Matrimonios de pañales

Se casan más los niños de 12 a 14 años que las personas del mismo sexo en Sinaloa

Se termina su niñez de forma abrupta y se violentan sus derechos humanos con intermediación de las autoridades

Se va su niñez tras una firma. Atrás quedó la inocencia.

Estos matrimonios están lejos de ser una celebración. Se rompen sus juegos. El acta lo oficializa: ahora deben cumplir con sus deberes conyugales y dejar atrás las muñecas y los balones.

Sin plena conciencia de sus obligaciones menores de 14 años consumaron su enlace marital en Sinaloa. El matrimonio legal ya los une. Lo que hay detrás pocos lo saben. Condiciones de pobreza, arreglos, violaciones, intercambios, complicidad. Todo.

Las cifras hablan de que los niños y niñas dan ese paso en mayor cantidad que los modernos enlaces entre personas del mismo sexo porque la defensa de los derechos fundamentales de los niños y adolescentes era inexistente.

Sí, para el 2016 solo había una boda en esas circunstancias y para junio del 2017 apenas sumaban cuatro en total.

Con todo y la reforma al artículo 43 del código familiar para evitar matrimonios antes de la mayoría de edad, aprobada en julio en el Congreso y publicada en agosto en el Periódico oficial el Estado de Sinaloa, las estadísticas de niños o niñas con nupcias legales indicaban 503 casos para el 2016.

Los niños

Los números hablan que del 2009 al 2016, se oficializaron 399 matrimonios de menores de 14 años, mientras que de adolescentes de 15 a 17 años fueron 7 mil 739 matrimonios.

Las estadísticas de la Secretaría General de Gobierno indican que en ese lapso de tiempo, se habrían casado en promedio en la entidad alrededor de 49.8 niños y niñas entre los 12 y 14 años. Apenas unos chiquillos.

Las cifras solo reflejan la realidad de una cultura en donde el matrimonio de pañales evidencia un grave problema sobre todo para las niñas del estado.

El contraste es escalofriante ya que en ese mismo periodo hubo 397 enlaces legales donde intervienen niñas y solo dos con niños.

En el 2010 ningún niño de esas edades contrajo matrimonio y 65 niñas lo hicieron, dos de ellas a los 12 y 4 a los 13 años.

Aunque las cifras van a la baja los indicadores no hacen sino ocultar el problema. En 2009 se concretaron 70 matrimonios con intervención de un niño o niña, en 2010 bajó a 65 mientras en el 2011 el dato siguió el mismo curso al instalarse en 63.

El indicador, según los datos públicos arrojados por la solicitud de información cuyo folio 000622117 y que aparece en los reportes de Infomex Sinaloa, establece que en el año 2012 la disminución fue más marcada para alcanzar 54 matrimonios de niños, en el 2013 fueron 53, en el 2014, 36, en el 2015, 37 y finalmente en el 2016 solo 21.

A pesar del decrecimiento, las consecuencias se mantienen en la vida arrebatada a la escuela, obligada a la maternidad por una nupcialidad adelantada y precoz.

Adolescentes

Con la derogación del segundo y tercer párrafo del artículo 43 del Código Familiar del Estado de Sinaloa por parte de los Diputados de la LXI Legislatura al aprobar el dictamen presentado por las Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales y Gobernación, y de Equidad, Género y Familia, se establecen los 18 años como edad mínima para contraer matrimonio, lo que va en concordancia con la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

La prohibición de matrimonios para menores de edad en Sinaloa con todo no parece ser la solución. Solo la disfraza en medio de ritos tradicionales, pero ahora sin registro formal. Las entregas de menores incluso a manos de adultos se sigue presentando en zonas rurales y por supuesto urbanas con serios problemas de pobreza. No hay duda.

Estudios serios de la UNICEF establecen que falta mucha investigación sobre las verdaderas causas y consecuencias de los matrimonios prematuros y de porque a las niñas las dan para esas uniones. Sinaloa no es la excepción.

Desde el punto de vista de los derechos humanos, los tres puntos clave que inspiran preocupación son el hecho de que se las priva de la niñez y de la adolescencia, se limita su libertad personal y se les niegan las oportunidades de desarrollar plenamente el sentido de una propia identidad, además de privarlas del derecho al bienestar psicosocial y emocional, a la salud reproductiva y a recibir educación”, revela uno de ellos publicado en 2001.

Ahora todo volvió a las sombras.