Meade vs AMLO: PRI vs PRI

“El priismo no es una corriente política, es una categoría cultural”: el autor

Es un lugar común sostener que los extremos se tocan, pero es una verdad de Perogrullo. El candidato de PRI a la Presidencia de la República y su virtual homólogo Andrés Manuel López Obrador representan las dos caras de una misma moneda. El priismo neoliberal de adscripción alemanista/salinista que encarna el ex Secretario de Hacienda y el priismo nacionalista /populista /echeverrista que representa el tabasqueño. Los dos son hijos de la misma matriz política. El PRI viejo y el nuevo PRI. No es necesario que Meade tenga militancia priista para que encarne los valores y el ideario económico político del partido de su padre, el priismo real no necesita carnet de presentación. Al final del día todos los partidos políticos en México  comparten la denominación de origen del priismo y de allí su descrédito de cara a la ciudadanía abierta. Se acusa al PRI de la institución del dedazo cuando ya es una práctica generalizada y que incluso en el caso de López Obrador se cumplen los extremos, con un autodedazo así mismo. La honestidad valiente que esgrime AMLO, según él,  lo vacuna contra el cinismo. Y Meade haciendo gala de un extraño eufemismo concluye que el PRI es dueño de una liturgia especial y heterodoxa para  llamar democrática a una imposición de su candidatura por parte del Presidente Peña Nieto a la usanza del turco Plutarco Elías Calles, no en vano aludido por el Canciller Videgaray en su inédito y controversial destape.

En la otra esquina del cuadrilátero el otrora joven maravilla Ricardo Anaya el golpista del PAN que quiso arrebatar la candidatura de un falso y desangelado Frente ciudadano al alimón con el alicaído PRD, que a tiempo reculó para salvar la cara y entregar la candidatura del PRD y el frente a Miguel Mancera el  “apartidista” Jefe de Gobierno de CDMX, que el lunes 4 de noviembre se dejó querer por los gobernadores perredistas Graco Ramírez, Silvano Aureoles y Arturo Núñez, que se pronunciaron por Mancera para que encabece el Frente. Lo que constituye un golpe en la línea de flotación a Anaya y la eventual desaparición del susodicho acuerdo político, lo que eventualmente avizora una competencia electoral dividida en quintos, lo que facilitaría o allanaría un eventual triunfo de Meade ante ese escenario político.

Meade y López Obrador son opciones políticas que se inscriben en la secesión que el PRI sufrió en 1988 con la creación del Frente Democrático Nacional y la abdicación de la militancia tricolor por parte de un grupo de notables: Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Rodolfo González Guevara, corriente democrática priista que fue aplastada por Miguel de la Madrid. Los que se fueron engrosaron las filas de la izquierda y los que se quedaron continuaron en la dinámica de un partido con más vocación de poder que voluntad de cambio. El poder por el poder mismo, no es exclusivo del priismo, es un vicio consustancial al ejercicio de la política, y los independientes no están ajenos al pecado original.  El PRI es una maquinaria política, y  no una  formación política con una clara definición ideológica. Meade un candidato sin militancia, que tiene una clara identificación con los objetivos del partido que hoy representa y López Obrador un empecinado priista de viejo cuño empeñado en un cambio radical del sistema político y económico, partiendo de un acertado diagnóstico, pero con una insuficiente estrategia realista para llevar a cabo tales transformaciones, sobre todo en el plano económico. Acertado en el diagnóstico e imposibilitado en la prescripción específica de las soluciones.

Los dos representan en los hechos a una parte de la oligarquía económica de México, en el establo de López Obrador concurren empresarios de la talla de Alfonso Romo y Ricardo Salinas Pliego, este último a través de Esteban Moctezuma Presidente de la Fundación Azteca y ex Secretario de Gobernación en tiempos de Ernesto Zedillo. El poderoso empresario y multimillonario Carlos Slim, juega en las dos pistas. Antiguo asociado de López Obrador cuando a la sazón el tabasqueño era jefe de gobierno de CDMX, Slim mantiene altos contactos con los gobiernos priistas a través de su yerno Alfredo Elías Ayub. Claudio X González, Presidente del Consejo de hombres de negocios de México, ha declarado que Meade es la opción política para dar continuidad a las reformas estructurales del Presidente Peña Nieto. Grupo Televisa y Milenio juegan ostensiblemente en la cancha de Meade, por eso la reforma a la publicidad oficial siempre se mantuvo en la congeladora. Los grandes medios de comunicación del mainstream jugarán a favor de Meade. Está en veremos la influencia real del mundo mediático digital. Esta será sin duda su prueba de ácido. Aquí veremos si los Milleniales en verdad cuentan, o si, su importancia real, es solo un cuento chino y si son capaces de migrar de un like, a un voto formal. El mundo del periodismo financiero se ha decantado sin rubor por la formula priista, incluso los grandes medios de comunicación internacionales como el Wall Street Journal ha señalado los riesgos económicos para el país de llegar a la Presidencia de la Republica el controversial Peje.

Priismo de derecha el de José Antonio Meade y un priismo de izquierda populista de López Obrador, mellizos del terror para la población que detesta a los partidos políticos.  La designación de Meade como candidato obedeció precisamente a que en apariencia Meade no está contaminado de los vicios de la clase política y  en ese sentido ajeno a la corrupción imputada al PRI por el imaginario popular, y por la realidad misma; y que además, podría empatizar con el votante conservador panista y los independientes o swichers que recelan del populismo de López Obrador. Sin embargo, no será nada fácil lograrlo, porque Meade, de una forma u otra ha estado en puestos financieros que han sido vectores de dinero a manos de corruptos, como lo señalará con puntualidad el intelectual  Jorge Castañeda, al sostener que Meade, debió de haberse enterado del mal manejo de 100 millones de dólares que a través de la Secretaria de Relaciones Exteriores se entregaron a Josefina Vázquez Mota a una fundación pro inmigrantes que nunca ha rendido cuentas claras o el fraude perfecto que el hoy prisionero Javier Duarte cometió con su pandilla con recursos provenientes de la Secretaria de Hacienda, en la construcción de viviendas fantasmas , por mencionar algunos expedientes que sin duda escalaran a medida que fluya la campaña electoral.

Por otro lado , en cuanto las formas políticas,  la designación de Meade a través de una convención de delegados, si bien es cierto, dócil y sumisa a los dictados de Peña Nieto, palidece ante el brutal auto dedazo que se propino el llamado Mesías Tropical, tal y como lo ha señalado el siempre irreverente Gerardo Fernández Noroña quien ha denunciado el carácter dictatorial de López Obrador y las patrañas asambleísticas de mano alzada en donde sin deliberación alguna se toman determinaciones de fondo obviándose las democráticas consultas a las bases o la también brutal imposición de Claudia Sheimbaum como candidata a Jefa de gobierno de CDMX aplastando con una encuesta de dudosa métrica y método  al delegado de la Cuauhtémoc Ricardo Monreal. En nota para la revista Proceso, Fernández Noroña, reclamó de López Obrador su tibieza para denunciar las enormes concentraciones económicas de los 35 megamillonarios, que dejan de pagar impuestos al fisco mexicano hasta por 100 mil millones de dólares al año. Es añeja también la fundada critica a López Obrador por haber ocultado la información financiera en la construcción de los segundos pisos en CDMX, habiendo enviado esa información encriptarse hasta por 20 años, en un expediente público y mediático nunca aclarado por el político de Macuspana.

Los problemas de López Obrador se agudizan ante un aparente exabrupto declarativo, cuando prometió que de llegar a la presidencia promovería el indulto de los grandes capos del narcotráfico en México, lo que concitó una andanada de golpes mediáticos por parte de sus contrapartes políticas y malquerientes empresariales, acusándolo, entre otras lindezas, de pretender edificar un narcoestado, esto dicho en las palabras de Miguel Mancera. A López Obrador, se le podrá acusar de todo, menos de estúpido. El Peje, más bien parece haber lanzado un guiño a ese gigantesco poder fáctico que es el crimen organizado, cuya intervención en las lides electorales, locales y federales está más que acreditado. Muchachos, déjenme llegar y luego hablamos, el enemigo en estas elecciones no soy yo, son mis enemigos políticos, pareciera ser el subliminal mensaje del avezado político tabasqueño.  AMLO sabe que ese poder fáctico, no solo lee los periódicos, si no que financia líneas editoriales y coadyuva en las campañas territoriales, promoviendo o inhibiendo el voto a punta de pistola.

La campaña de descalificaciones mutuas entre los dos contendientes que eventualmente disputarán codo a codo la Presidencia de la Republica ha dado inicio;  a pesar del fraccionamiento del voto en quintos, esta elección será un mano a mano, entre Meade y AMLO donde el voto útil será crucial en el resultado final. Son muchos los analistas políticos  que sostienen que López Obrador, ha iniciado mal los debates en la arena mediática al llamar ” señoritingo” a Meade, en clara analogía al “cállate chachalaca” que le endilgó a Fox en el 2006 y que le hizo bajar dramáticamente en las encuestas. Meade ha señalado con cierta tibieza que López Obrador representa el regreso a un pasado ominoso de irresponsabilidad y dispendio económico irracional. Sin embargo, Meade parece estar teniendo dificultades para conectar con un discurso que pueda convertirse en una alternativa para la gente disgustada con la enorme desigualdad  e inseguridad que priva en el país. En el tema de seguridad y la corrupción Meade no parece sentirse cómodo, de manera muy general está diciendo que su preocupación será la aplicación irrestricta de la ley y que en política social se enfocará en la economía familiar, sin mostrar las cartas correspondientes que hagan una diferencia con el discurso populista/ facilista de López Obrador y esto es así, por que eventualmente, ambas posiciones en sus extremos se tocan para esconder que el verdadero responsable es un sistema económico y político que vive al amparo de una oligarquía ( la legal y la del narco) que en el fondo es el verdadero lastre que tiene atado al país a la terrible desigualdad económica asumida esta como una ineluctable premisa y no como una consecuencia evitable, tal y como lo sostiene el economista Thomas Pikety en su libro Capital siglo XXI, de lectura obligada si queremos entender los violentos procesos de inequidad económica promovida por ese espantajo llamado neoliberalismo económico, tanto a nivel global, como en nuestro país.