Con muy bajas defensas, el PRI rumbo a 2018

Puesto en el arrancadero rumbo a 2018, el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza da por hecho la permanencia del tricolor en los Pinos. Sin pedirle permiso al cerebro, el economista filósofo blasona que su partido “trae inercia ganadora”. No intentaremos lecciones de gramática.

Vamos a poner las cosas del siguiente tamaño: El 4 de junio el PRI perdió Nayarit. El Estado de México le fue obsequiado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Coahuila no es aún “cosa juzgada”.

Inercia ganadora, dice Ochoa Reza. Punto 1) La noche del 5 de junio, la presidenta del Instituto Electoral de Coahuila, María Gabriela de León anunció que el candidato del PAN, Guillermo Anaya, punteaba en los resultados electorales preliminares.

Se vinieron los ajustes de conveniencia mafiosa de los resultados. Aun así, los consejeros electorales estatales le asignaron al candidato de la alianza PRI-Panal-Verde, Miguel Riquelme, 482 mil votos contra 451 mil de Anaya.

El dato que importa es el siguiente. Con independencia del abstencionismo y la anulación de sufragios, el recuento final fue de un millón 284 mil votos. Riquelme habría logrado, manipuladas las cifras, menos del 37 por ciento de la votación total.

Del Mazo, apenas 25  por ciento de legitimidad

Punto 2) Estado de México. Es de subrayarse el hecho de que la entidad es cuna de Enrique Peña Nieto. Alfredo del Mazo Maza llegó al palacio de Toluca con calzador y camisa de fuerza. No es necesario hablar del mapachismo rosado.

Los números hablan: El listado nominal dio cerca ocho millones de potenciales electores. Los registros dieron una votación de seis millones ochenta mil electores el 4 de junio.

Anuladas casi 200 mil boletas, se adjudicaron a Del Mazo Maza dos millones 40 mil votos. La suma de sus tres adversarios principales fue de dos millones 637 mil votos. El candidato priista apenas alcanzó la cuota de  25 por ciento del listado nominal. Carece de legitimidad.

Controversias aparte (y aparte de la derrota en Nayarit), ¿dónde está la inercia ganadora? En todo caso, en los dos estados controvertidos, el PRI se colocó como primera minoría asistido con la complicidad de consejeros estatales y magistrados estatales y federales.

Ochoa Reza rinde culto a Rubén Moreira

Hace unos días, Ochoa Reza hizo una de sus tantas visitas a Saltillo, Coahuila, para rendirle culto al gobernador Rubén Moreira, por conservar el estado en manos del PRI.

Esta semana arrancó con revelaciones de instancias de la Universidad de Austin, Texas, que, con base en la revisión de juicios en cortes estadunidenses y declaraciones de testigos, sostienen que los hermanos Humberto y Rubén Moreira dejaron el gobierno coahuilense bajo el dominio de los Zetas.

De Humberto Moreira, antes de concluir su mandato, ya se conocían procesos en los Estados Unidos por el uso personal de recursos públicos desviados a empresas fantasma, y algunas insinuaciones sobre sus vínculos con el crimen organizado.

No obstante, Enrique Peña Nieto lo premió con la dirigencia nacional del PRI. Defenestrado y refugiado en España, se vio envuelto en escándalos que lo pusieron en la mira de la justicia peninsular. Regresó a Coahuila para contender contra el PRI el 4 de junio.

Putrefacto ramillete tricolor

 Humberto Moreira y su hermano Rubén, pues, pasan el inventario de carne de presidio tricolor: Mario Villanueva Madrid, Andrés Granier Melo, Manuel Cavazos Lerma, Tomás Yarrington Ruvalcaba, Eugenio Hernández Flores, Rodrigo Medina de la Cruz, Javier Duarte de Ochoa, Alberto Borge Angulo, César Duarte Jáquez, Jorge Herrera Caldera

Están en remojo Fidel Herrera Beltrán, Roberto Sandoval Castañeda, Egidio Torre Cantú y Eruviel Ávila Villegas, Más los que se acumulen esta semana.

A mayor abundamiento, el PRI incurre en todo tipo trapacerías legaloides para dar manto de protección al ex director general de Pemex, Emilio Lozoya Austin, imputado en lavado de dinero de la trasnacional brasileña Odebrecht, donataria a  la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en 2012.

Un putrefacto ramillete con 17 botones de muestra. Con esos oscuros expedientes, ¿es casual que desde 2013 Peña Nieto haya hecho perder al PRI cinco millones de votos? Y dice Ochoa Reza que su partido trae inercia ganadora para 2018.

El “lente amplio” enfoca a José Antonio Meade

Pero Ochoa Reza no se fatiga de expectorar disparates. En sus soliloquios afirma que en el PRI “tenemos un  ‘lente amplio’ para analizar la trayectoria de hombres y mujeres que quieran participar en nuestros procesos de selección de candidaturas”.

Es tan amplio “el lente” que alcanza a ver por encima de los muros del PRI para encontrar un candidato presidencial no militante como José Antonio Meade Kuribreñas. La corrupción ha dejado una caballada muy flaca en el interior del PRI. Tiene que salir a la calle a buscar a quien abanderar.

El tricolor de los cinco títulos académicos siente que el piso se le mueve. Se pone el guarache ante de espinarse. Anuncia que para la elección de candidatos se trabaja con los liderazgos locales (sic), para evitar fracturas, haciendo abstracción de que en la mitad de las entidades de la República está fuera del poder y no existen tales “liderazgos”.

Tan es así, que en la Ciudad de México, donde el PRI está en el exilio desde hace veinte años, Peña Nieto tuvo que importar de Toluca al impresentable Eruviel Ávila Villegas.

De otro lado, para cerrar este espacio, el Instituto de Capacitación Política del PRI anuncia la inauguración de su escuelita para dotar de sabiduría a sus candidatos al 18: Obviamente, incluyendo al nominado presidencial.

A nadie mejor que a Meade Kuribreñas le acomodarán esos talleres. Éstos servirán para que los abanderados se empapen en el conocimiento de los documentos básicos del tricolor. De párvulos. Al propio Ochoa Reza no le hará mal conocer algunos manuales de gramática; especialmente de sintaxis. Es cuanto.