La seguridad pública pierde terreno en Elota

En Elota las arterias y los caminos rurales se convirtieron en nomenclaturas de muerte y miedo donde  las fuerzas policiacas se disfrazan para incursionar en la investigación de los delitos.

Desde el arribo de Ángel Geovani Escobar Manjarrez el trajín de los ciudadanos se aceleró  porque la vida diaria es marcada  por los disparos de armas de fuego y la constante presencia de cadáveres con la marca del cuerno de chivo.

Los fosforescentes disparos se han convertido en la escenografía y coreografía municipal y sustituyen la luminosidad de los adornos navideños colgados por el ayuntamiento en la estructura eléctrica citadina.

Sacudidos por un año 2017 marcado por la sangre derramada por personas que han caído bajo la ley de las balas y la falta de oficio del alcalde Escobar Manjarrez, las gentes de la zona rural no ha podido acostumbrarse al tráfico de vehículos con personas  con el rostro cubierto y fuertemente armados que le  han tomado la medida a la capacidad de respuesta de las autoridades policiacas.

La leyenda popular indica que para conocer la distancia entre la cruz y la cabecera municipal solamente tienen que contarse las cruces y cenotafios que adornan las orillas de los caminos y las carreteras que conectan a los poblados.

Con Escobar Manjarrez la muerte ha tenido un sustancioso aliado y la fiscalía general del estado no ha encontrado la llave para combatir la impunidad y reducir la tasa de crímenes sin resolver que adornan el recorrido que Juan José Ríos Estavillo ha realizado en la dependencia.

Tan elevado es el nivel de peligrosidad de la zona que el dicho popular indica que a Elota los policías no entran ni disfrazados.

A la versión popular los hechos le dan la razón porque el bullicio del día se apaga en la noche cuando el sonido de los vehículos y los disparos de arma de fuego señalan que cuando el sol se duerme los delincuentes se convierten en dueños y amos de las calles.

Es decir las balas imponen un toque de queda obligado que ni los cuerpos policiacos pueden romper.

El caos y la delincuencia es el escenario que Escobar Manjarrez está dejando como testamento a los próximos gobernantes municipales ya que la criminalidad llego con él y la muerte no da señales de querer irse.

Aunque las estadísticas revelan que los muertos llegan por goteo los disparos y el estado de miedo son las sinfonías diarias y el pan de cada día para los ciudadanos tranquilos.

La temporada más intensa de muerte en esa población fue en el mes de abril cuando a las puertas de la cabecera municipal aparecieron los cadáveres de cuatro personas degolladas y el reto en cartulina de los autores del crimen en la que dejaron constancia de que iban por mas y que además tomaron el control de todo lo que se moviera en el municipio.

Por parte del municipio y la Fiscalía General del Estado la respuesta fue un trémulo mutis y dejaron la cancha libre a los grupos en lucha.

En tanto las familias cambiaron su ritmo de vida y convirtieron sus viviendas en refugios. En plena temporada de fiesta no tienen alegría.

La tristeza tiene su razón de ser porque el arrojo de los grupos criminales fue retratado por un episodio de violencia ocurrido un día después de la masacre cuando un grupo de militares se internó al municipio para explorar las zonas violentas pero fueron atacados a balazos y no hubo ningún detenido ni personajes relacionados con este hecho.

Aunque se habían registrado fallecimientos aislados mediante el uso de arma de fuego el día 24 de abril también llamo la atención porque en el kilómetro 113 de la Maxipista fueron encontrados dos cadáveres con la marca de las balas en su cuerpo y desde su descubrimiento se supo que este caso tendría como destino la impunidad.

Todo ello ocurrió en el mes de abril cuando el mismo gobernador del estado Quirino Ordaz Coppel admitió que las fuerzas policiacas están haciendo su esfuerzo aunque están bajo ataque y el asecho de los grupos criminales en ese municipio.

Para incentivar más la preocupación el mismo fiscal del estado Juan José Ríos Estavillo reconoció el mes de abril como el más violento de la entidad pues la lucha a balazos arrojó 144 homicidios en todo el mapa sinaloense en el catálogo rojo dijo que en el primer cuatrimestre se cometieron 541 casos.

La posición de la Fiscalía General del Estado adquirió matices de desespero porque las cifras se difundieron en el mes de mayo y hasta el mes de diciembre los balazos y las fosforescencias de los disparos están sustituyendo a la pirotecnia navideña y el miedo sigue galopando en todos los rincones rurales del municipio.

El control de la seguridad pública se ha perdido en Elota.