José Antonio Meade se postula como un Hércules

¿Hay, de veras, necesidad de toma de riegos de los candidatos a puestos de elección popular cuando, en la euforia de sus destapes y campañas, asumen compromisos que a las claras se sabe no van a cumplir?

Enrique Peña Nieto, en campaña presidencial prometió y firmó más de 300 compromisos que atendería durante su mandato. Al cumplir cinco años en Los Pinos el monitoreo indica que casi un 40 por ciento se quedó en la memoria de campaña.

Hace unas horas, José Antonio Meade Kuribreña se comprometió a que, “desde el primer minuto de su gobierno”, atacará la peste de la corrupción.

Se necesita valor y, sobre todo, autenticidad para ser tan categórico.

Las asignaturas que dejó pendientes en Hacienda

Coloquémonos en los zapatos del precandidato presidencial del PRI: En periodos de dos administraciones federales relativamente distintas (PAN-PRI), Meade ocupó la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Por convenios internacionales y ordenamientos fiscales y penales internos, la SHCP es responsable de vigilar las operaciones bancarias que puedan ser sospechosas de lavado de dinero financiamiento del terrorismo.

Como esas dos tipificaciones se insertan en el fenómeno de la corrupción privada y pública, la SHCP dispone al menos de dos observatorios activos: La Unidad de Inteligencia Financiera y la Unidad de Coordinación Fiscal con las Entidades Federativas.

Se cita la segunda, porque es la unidad por la que cruza la gestión de las aportaciones federales a los gobiernos de los estados y éstos las comprometen como garantía de pago de la deuda pública estatal (con un saldo actual acumulado de 600 mil millones de pesos).

En los cinco años recientes, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) de la Cámara de Diputados, en la revisión de las Cuentas Públicas del gasto federal, ha detectado monstruosos desvíos de recursos públicos que comparten dependencias de la Federación y gobernadores salientes y en activo; algunos ya indiciados. Otros en remojo.

“Blanqueo” mexicano los paraísos fiscales

Ahora bien. En lo que va de la actual década, instancias oficiales de los Estados Unidos que vigilan movimientos bancarios y de los mercados de valores, han sacado a balcón a al menos dos corporativos bancarios trasnacionales que operan en México, implicados en lavado de dinero.

A mayor abundamiento, en ese periodo han sido piedra de escandalo los llamados Papeles de Panamá y más recientemente los Papeles del paraíso.

En ambos expedientes aparecen implicados prominentes nombres de mexicanos. Aquí la autoridad ha sostenido que esos trasiegos no son necesariamente ilegales, aunque es evidente que ahí existe un potencial de evasión fiscal.

Hacia mediados de 2015, agencias internacionales que operan alertas sobre lavado de dinero y sus pares mexicanas dieron un acumulado de millones de operaciones bancarias que entran en el rango de preocupantes o inusuales.

Recientemente, la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda apenas ha corrido vistas a la Procuraduría General de la República de menos de un centenar de esas operaciones. La propia PGR funciona a paso de tortuga en las indagatorias y eventuales consignaciones de casos sólidamente armados por la Auditoría Superior de la Federación y otras instancias.