La cultura, de la basura a las llamas…!

Creada dentro del proyecto para el Centro Cultural “Genaro Estrada” de la Dirección de  Investigación y Fomento de Cultura Regional (DUFOCUR) durante el sexenio de Alfonso Genaro Calderón Velarde, la Biblioteca Pública “Gilberto Owen” fue olvidada totalmente por la administración de Mario  López Valdez relegando parte de su acervo a un pequeño espacio en la planta baja del Centro Cultural (antes casino Culiacán) en donde se quemó una buena parte de los libros que de ella quedaban.

El fomento y la investigación de la cultura fue una de las primeras obras de Calderón Velarde que creó DIFOCUR el 7 de Mayo de 1975, a poco mas de cuatro meses de iniciado su mandato.

Calderón Velarde solo cursó hasta tercer año de primaria, pero se forjó, como él decía, “en la universidad de la vida”.

Originario de Calabacillas, en plena sierra de Chihuahua, fue uno mas de los que no tuvieron oportunidad de estudios, pero de los muy pocos que supieron imponerse a las desigualdades sociales y crecer en el sindicalismo y en la política, escalando casi todos los niveles hasta Gobernador de Sinaloa y más tarde Sub Secretario de Pesca.

De ahí su interés por crear DIFOCUR para impulsar la cultura a lo largo y ancho de Sinaloa, como por llevar atención a las zonas serranas, a los altos.

Dentro del conjunto arquitectónico de Difocur se destinó un espacio de 546 m2. Para la biblioteca pública a la que se impuso el nombre del poeta rosarense Gilberto Owen. Ahí se concentraron los acervos de la biblioteca de Fonapas, del Parque Constitución,

Durante la administración de Jesús Aguilar Padilla se cambió el nombre de Difocur a  Instituto Sinaloense de Cultura y en el 2009 se decide trasladar provisionalmente la biblioteca al Casino de la Cultura mientras se le construía un  edificio propio con instalaciones mas modernas y funcionales, el que se ubicaría en el Parque Culiacán 87.

Se destinó un presupuesto de 28 millones de pesos para iniciar el nuevo edificio, pero se le terminó el tiempo a Aguilar Padilla y el proyecto quedó en el aire.

Gestiones iniciadas ante el gobierno federal  por Aguilar Padilla fructificaron al aprobarse 100 millones de pesos para terminar el nuevo edificio, pero como sucedió con muchas otras obras que no concluyó Aguilar, al gobernador Malova no le interesó continuarlas y menos concluirlas.

Pero había recursos, los cuales debían de invertirse.

El proyecto original fue cambiado para borrar de él toda huella del aguilarismo y se determinó realizarlo sobre un terreno de 21,711.13 ms2. en la colonia 4 de Marzo sobre el bulevar Rolando Arjona.

Y se inició el edificio nada más que los recursos federales aprobados fueron “desapareciendo” y los 100 millones se redujeron a 80 y después a 75. Nada más se supo, solo que el cascarón levantado estaba sin avance.

Al respecto, en el 2015 durante una comparecencia ante el Congreso, el secretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas de Sinaloa, José Luis Sevilla Suárez, no supo explicar porque no se había terminado la obra que estaba como prioritaria en el plan estatal de desarrollo del gobierno de Malova.

Y la Directora del ISIC, María Luisa Miranda Monrreal, afirmó también en el 2015 que la obra sería terminada y que Malova no dejaría obra inconclusa.

Mentira absoluta.

Las obras que no pudo terminar Aguilar Padilla, Mario López Valdez no quiso continuarlas.

Ejemplos: la biblioteca y el hospital de Mazatlán que prefirió donarlo a la SEDENA antes que terminar ese nosocomio que Mazatlán necesitaba con urgencia.

Los caprichos se impusieron.

Desde mayo de 2011, esperando su nuevo edificio, la biblioteca Gilberto Owen inicia una nueva etapa en forma provisional en la planta baja del Casino de la Cultura.

Acondicionada temporalmente con una dotación de más de 6,050 volúmenes, de los 45 mil que llegó a tener, durante el segundo semestre del mismo año se atendió un promedio de 1,500 usuarios y con la llegada del nuevo equipo de computación se reactivó el módulo de servicios digitales.

Ese espacio resultó disfuncional para albergar los 45 mil ejemplares que en su momento se tuvieron en la biblioteca. Durante su traslado se perdieron muchos de ellos.

Siete mil ejemplares fueron eliminados “por obsoletos”, la Colección Sinaloa y la Infantil, simplemente desaparecieron.

Durante el sexenio malovista cientos de volúmenes estuvieron encartonados, incluso a la intemperie.

Olvidada por gobierno e ISIC funcionó irregularmente. La tecnología, los escritorios adecuados, las enciclopedias y las novedades editoriales nunca llegaron.

El gobierno de Quirino Ordaz Coppel recibió una administración al borde de la quiebra.

Sin recursos y con deudas a corto y largo plazo, lo que le ha impedido cumplir con muchos compromisos, uno de ellos la terminación del edificio de la biblioteca.

Producto del criminal olvido en que se mantuvo a lo que queda o quedaba de la otrora reconocida nacionalmente biblioteca “Gilberto Owen”, fue pasto de las llamas.

Un incendio  que se registró el pasado domingo 5 de noviembre  en el área donde funcionaba esta biblioteca en la planta baja del Casino de la Cultura acabó con los libros.

El destino que se proyectaba en el año 2009 para esta biblioteca nunca llegó.

Lo que llegó fue el incendio. Pasto de las voraces llamas hoy solo pedazos de libros quemados y cenizas quedan.

Claro, no faltará quien quiera culpar de esto al gobierno de Quirino Ordaz.

Pero la culpa total recae sobre la pésima administración de Mario López Valdez y su gavilla de saqueadores de Sinaloa.

“La cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir”, escribió alguna vez el escritor checo Milan Kundera.

Pero esto no lo entienden quienes en la cultura solo ven la ventana para lucrar. (P3)

José Ángel Sánchez López

Con 59 años de experiencia periodística, fue director de El Debate de Culiacán, El Diario de Culiacán y El Sol del Pacífico. Ha extendido su experiencia a varios noticieros de radio, aportando sus analisis y reflexiones.