El escenario político-electoral de José Antonio Meade en Sinaloa

Un frío ejercicio político de José Antonio Meade, virtual candidato del PRI a la presidencia de la República, en torno a las probabilidades y posibilidades que tiene de ganar las elecciones en Sinaloa, lo ubica en un escenario político-social-económico desfavorable.

Más allá, pues, de comenzar a descalificar figuras políticas del PRI, en el sentido de que este sí es amigo y este no, que el más cercano a Meade es fulanito de tal y de que a menganito le irá mal, las preguntas para iniciar un diagnóstico político son:

  • ¿Cuál es la estructura política territorial de José Antonio Meade en Sinaloa?
  • ¿Quiénes son sus aliados fieles y quienes por conveniencia política?
  • ¿Cuántos grupos políticos le habían otorgado anticipadamente su respaldo y quienes van o se fueron ya a la cargada?
  • ¿De los grupos políticos que movilizan estructuras municipales y distritales cuantos están  dispuestos a seguir la candidatura de Meade y a cambio de qué?
  • En Sinaloa ¿Con que personajes José Antonio Meade irá en fórmula para el Senado de la República, diputaciones locales, alcaldías y diputaciones federales?
  • ¿Garantizan o no algunos personajes priistas que se quieren ver en las boletas electorales arrastre electoral a favor de Meade o son considerados antivotos por el electorado?
  • ¿Qué sentimiento alberga el electorado sinaloense hacia el PRI y su virtual candidato presidencial? ¿Cómo recibió el PRI-Sinaloa y la sociedad en general el destape de José Antonio Meade?
  • ¿Gana o no gana solo José Antonio Meade en Sinaloa?

Y las preguntas claves:

  • ¿Con qué candidatos el PAN-PRD-MC intentarán frenar la penetración de Meade en Sinaloa y ganarle diputaciones locales y federales, alcaldías y Senadurías?
  • ¿Quiénes serán en Sinaloa los candidatos de Morena dispuestos a desafiar a Meade?

Un primer análisis nos conducen al PRI estatal: ahí anida Víctor Manuel Gandarilla Carrasco, delegado en Sinaloa de la Secretaría de Gobernación (Segob). Gente de Miguel Ángel Osorio Chong, fallido precandidato presidencial priista.

Víctor es padre de Carlos Gandarilla, presidente del CDE del PRI. Víctor también es “subordinado” Rafael Oceguera Ramos, delegado regional en el  noroeste del país de la Segob, identificado, por supuesto, también con Osorio Chong.

En el PRI-Sinaloa se mueve tras bambalinas una figura: Enrique Coppel Luken, uno de los padrinos del dirigente estatal del tricolor, Carlos Gandarilla. Coppel fue uno de los primeros que se definió como simpatizante de la candidatura de Meade en abierta oposición al dirigente estatal de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

La llave de los Gandarilla y de Rafael Oceguera para acceder por la ruta del apoyo empresarial-partidista a favor de Meade es entonces Enrique Coppel y un personaje de alto tonelaje político, Jesús Vizcarra Calderón, amigo personal de José Antonio Meade. Vizcarra es a la vez padrino político del ex gobernador Jesús Aguilar Padilla.

En Sinaloa el virtual candidato presidencial del PRI carece de estructura política territorial propia. El director general de la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero, Mario Zamora Gastélum, le armó un pequeño andamiaje político electoral. El operador del armazón es Ramón Barajas, responsable de la FND en Sinaloa.

Sin embargo el destape alentó resabios personales y en vez de sumar ya siembran anticipadamente la división, enfrentando mediáticamente a Mario Zamora con personaje del sexenio pasado. Incluso la gente del propio Ramón Barajas pregona que va por el “rescate” de la presidencia municipal de Guasave.

En los municipios y distritos de Sinaloa hay grupos que detentan el poder y que tradicionalmente ceden sus respaldos políticos a cambio de posiciones, pero al PRI no le alcanzan ya los vivos para enterrar a los muertos. La elección del 2016 marcó compromisos que si se rompen causarían resquemores entre los priistas.

En la sociedad sinaloense priva la desesperanza: miles de muertos y desaparecidos, inseguridad, desplazados, falta de empleos, salarios de hambre, carencia de oportunidades para egresados de las universidades, concentración de la riqueza en unas cuantas manos, ofrecen un escenario electoral adverso para el candidato del PRI.

La figura de José Antonio Meade es la de un banquero o un especialista en finanzas pero, a contrapelo, las familias de Sinaloa han venido padeciendo incrementos en el gas doméstico, el agua, la energía eléctrica, alimentos y combustibles. El “aumento” al salario mínimo es considerado un insulto por la clase trabajadora.

Bien. En diciembre también se definirá el candidato del Frente, y si no incluye al PRD, tal vez en el próximo mes también se defina al del partido del sol azteca. Con la nominación del o los candidatos también se vendrán las designaciones de candidatos a diputados locales y federales, alcaldes y Senadores de la República.

Todos ellos, incluyendo José Antonio Meade, emprenderán la carrera con una amplia desventaja respecto a AMLO, quien el 12 de diciembre, según lo ha anunciado, se convertirá formalmente en lo que siempre ha sido: el candidato de Morena.

Las encuestas más recientes le dan a Obrador una ventaja considerable respecto al segundo lugar.

La de El Financiero, publicada el miércoles pasado, le da entre 5 y 12 puntos, en los escenarios más probables. La de Buendía y Laredo revela una ventaja que va de 5 a 10 puntos, según el sondeo realizado.

¿Es factible que los competidores de AMLO puedan remontar esta ventaja en los meses que vienen?

En 2006, López Obrador arrancó la contienda con una diferencia de 10 puntos sobre su más cercano contendiente, Felipe Calderón. La ventaja se fue perdiendo y -como ya es historia- acabó con un apretado triunfo del candidato del PAN.

En 2012, el candidato del PRI y sus aliados, Enrique Peña, arrancó la carrera con 13 puntos de ventaja frente a Josefina Vázquez Mota y 23 puntos adelante de AMLO. El resultado le dio el triunfo solo con 6.5 puntos respecto a AMLO. Es decir, hubo un cambio de 16.5 puntos.

En 2006 y 2012, al final, la competencia se convirtió en una contienda de dos.

En el 2006, las preferencias electorales hacia Roberto Madrazo se desplomaron y la pelea fue entre Calderón y AMLO. En el 2012, pasó lo mismo con Josefina Vázquez Mota, y la contienda fue entre Peña y AMLO.

Con Meade por el PRI, Anaya por el Frente y Margarita como independiente, la apuesta del PRI es que se repita el escenario y que al final de la competencia se dé una “carrera parejera” entre Meade y AMLO, en la que el primero logre atraer la oposición al candidato de Morena y reduzca el rechazo hacia el PRI.

La estrategia para el triunfo de José Antonio Meade habrá de concentrarse en los estados, escogiendo candidatos o personajes que le atraigan votos. Políticos o ciudadanos ganadores. No hay de otra: o suma a la gente con estructura territorial, con alta aceptación ciudadana en los estados o no podrá alcanzar mucho menos derrotar a AMLO.

No todo se reduce al jolgorio del destape…

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.