Marcial Liparoli, fama de mapache electoral

Los diputados locales que aspiran a reelegirse y seguir disfrutando de sus jugosas dietas, tendrán que pagar facturas por su buen o mal desempeño en sus funciones, lo que deben valorar los interesados, ya que la mayoría no cumplió con las expectativas que generaron en sus campañas y eso lo tomará muy en cuenta un electorado que se siente agraviado y molesto por su pobre actuación.

Con qué cara muchos de esos legisladores harán campaña para tratar que la sociedad los reelija o los ratifiquen si han estado sometidos a los designios  de un Poder Ejecutivo, aprobando leyes y reformas con fines recaudatorios, traicionando la confianza y fe de quienes sufragaron por ellos.

Hay por supuesto,  casos de diputados que ni siquiera pugnarán por registrarse para aparecer en las boletas electorales, sabedores de que sus posibilidad de triunfo están canceladas, por su gris desempeño.

Ese el caso del diputado por Ahome, Jesús Marcial Liparoli, que por decoro o por vergüenza no debe buscar la reelección, por su fama de mapache electoral, además de haber sido parte de uno de los gobiernos más señalados de corruptos.

Son pocos, muy pocos, los que pasarán la prueba, por haber sido comparsa y entes al servicio de un Poder Ejecutivo urgido de leyes que van en perjuicio de la endeble economía de la clase contribuyente, de un sector que se siente dañado y molesto  porque creen que están pagando pecados ajenos, pues consideran que el gobierno estatal, antes de crear leyes que expriman a la sociedad debe primero aplicar la ley a los nuevos ricos del sexenio pasado y obligarlos a regresar el dinero robado.

Hay diputados que se han sobrevalorado, pese a su entreguismo, como Marcos Osuna Moreno, que se creyó con merecimientos para ser candidato a la diputación federal, pero las circunstancias no le son favorables, ya que en la alianza PRI –Panal el favorecido será Rubén Félix Hays, quien va por tercera vez por esa posición, si es que no pasa alguna cosa de aquí a marzo. Sobre Rubén pesan acusaciones muy serias.

Fernanda Rivera que aparentemente creció ante el electorado por su labor de gestoría, más que legislativa, definitivamente se irá por la reelección, ya que la candidatura a la presidencia Municipal está destinada para Alvaro Ruelas Echave, para lo cual ya cuenta con el aval del gobernador Quirino Ordaz Coppel. Fernanda puede perder la reelección

FORTUNATO ÁLVAREZ

Cuando Polo Sánchez Célis fue gobernador de Sinaloa tenía como secretario general de gobierno a Fortunato Álvarez Castro, hombre de todas sus confianzas.

Polo por problemas de salud tuvo que pedir licencia para atenderse en un hospital del vecino país y por ministerio de ley tomó las riendas del Estado  su secretario.

Fortunato siguió ´al término del mandato de Sánchez Célis, su carrera política.

Fue dirigente estatal del PRI en el sexenio de Valdez Montoya y luego presidente municipal de Culiacán  en el mandato de Alfonso G. Calderón, quien solía llamarlo “el loco”, por sus dislates y exabruptos.

Calderón mantenía siempre muy vigilado a Fortunato, pues éste solía brincarse las trancas.

En una de las primeras giras que hizo por Sinaloa el entonces Presidente de la república, el populista Luis Echeverría, don Alfonso le advirtió al alcalde culichi.

-Mira Fortunato, vamos a recibir al presidente en el aeropuerto y pobre de ti si te me adelantas y le pides una entrevista…

-¿Cómo cree, señor gobernador, que vaya a hacer eso…?

Se llegó el día y el aeropuerto se convirtió en escenario de una fiesta popular, con la presencia de miles de campesinos y de obreros.

-No te me vayas a separar Fortunato. Tú sígueme… le decía Calderón.

El gobernador avanzaba trabajosamente en medio de aquella marabunta. De pronto volteo hasta donde estaba el Presidente Echeverría y observó con sorpresa que Fortunato se le había escabullido y estaba ya tomando de un brazo al Jefe del Ejecutivo, solicitándole una entrevista para plantearle problemas de su municipio.

Ya se imaginarán la regañada que le dio Calderón al alcalde,

-Nomás dime Fortunato, ¿en qué instantes te me despegaste y te me adelantaste con el Presidente? ¡Si te tenía sobrevigilado, cabrón!

Fortunato nomás agachó la cabeza.

Álvarez sabía que el hombre nacido en Calabacillas, Chihuahua, no permitía que nadie se brincara las trancas.

El resto del sexenio el gobernador Calderón lo mantuvo sobrevigilado.

-No quiero que el Loco me vuelva a comerla gallina— decía el gobernador.