Pri Sinaloa, clanes divididos y sin líder

El candidato presidencial encontrará una estructura fracturada por ambiciones

MORENA y Andrés Manuel avanzan sin freno ni desvío hacia la postulación

 

El dedo no se desvió de Meade, pero en Sinaloa el mayor problema del PRI apenas comienza.

La división de los clanes que se disputan las candidaturas, sin aspirantes de nivel que arropen al abanderado por la presidencia de la república, no se resolverá en el corto o mediano plazo debido al desprestigio de su clase política y por la carencia de un liderazgo estatal firme y capaz de forjar una unidad verdadera, no de ficción, como la que persiste bajo la presidencia de Carlos Gandarilla García.

El “destape” dirigido desde Los Pinos no modifica la incertidumbre priista en el estado y plantea la necesidad de que el candidato presidencial reciba un diagnóstico real, no triunfalista y exagerado, del tamaño de las dificultades que aquí enfrentarán su partido y él mismo.

No importa que en el escenario nacional los despistados del PRI hayan conservado el olfato para prever el desenlace en el evento del sexenio y empezaran el lunes pasado a poner en escena la que es repulsiva pantomima: la cargada, esta vez a favor de José Antonio Meade Kuribreña.

Las complicaciones del partido en esta entidad no desaparecen y ni siquiera se reducen. Antes bien exacerban las ambiciones de los grupos en disputa por acaparar la mayor cuota posible de cargos de elección popular.

Mientras, el Frente por México (no ciudadano) pierde la primera plana de la atención ciudadana y se les hace bolas el engrudo porque Ricardo Anaya Cortés y Alejandra Barrales Magdaleno enfrentan la rebelión decidida de Miguel Ángel Mancera Espinoza y Rafael Moreno Valle, al tiempo que en MORENA el dominio absoluto de Andrés Manuel López Obrador asegura la postulación presidencial el mero día de la Guadalupana.

Esos partidos viven en Sinaloa sus propias crisis, tanto o más difíciles que el tricolor, por el debilitamiento de sus fuerzas a partir de que la sociedad empezó a cobrarles factura por su colusión con el pésimo gobierno del estado que realizó Mario López Valdez.

PRIISTAS, EN LA CARGADA, PERO CADA FACCIÓN CON SU PROPIO RUMBO

Los priistas sinaloenses, desde el jefe político hasta el último de la infantería, se sumaron de inmediato a la “bola” que aplaude con frenesí la dirección que marcó “el dedo”. Los que apostaban su futuro por Osorio y Nuño guardaron la imagen de su mesías y entronizaron en los altares políticos las del elegido por el jefe máximo del partido; pero esto no implica que todos van a trabajar cohesionados, de la mano, como les gusta presumir.

En el tricolor se vive otra vez una forma engañosa de unidad sólo de apariencia, como figura de discurso que sirve sólo para no quedarse fuera del carnaval que baila por la democracia sin sentirla ni vivirla.

Ocultan la realidad de que el descrédito de su partido llevó a imponer por primera vez la postulación de un candidato externo, más azul que tricolor, que Enrique Peña Nieto rescató del equipo de su aliado en 2012, Felipe Calderón Hinojosa.

La necesidad de evitar el caos y la confrontación, orilló al presidente a aceptar el señalamiento que hizo un supuesto subordinado que le quitó la iniciativa, Luis Videgaray Caso, al mencionar primero a quien ya era el elegido, luego de haberse referido a todos, incluyendo al canciller, como “despistados” que se guiaban indebidamente por elogios y aplausos.

Este es al final otro precedente en la historia negra del PRI, donde se han dado casos execrables de toda clase de componendas políticas, al extremo de sostenerlas al costo de fuertes represalias, asesinatos y traiciones, pero que nunca, como hoy, doblegaron al presidente con intentos de ganarle el “jalón” en la designación o de modificar el sentido de la decisión política más trascendente del sexenio.

Esta vez el gran elector oportunista fue un secretario del gabinete que dejó al mandatario como el autor del único juicio equivocado, al calificar de “despistados” a los impulsores y seguidores de la cargada, sólo para que el desenlace demostrara que el jefe resultó ser el único sorprendido y rebasado por los hechos.

Fue una declaración que afectó la imagen presidencial. Lo que no cambia es la percepción ciudadana mayoritaria de que en el PRI no defienden la democracia; sólo la explotan.

EN LAS ESTRUCTURAS SE DESATA LA LUCHA POR EL PASTEL A REPARTIR

En el Frente, mientras tanto, crece la arremetida interna contra los líderes del PAN y del PRD, acusados de traición por defender sólo sus intereses y ambiciones personales, y su futuro depende ahora del rumbo que tomen las inconformidades de Mancera Espinoza y Moreno Valle.

En este escenario, MORENA y Andrés Manuel López Obrador avanzan hacia una postulación que se cuenta entre las decididas con mayor anticipación en la historia de México.

Dentro de los extremos opositores, “El Peje” es lo único seguro, demostrándose ahí que también la izquierda comete apostasía al jurar democracia interna en sus decisiones.

Y si en el Frente no hay más base para juzgarlos que el agandalle que tratan de asegurar Anaya y Barrales, de la mano del ex priista presidente del Movimiento Ciudadano, Dante Delgado Rannauro, llegamos a concluir que ningún partido nacional respeta y aplica la elemental premisa de la democracia, que es aceptar por encima de todos los factores la voluntad de la mayoría de sus miembros.

El oleaje que rebota en Sinaloa por la agitación de las aguas en el centro del país, afecta la actividad de los militantes del Frente.

El bloque PAN-PRD-MC se rezaga por las dificultades encontradas en la ruta que pretenden imponer sus dirigentes. La incertidumbre es el signo, porque no se sabe hasta dónde llegará la imposición que pretende Anaya de sí mismo como abanderado de ese trío, pagándole a Corrales con la candidatura al gobierno de Ciudad de México. Si uno o dos de esos partidos se fractura, los rebeldes y Anaya perderán el grueso de sus posibilidades de ser contendientes con posibilidades de vencedores.

De ocurrir esto, lo más probable es que el PRI y MORENA -no necesariamente en este orden- obtengan los lugares uno y dos en la votación por la presidencia de la república.

EN SINALOA, EL PRIISMO SE “ENAGARROTA”; PARAN VUELO DEL FRENTE

En el estado, como en el resto del país, los priistas ya se sometieron a la orden de Los Pinos, salvo algunas opiniones disidentes, que tampoco justifican su legitimidad.

Los cuadros y bases del tricolor no tienen ni han tenido ninguna dificultad para entusiasmarse por cualquier candidato que les mande quien despacha en Los Pinos.

Aceptan tácitamente que la pérdida de millones de electores que ha sufrido el PRI en los últimos seis años, ha obligado a tomar la decisión que antes era impensable, como romper la regla número uno, que era respetar la trayectoria y militancia de partido.

En ese partido que secuestró a la Revolución fueron derogados sus principales postulados, el sufragio efectivo y la no reelección, permitiendo que llegara a su presidencia nacional un personaje sin hoja de servicios probados, como Enrique Ochoa Reza. Lo de Meade es acto que confirma la nueva norma.

En nuestra modesta escala estatal, pasa lo mismo con líderes sin experiencia ni trabajo en las estructuras, comenzando con Carlos Gandarilla García, otro improvisado, y continuando con funcionarios estatales y municipales.