En los partidos abundan los políticos enmascarados

El Partido Acción Nacional es el que más fácilmente les ha abierto la puerta a militantes de cabotaje que una vez que usan los colores azules se desenmascaran y dejan al instituto político para retirarse en busca de nuevos horizontes.

El caso más sonado es el de Mario López Valdez que ridiculizó al PAN estatal luego de haber comprado el empaque azul para lanzarse en pos de la gubernatura sinaloense.

El hombre llegó del Partido Revolucionario Institucional luego de hacer un berrinche porque el dedazo cupular le quitó la candidatura en el año 2010 y entonces se convirtió en el Chapulín Azul y celebró un concubinato por conveniencia que al final lo llevó a sentarse en la silla gubernamental.

Como dijera José Alfredo Jiménez: “En las primeras lecciones se sabía lo que intentaba”.

López Valdez desde un principio marcó distancia con una franja no domeñable del partido azul llenó la cuartería gubernamental con muchos invitados del Partido Revolucionario Institucional aunque también convidó al banquete de la primera mesa a miembros del PAN y del PRD que por supuesto tuvieron también su tajada grande.

El exgobernador terminó su sexenio diciéndose que era de todos los partidos pero ahora nadie lo quiere entre sus filas.

Por esos mismos lances se observa a Martín Heredia Lizárraga que hace poco más de cuatro años le patió el bote al Partido Revolucionario Institucional. Todo era  una táctica empleada para meterse hasta la cocina del PAN y se sirvió con la cuchara grande porque fue convertido en diputado federal sin carrera partidista y solo le sirvió renegar del PRI para que le regalaran una posición electoral.

No conforme con “curuliarse” con el favor del PAN trabajó sucio en el año  2016 para inclinar el fiel de la balanza electoral y los panistas le entregaron la estafeta cuando en el pasado reciente creyeron que decía la verdad y nada más que la verdad cuando le preguntaron si sus genes y sus huellas dactilares ya eran azules.

Como era de suponerse tronó al panismo y de paso rechinó de coraje porque lo descubrieron jugando traiciones en el tablero del panismo estatal.

Ahora dice que es independiente y enloda como antes lo hizo contra el PRI.

Otra albóndiga del mismo caldo es Armando Leyson Castro que migró del PRI al PAN y luego de hacer un cochinero como presidente municipal de Guasave quiere lanzarse nuevamente por la alcaldía pidiendo prestado el traje de algún partido aunque también dice que podría jugársela como independiente. Si Chuy, como no.

Quien quiere recetar el mismo chocolate es el exalcalde de El Fuerte, Eleazar Rubio Ayala, a quien se le recuerda por su trapecismo político  ya que anduvo por los carriles del PRI y luego pasó sus simpatías por el PRD, paladeó al Partido Acción Nacional y ahora quiere buscar el traje de Morena para competir en la contienda que viene.

Víctor Sarmiento que figura como el primer alcalde fortense de vena azul cojea del mismo pie.

Por el lado del perredismo hay que recordar a Saúl Rubio Valenzuela expresidente del municipio de Sinaloa que también resultó poco fiel a sus ideologías y desconoció todo código moral y ético para embarcarse en la actividad política se le recuerda por que tuvo una fugas pasión platónica por el Partido Acción Nacional hace tres trienios  pero en el partido azul le hicieron el fuchi por su hambre de poder y patió el bote y se refugió en el Partido de la Revolución Democrática.

Ahora anda en espera de traje nuevo para buscar una posición política que le de oxígeno a sus bolsillos y a sus empresas.

Esa es la fotografía de los políticos que se enmascaran como militantes por conveniencia para meterse a las elecciones.

Ya acabe.