Misma vieja droga, nueva presentacion

El problema con el PRI se resuelve metiéndolo  una buena temporada a Oceánica, es un caso clásico de adicción, concretamente adicción al triunfo y como todo drogadicto, lo quiere tener siempre, sin batallar, sin dedicarse a nada más que a consumir.

El poder es como cualquier otra droga, puede terminar matando al consumidor, las víctimas suelen pasar por etapas y ahorita el PRI está en la de negación: los últimos dos sexenios nunca existieron (son culturales, diría Peña Nieto), de Zedillo pasamos directo a Peña, si no hubiera sido así alguien se acordaría y al interior de la burbuja no hay valiente que se atreva a mencionar el tema, así que la historia reciente no existe por voluntad de quien duerme en Los Pinos.

Haberlo sabido antes.

Son notorias también, la soledad y desamparo en que ha quedado el otrora amplio y poderoso círculo rojo, compuesto por la más variopinta caterva de estafadores (políticos, medios convencionales, lambiscones, etc.), que desde siempre han entrado perfectos en la definición jalisciense de pícaro: aquel dispuesto a quedarse tuerto con tal de cegar a su víctima. Nomás que como en la canción del niño tizoc, ya nomás les quedaron los agujeros.

Me atrevería a decir que se ven cómicos, pero en verdad resultan patéticos cuando aparecen esos artículos de los panegiristas cobrones de toda la vida (los Loret, los López, Los Ciros, los etc.), festejando la tremenda inteligencia política de Peña Nieto por traer a todo un país pendiente de la narrativa sobre el tapado.

Según ellos.

Es entendible nunca reconozcan que nada más están hablando entre ellos, pero si está de la patada se engolosinen en la práctica de sus rituales anacrónicos y ridículos, dando por sentada la restauración de la omnipotencia presidencial, con unos niveles de fuerza y de poder que ni en sus mejores tiempos logró tener, haciendo caso omiso de que están reverenciando a un Presidente con niveles más bajos que los de maduro en Venezuela.

Si eso no es negar la realidad yo no sé qué sí lo sea.

Tampoco se puede negar que sí hay algo de público pendiente del desenlace de la trama, pero también pasan por alto un detalle fundamental: lo hacen con la bolsa de tomates aguados lista y a la mano. ¿O no les cayó el veinte con su dichoso Meade, el señor de los cero negativos, que no creció ni pa´rriba ni pa´los lados, vulgar mierda de gavilán que ni hiede ni apesta? Si este drogo no se pone las pilas y comienza de ya a cuidar su salud, el año entrante lo va a matar la sobredosis…de realidad.

No sería ni el primero ni el último.

Jorge Aragón Campos

Jorge Aragón ha ejercido el periodismo radiófonico, televisivo y escrito. También ha publicado novelas, ensayos y artículos científicos. Sus columnas tocan temas que van desde lo político hasta lo cultural.