Diva Hadamira: religión y política

Aunque la fortuna le ha sonreído, la guasavense Diva Hadamira Gastélum Bajo, vive un conflicto de valores y de intereses, que va de lo moral y lo religioso a la político, pero por encima de todo, se ha dejado  llevar por la podredumbre del quehacer político, que le ha dado todo: poder político y económico.

Por un lado se presenta como ferviente religiosa, como sacerdotisa de una secta, presumiendo valores y probidad, y por otro lado, como política,  leal al sistema priista, al que le ha servido hasta la ignominia, aprobando sin ningún rubor  leyes que van en contra de los intereses de las mayorías de los mexicanos, a cambio de recibir jugosas prebendas económicas, que le han cambiado sus sistema de vida y de su familia.

Con imagen de defensora de los derechos de la mujer y de la equidad  de género, Diva, paradójicamente no es profeta en su tierra, ya que se dedicó a rendirle pleitesía a quienes detentan el poder, haciendo a un lado sus compromisos con la gente, a la que juró servirle, como Senadora de la República, con pasión y entrega.

Bajo su disfraz de religiosa, se esconde una mujer ambiciosa, falaz y capaz de venderle su alma al diablo con tal de seguir  recibiendo toda clase de privilegios de la clase gobernante, lo que le ha permitido vivir en la opulencia.

Como muchos políticos que han utilizado perversamente a grupos religiosos, a la clase eclesiástica, como aquel gobernador electo que arrodillado en un templo católico,  pidió fervorosamente al Todopoderoso sabiduría para gobernar y al final terminó hundido en el descrédito por los escándalos de corrupción y abusos de poder, así Diva Hadamira Gastélum, Senadora por la Ciudad de México, por un lado se presenta como miembro de una congregación religiosa y por otro, en el ejercicio de la política da muestras de deshonestidad por los evidentes casos de corrupción en que se le involucran.

“La Casa Blanca” que construyó en las playas “Las Glorias”, en el municipio de Guasave, con un costo de varios millones, acabó con la poca buena imagen de la Senadora que soñó con ser la primer mujer en gobernar Sinaloa, y que ahora busca afanosamente brincar a una diputación federal o a otra posición política, pues como mujer adicta a la política, le enferma estar en la banca.

Quien debería ser ejemplo de moralidad, de decencia y de decoro, por su aparente formación religiosa, en su paso por la política se dejó seducir por el Poder, pasando a formar parte de la corrupción que se ha enseñoreado por todo el país y que es fomentada desde la cúpula de la clase gobernante.

Por todo eso, quien ha sido diputada local, diputada federal dos veces y actualmente Senadora, no puede presumir de ser ejemplo  en su tierra, por los negativos que arrastra y por haberse entregado a servir a intereses mezquino, legislando en contra de los intereses de sus representados, como fue en el caso de las reformas estructurales.

De ninguna manera podría reivindicar su mala imagen con solo llevarle migajas del poder a tantas familias guasavenses que viven en extrema pobreza, entregándoles, para lucimiento personal, cobijas, despensas, gastos funerarios y otros apoyos,

Cuando Mario López Valdez llegó a la gubernatura, Diva Hadamira distanciada de Malova por haber apoyado la candidatura del priista Jesús Vizcarra, buscó a Juan Millán para que lo acercara con el Mandatario Estatal, por así convenir a sus intereses políticos.

Ahora, al defenestrado ex gobernador hasta el saludo le niega.

Ahora todo su amor, afecto y bendiciones son para el sinaloense del momento: Mario Zamora Gastélum. Y desde luego para el gobernador Quirino Ordaz Coppel.

En uno de sus episodios más sonados como diputada federal, en la LXI Legislatura, Diva Gastélum se unió al reclamo de otras legisladoras que habían tomado la tribuna de San Lázaro en protesta por un comentario misógino que otro diputado del PRI, su correligionario, había hecho en una reunión con funcionarios del ISSSTE.

“No hay caballo fino que no tire a mula, ni mujer bonita que no llegue a ser meretriz”, dijo Francisco Moreno Merino, diputado priista por el estado de Morelos.

Ante esas afirmaciones, legisladoras de todos los partidos reclamaron en el pleno de San Lázaro. Diva Gastélum se dijo sorprendida y afirmó que lo menos que podía hacer era disculparse.

“Muchas compañeras, muchos compañeros, han sentido el atropello de sus palabras”, expuso ese día la priista.

Pero más que el comentario misógino del legislador priista, lo que más duele es que políticas, que enarbolan la bandera de lucha por los derechos de las mujeres, hayan renunciado a sus ideales, a sus principios, incluso religiosos, a cambio de llevar una vida  de primer nivel.

La guasavense todavía recuerda con amargura su fallido intento por alcanzar la presidencia municipal de Guasave, hace años. Con todo y que era apoyada por el entonces gobernador Juan Millán, fue derrotada por  Raúl Inzunza en el proceso interno por la candidatura.

Esa derrota la dolió tanto que aún no la digiere.

Entre otras muchas promesas que no ha cumplido, está el de jurarle a Dios de no descansar hasta convertir a su religión a su amigo Jesús Valdez Palazuelos, a quien le tiene un afecto muy especial.

La guasavense puede estar orgullosa de haber recibido numerosas condecoraciones y reconocimientos por  sus esfuerzos a favor de la equidad de género y de defensa de los derechos de las mujeres, pero eso no tiene ningún valor si en sus tierra la ven como una mujer, como una lideresa desgastada y desclasada, que ofertó al mejor postor sus ideales y principios.