El neoliberalismo del PRI “aplasta” a los jóvenes

El México del 2017, tatuado que el estigma del subdesarrollo político, el parloteo electoral -acompañado por una asfixiante catarata de spots- no da a casi 90 millones de potenciales votantes en el  2018 ninguna esperanza de que el lacerante y humillante estado de cosas por el que cruza la sociedad mexicana tenga siquiera un respiro.

El neoliberalismo del PRI -de manera premeditada- ha sacrificado criminalmente al menos a dos nuevas generaciones de mexicanos: Su carta de naturaleza tiene esta cifra: Más de ocho millones de jóvenes han sido privados de futuro al negárseles la oportunidad de estudiar o trabajar.

Va un pavoroso dato para ilustrar ese fenómeno de exclusión: Cada año, 700 mil adolescentes y jóvenes, de 15 a 17 años de edad, se ven forzados a abandonar el ciclo de bachillerato. En 38 por ciento de los casos, la causa es económica.

Otro enfoque: De los titulados -tanto en universidades públicas o privadas, y aun extranjeras-  en licenciaturas, maestrías o doctorados, hasta un 60 por ciento no encuentra ocupaciones profesionales que les remuneren más de 18 mil pesos al mes, cuando muchos de ellos ya han iniciado una familia.

Bien. Están ya en busca del relevo de Enrique Peña Nieto, cuatro precandidatos a la presidencia de la República. Hágase la lectura de sus mensajes de proselitismo y del esbozo de las plataformas de gobierno 2018-2024, y no se encontrará una oferta consistente, prometedora, que anime a los jóvenes a votar.

El tema latinoamericano es un referente para la sucesión presidencial de 2018: En menos de un año, en Perú, Honduras (con reelección) y Chile (con reelección también) tres mandatarios suman la friolera de 200 años.

Salvo en Chile, una joven comunista, Beatriz Sánchez, es esperanza de cambio verdadero. En la primera vuelta electoral, logró un millón 338 mil votos contra Sebastián Piñera (68 años) que logró dos millones 417 sufragios que le dio el peaje para la segunda vuelta que ganó el pasado domingo.

Piñera es un potentado al que la revista Forbes le acredita una fortuna de dos mil 200 millones de dólares. El peruano Juan Pablo Kuczinski procede de la misma clase. En estos días es cuestionado por presuntos actos de corrupción, beneficiado con sobornos de contratistas privados.

Por orden alfabético: Ricardo Anaya Cortes, Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez suman entre los cuatro también poco más de 200 años. Los cuatro han gravitado sobre el presupuesto público.

Son las opciones para 2018. Las cartas sobre la mesa: Anaya Cortes es inteligente y audaz y acredita experiencia administrativa; López Obrador, a su paso por el gobierno del Distrito Federal, puso el acento de su política social en los adultos mayores.

Por la naturaleza de sus encargos, Meade ha inclinado su gestión hacia el sector empresarial desde que pasó por el podrido Fondo Bancario para la Protección del Ahorro (Fobaproa), la Financiera Rural y la secretaría de Hacienda y Crédito Público.

El regiomontano Rodríguez la ha jugado de político empresario y empresario político. Apenas inició su carrera hacia Los Pinos como candidato independiente, y sus paisanos le empezaron a sacar esqueletos del closet.

Es absolutamente posible que, para el primer trimestre de 2018, el listado nominal elaborado por el Registro Federal de Electores (RFE/ INE) reporte 90 millones de ciudadanos con derechos electorales a salvo. Para las elecciones federales intermedias de 2015, la suma fue de casi 88 millones.

En el proceso de 2015 el listado incluyó a 25 millones 600 mil individuos entre 18 y 24 años de edad. En el rango de 20 y 24 años, el rechazo a votar alcanzó 38 por ciento.

Particularmente en los estados fronterizos norteños (en concreto Chihuahua y Baja California) el porcentaje de participación joven cayó hasta 17 por ciento. La juventud, pues,  está asqueada de fraudes electorales.

Esa curva declinante reporta dos mojoneras: En 1988 el interés de los jóvenes en la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas animó movilizaciones juveniles no sólo en el sector estudiantil.

Para 1997, con el propio Cárdenas como candidato al gobierno del Distrito Federal, las “Brigadas del Sol” (chicos de 14 a 18 años) fueron determinantes para el triunfo del PRD.

En las elecciones presidenciales de 2006 (Roberto Madrazo, López Obrador y Felipe Calderón) se puso en circulación la sangre joven.

Ya para 2012 (de nuevo López Obrador ahora contra Peña Nieto) la desmovilización juvenil fue evidente.

Primer factor: Tomado principalmente el PRI por los tecnócratas, las nominaciones de candidatos presidenciales (de todos los partidos) quedaron como monopolio de las anquilosadas nomenclaturas.

Segundo factor: Las usurpaciones del poder presidencial de 1988 y 2006 (Carlos Salinas de Gortari y Felipe Calderón) provocaron el desencanto en los ilusionados jóvenes.

Tercer factor: Con la sustitución de la añosa Comisión Federal Electoral y los Colegios Electorales de las cámaras de Congreso por el Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación el fraude se simplificó: No fue necesaria la acción primaria en las urnas. Todo quedó en el circuito cerrado operado por 18 (once y siete) grandes electores de cuello blanco.

¿Para qué se requiere entonces que la voluntad popular se exprese en 50 mil secciones electorales que se instalarán en 2018? Lo reconocen al menos algunos los consejeros electorales federales: “En credibilidad andamos por las cloacas”.

Los votos aparentemente se cuentan pero, pasados por los algoritmos, ya no pesan tanto las cédulas electorales. La voluntad popular es usurpada y expropiada por los “mapaches” en tierra y los de las oficinas del INE.

Por eso a los candidatos presidenciales y a sus partidos postulantes “les vale” tener una oferta para levantar los corazones de los jóvenes. Incluso, las antiguas direcciones juveniles (salvo la del PAN), fueron arrumbadas en la noche de los tiempos. Que los chicos sigan atrapados en las redes sociales. Esto es un asunto de los cacicazgos adultos y corrompidos.

Más de 26 millones de potenciales votos jóvenes, ¡qué desperdicio! A las decrépitas nomenclaturas partidistas del PRI y de Morena (por aquello de los liderazgos viejos o dinosaurios priistas mutados a izquierdistas) ya no les asusta lo que antaño se conocía como ruptura generacional.

De las mañas se pasó a las mafias y todo queda en familia. Esa es la democracia “representativa”.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.