Amenaza la misma pandilla del PRI

Senadores y diputados federales priistas no se hartan, pero ya hartaron; encabezan el asalto a las posiciones en juego en las elecciones de 2018

Un común denominador de repudio social envuelve a senadores y diputados federales priistas sinaloenses de la actual y de la anterior legislatura, por ser considerados cómplices de un gobierno reformista sin orientación social, que hundió al país en la peor ola de corrupción, violencia e impunidad que nos ha golpeado a partir de los aciagos sexenios de 1970 a 1994.

La indignación y el hartazgo de la gente sigue a flor de piel en plena precampaña de candidatos presidenciales, cuyas campañas aun no alcanzan para acercar al pueblo el renacer de la esperanza de un próximo fin de la flagelación que espera dejar atrás en el relevo sexenal.

En el marco del proceso electoral, el descontento popular está en vías de cobrar facturas en las elecciones de julio próximo, frenando el avance de la misma clase política del Partido Revolucionario Institucional que pretende retener los principales cargos en disputa, que ganaron en comicios de sospechosos resultados, para preservar el saqueo que sufren el estado y el país en perjuicio de los sectores de medianos a bajos recursos.

Los evidentes esfuerzos que realizan ex y actuales legisladores para repetir en los nichos de poder, no pasan desapercibidos para la ciudadanía, dispuesta a lograr un nuevo rumbo político, económico y social.

Los senadores, cuyo sexenato llega a su fin, lo mismo que los diputados federales de las legislaturas 62 y 63, arrastran las peores calificaciones que asigna el pueblo a la falta de resultados y al descarado trabajo dedicado sólo a privilegiar los intereses de las cúpulas políticas y económicas.

Las conclusiones de los sondeos de opinión llevados a cabo para medir la conveniencia de las opciones disponibles en el PRI, causan honda preocupación. La tendencia del rechazo ciudadano a esa franquicia de corruptos permisivos ante los grandes problemas sociales y económicos, prevalece a unas horas del año político decisivo.

Los actuales “representantes populares” priistas son un factor que lastra las aspiraciones de los dueños del partido. A todos los descalifican por igual. El mismo rasero se aplica a los senadores Diva Gastélum, Aarón Irizar Y Daniel Amador, y para ex diputados de la 62 legislatura, entre ellos Heriberto Galindo, Alfonso Inzunza, Alfredo Padilla, Blas Rubio y Jesús Valdés; al igual para los actuales miembros de la legislatura 63, Bernardino Antelo, Paola Gárate, Martha Tamayo, Evelio Plata y Enrique Jackson, principalmente.

El repudio del electorado los alcanza a todos, sin que esto logre todavía mover las conciencias en su partido para descartarlos de toda posibilidad de inclusión en las fórmulas de candidatos para el 2018.

A ellos se agrega el elenco improductivo y sin identidad social de la bancada priista en el Congreso del Estado, encabezado por Irma Tirado Sandoval, clara aspirante a la presidencia municipal de Mazatlán, agregándose los nombres de tercos protagonistas que viven a la sombra del caudillo tricolor de cada momento, como Sandra Judith Lara y los malovistas igualmente codiciosos, también cómplices y beneficiarios de la corrupción, Fernanda Rivera, Jesús Antonio Marcial y el ex policía improvisado en política por causas inescrutables pero obvias, Marco Antonio Osuna. Los demás no están exentos de inconvenientes, pero es ocupar demasiado espacio en tan larga lista de oportunistas.

SENADORES CACIQUES QUE NO SE HARTAN, PERO YA HARTARON

Los casos de los tres senadores del PRI son emblemáticos en las maniobras de los inútiles insistentes para prolongarse en el servilismo político. Se trata, sin excepción, de viejos caciques que asumieron posiciones al amparo de la antidemocracia y el costoso pago de cuotas.

Diva Gastélum tiene un feudo en el sector femenil que comparte con su comadre Martha Tamayo, aunque ya en etapa de decrepitud, que impiden el avance de nuevos cuadros de su género. Son las dueñas de la equidad de género en Sinaloa, las explotadoras de la “lucha por los derechos políticos de las mujeres”, que en realidad sólo impone esos dos nombres en las mejores posiciones políticas y los que sean necesarios, reservando además que “las sobras” o el complemento, sea para sus recomendadas o familiares.

Al interior del bloque de las damas priistas no hay equidad o igualdad ni oportunidades para nuevos cuadros, menos democracia, la que invoca el binomio caciquil si alguna vez quedan fuera del reparto de poder.

Así ocurre esta vez, en el proceso interno hacia la elección del próximo 1 de julio. Sin contacto con el pueblo, Diva trata de meterse en la conciencia y en la memoria de la sociedad a través del tuit, con el que pretende “evangelizar” a las redes, mostrándose como preocupada redentora de los pobres, aunque sólo ella y sus ramas familiares y de amistades son quienes han dejado muy lejos el acoso de la pobreza.

Por imposición y no por consenso, ella se ubicó de nuevo en el primer lugar de las mujeres del Revolucionario Institucional que deben ser tomadas en cuenta para la próxima legislatura local, incluso como presidenta, nada más para ser protagonista en la contienda por el cambio de gobierno en el 2021. En aquel evento pretenderá enlistarse como aspirante a la sucesión de Quirino Ordaz o transar ventajosamente su adhesión.

Tamayo no se conforma con mucho menos: una senaduría o al menos la presidencia municipal de Culiacán. El relevo en el gobierno también está en su mira, convencida de que rebasó a su comadre Diva en las preferencias dentro del PRI nacional.

Así pretende cobrar Tamayo el favor que hizo a César Camacho Quiroz en el “pulido” de la Ley de Seguridad Interior.

Aarón Irizar López tiene otro perfil de cacique, considerándose como el primero entre los “priistas distinguidos” de Sinaloa, que no se cansa de cobrar favores por haber cedido -afirma- la candidatura “grande” a Quirino Ordaz Coppel, aunque esa candidatura nunca estuvo en sus manos y menos puede asegurar que se la arrebataron. Es que nadie puede decir que “´perdió” lo que nunca tuvo.

Pero en sus elucubraciones, Irizar considera que ninguna otra postulación está a su nivel de méritos. Además, tiene un veto muy pesado en su contra: el de Jesús Vizcarra, quien no olvida la traición que Aarón le hizo en la contienda contra Malova, cuando se refugió en los casinos de Los Mochis mientras el ferretero manipulaba libremente las tendencias del voto en el norte del estado.

Daniel Amador Gaxiola pretende que el partido lo indemnice por haber permitido, según su conveniencia personal, el saqueo del ISSSTESIN en la era malovista, que hicieron humo más de mil millones de pesos. Con esto y la permanencia de la Sección 53 como su patrimonio hasta el fin de los tiempos, le basta por lo pronto, siempre que su junior siga acaparando inmerecidas candidaturas que también tendrán alto costo político.

Por los hechos mencionados, el acomodo de intereses en la desgastada oferta priista no corresponde a las legítimas aspiraciones de los sinaloenses.

En la calle, la opinión de los electores ya expresa el repudio hasta el nivel de indignación por las prácticas corruptas y la colusión entre los diferentes bandos tricolores para disputar, sin hacerse daño, la mayor parte posible del botín político y financiero del año que ya nos alcanzó.