algunos francamente ni están en la carrera) rumbo a Los Pinos, pretenden tirarle a todo lo que se mueve. Aunque el tiro les sale la mayor parte de las veces por la culata.

Los jefes de prensa exponen a sus contratantes a tumultuarias entrevistas banqueteras y éstos, en pos de candidaturas, se apropian de la vieja franquicia de todólogos. Son sabios en todos los temas. Cargan sus agendas de inopinados rollos.

No hay tema doméstico, de la hora anterior y hasta de política internacional sobre los que esos personajes no quieran emitir no sólo su opinión; sino juicios de valor. El ridículo no está entre sus preocupaciones.

¿Qué dijo anoche Anaya? ¿Qué escupió Ochoa Reza? ¿La última inocentada de Meade? ¿Y la angustiada voz de Margarita? Síguele los pasos López Obrador.

Y el tabasqueño pone la bola franca: Hay que batearla. “Se comprometió a dar amnistía al crimen organizado”. ¿Así lo dijo? Algunos escucharon que para restablecer la paz, hay que considerar todas las opciones.

La carga de los búfalos tronantes saltó a galope: Ahí está el populista: Tírenle al negro.

Todos hablan de “crimen organizado”. Obviamente creen que todo se reduce al narcotráficoporque esto hace más fácil  acusa a criminales de “cuello percudido”. Estos no tienen defensa.

Del griterío, una voz subrayamos ahora, sólo para efectos de ilustración: La del aspirante a la candidatura presidencial del Frente Ciudadano por México, Miguel Ángel Mancera.

El todavía jefe de Gobierno de la Ciudad de México recorrió casi todo el sexenio anterior como titular de la Procuraduría General de Justicia del Gobierno del Distrito Federal. No es un encargo menor.

Si de crimen y de procuración de justicia se trata, se supone que Mancera sabe de lo que habla. Sin embargo, frente a una realidad como la catedral metropolitana, todo el actual sexenio se la ha pasado promoviendo una personal deseo: La Ciudad de México es el único territorio libre del crimen organizado. Rondan por ahí algunas bandas, pero las tememos detectadas y las hemos venido desmembrando. Y se queda tan campante.

Pero Mancera se soltó el pelo –bigote no tiene- respecto de las declaraciones de un día antes de López Obrador. Mancera replicó que plantear una amnistía a la delincuencia organizada, es aceptar prácticamente el Narcoestado.

Anda escaso de noticias el aspirante presidencial: El Narcoestado existe en

México desde hace al menos tres décadas. Su nervio vital funciona desde la Ciudad de México y tiene dos importantes metrópolis: Guadalajara Monterrey.

De acuerdo con un mapeo elaborado por Inteligencia militar de El Pentágono, 35 por ciento del territorio nacional está bajo control de grupos criminales que recorren toda la escala de crímenes de alto impacto: No sólo los relacionados con la droga.

¿Es una novedad que la Universidad de Texas revele ahora que durante los dos más recientes sexenios Coahuila ha estado bajo el gobierno de facto de Los Zetas? ¿Que Tamaulipas Veracruz viven un fenómeno similar?

Agencias de la ONU, el Departamento del Tesoro del gobierno de los Estados Unidos, la Agencia Antinarcóticos estadunidense (DEA) coinciden que el crimen organizado (trafico drogas, armas, personas, etcétera) genera a México un ingreso fluctuante en unos 60 mil millones de dólares al año.

Mancera y fauna de acompañamiento parecen ignorar que ese caudal de divisas pasa por los lavaderos del Banco de México en un proceso denomina técnicamente de esterilización o lavado para que no contamine, entre otros variables fundamentales de la macroeconomía, el índice de inflación.

Los dólares narcotizados, una vez blanqueados por el Banco de México (institución del Estado mexicano), pasan a formar el volumen de la reserva de divisas extranjeras.

Esas divisas tienen como objetivo respaldar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional. Por eso, cuando el valor del dólar sube, el Banco echa mano a las reservas formadas ahora principalmente por las remesas que envían  los trabajadores mexicanos desde los Estados Unidos y por los excedentes del tráfico de drogas, armas y personas. Suplen esos recursos los petrodólares, espejismo en extinción.

Por el sistema de banca y crédito y la Bolsa Mexicana de Valores (actividades reguladas por el Estado) cruzan ríos de billetes verdes. La intermediación más socorridas son las casas de cambio, algunas empresas con franquicia de “comercializadoras” y agencias de factoraje.

Al través de portentos de ingeniería financiera, el lavado de dinero impulsa principalmente sectores relacionados con la industria turística  (hospedaje y restaurantera), así como de la industria del deporte y la farándula.

Con dinero del crimen organizado se financian algunas de las campañas electorales para formar los poderes públicos ¿No son los poderes Ejecutivo y Legislativo soportes fundamentales del Estado mexicano?

Miguel Ángel Mancera, después de haber ocupado posiciones secundarias en el sistema de procuración de justicia del Distrito Federal fue titular del área. ¿Ni por curiosidad se asomó a las instancias ministeriales y tribunales de Justicia Militar donde las propias Fuerzas Armadas juzgan a elementos seducidos por los capos del crimen organizado?

Las Fuerzas Armadas mexicanas son salvaguarda de las instituciones. Obviamente las del Estado. Por eso se indignan por la corrupción de la autoridad civil.

En  la propia Procuraduría General de Justicia y tribunales federales, ¿no conoció Mancera expedientes relacionados con la vinculación de gobernadores y mandos de la administración pública federal con los más poderosos jefes del crimen organizado? Son gobernadores y burócratas federales, según nombramientos que sirven para que se les paguen sus emolumentos, servidores del Estado.

Si todo eso ignoran los que se desgarran las vestiduras y se dan baños de ceniza por la jalada de la amnistía, es obvio que ignoran también que desde hace al menos veinte años politólogos extranjeros tipifican al régimen mexicano como una Narcodemocracia (o Narcocracia) en el que los narcos quieren ser políticos y los políticos narcos.

No importa. Está en juego el botín del 18: Se da licencia a todos para que suelten la lengua sin pedirle permiso al cerebro. Es cuanto.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.