A la baja la votación pri en Sinaloa

El primer dato que merece destacarse es que, a la desvencijada nomenclatura del PRI-Sinaloa (sus sectores son ya pieza de museo), le da urticaria rendir cuentas después de cada proceso electoral.

Cuando se conocen los resultados, por muy precarios que sean, en aquellas zonas donde se reporta algún triunfo, los burócratas tricolores buscan el arrimo a quien puede dispensar favores.

El segundo dato es que al PRI-Sinaloa no puede renunciar a sus prácticas mapachiles, de lo que resulta la baja y controvertida la calidad de las elecciones.

El tercer dato es que, sólo a costa de inhibir la participación ciudadana, el PRI en el poder puede aspirar a la victoria: Su votación va en sentido inverso al incremento del listado nominal de electores. Esto es, a la baja.

Pongamos a la carta algunos números: En la elección de gobernador en 1998, con una votación de 897 mil electores, el PRI se alzó con la gubernatura con 398 mil votos. En 2004, la victoria se dio con 427 mil  de 897 mil votos.

Hasta entonces, el PRI no se necesitó vejigas para nadar.

En 2010, sin embargo, aliado ya al Verde y al Panal, con 515 mil votos, de un millón 905 mil empadronados, su registro se quedó en 47 por ciento del total. Fue derrotado por la alianza PAN-PRD del traidor Mario López Valdez.

En 2016, el PRI volvió a Palacio nuevamente con la misma alianza, pero de un listado de dos millones 340 mil electores, apenas alcanzó, con Quirino Ordaz Coppel, 427 mil votos. Los números relativos indican que menos de 20 por ciento del potencial electoral.

Aquí entramos en otro escenario: Cuando el PRI se enfrenta a una oposición fuerte, competitiva, acude a todo tipo de trapacerías que son la deshilachada marca de la casa: El año pasado, con todo y sus marranadas, no pudo evitar que el Partido Sinaloense (PAS), acaudillado por Héctor Melesio Cuén Ojeda, se erigiera en la segunda fuerza electoral del estado.

El resbaladizo tobogán tricolor no es privativo de Sinaloa; es resultado de lo que se da en la mitad de las entidades federativas donde el PRI dejó de ser gobierno como consecuencia de la pérdida de casi cinco millones de votos a nivel nacional desde 2013.

Enrique Peña Nieto ha resentido esa afrenta a pesar de que hasta el 4 de junio pasado enfrentó a las oposiciones con su histórica fauna de acompañamiento.

No le valieron al PRI ardides en Nayarit y los resultados en los estados de México y Coahuila, tuvieron que ser jalonados en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Ahora mismo, cuando ya ha quedado perfilado el candidato presidencial, Enrique Ochoa Reza anda desesperado buscando qué partidos están dispuestos a arrimar su sardina a su declinante fogón. No le está resultando fácil la operación.

Los partidos Verde, Nueva Alianza y Encuentro Social, leales al tricolor hasta junio pasado, otean ahora otros caminos, aunque no en solitario: Están buscando cobijo en el Frente Ciudadano de México.

El asunto no es qué; sino cuánto. De cuanto es la cuota que los operadores del Frente están dispuestos a soltar en el reparto de las candidaturas al Congreso de la Unión.

Especialmente los chicos verdes, pretenden la opción frentista para conservar su única gubernatura: La de Chiapas en manos de Manuel Velasco Coello. Éste se puso de novio solo esperando ser llamado a la candidatura a la Presidencia. No tomado en serio, al Verde no le queda más alternativa en aquel estado que, de lo perdido, lo que aparezca.

Nueva Alianza coqueteó con el Frente también. Pretendía posiciones relevantes en la Ciudad de México. Está hoy a punto de quedarse como el perro de las dos tortas.

Nueva Alianza permanece como estatua de sal, en espera de un  halo mágico: Que, descartado el ahijado de Elba Esther Gordillo Morales, Rafael Moreno Valle  por el Frente Ciudadano, no apueste éste a ser independiente, sino por la franquicia panalera que se mantiene a la expectativa al llamado a zafarrancho.

El PRI carece de estrategas eficaces para enfrentar el 2018. Está en espera de línea para que Peña Nieto suelte a Aurelio Nuño a fin de que se haga cargo de la coordinación de campaña de Pepe Meade. Pero eso sí, la sopesa la posibilidad de jalar a su causa a grupos políticos o personajes con fuerte arrastre en las entidades dado el desgaste de los “cuadros” priistas locales y estatales.

Se percibe, sin embargo, una visión estrecha en el equipo de Ochoa Reza, que tal parece ya se desinfló: La mirada no le alcanza más allá del estado de México y la Ciudad de México. Creen que en este corredor está la apuesta definitiva. Ambas demarcaciones tienen un potencial de unos 15 millones de votos, pero hoy por hoy las elecciones se ganan con mil o 5 mil votos. O con cien.

Ochoa Reza está meando fuera de la olla: El PRD está exigiendo al Frente “mano” en la Ciudad de México a fin de parar a Morena. Entre los dos partidos, PRD y Morena, tienen el control clientelar de la masa votante.

La decisión de colocar en la CDMX al ex gobernador mexiquense Eruviel Ávila Villegas para la operación del 18 está resultando una aberración. Ha invadido el comité regional con puro paisano extraditable.

Apenas el fin de semana pasado, dio Ávila Villegas muestras de su escasa sensibilidad. Se convocó a las mujeres priistas a un foro de capacitación. La asistencia fue copiosa.

Pero el “líder” brilló por su ausencia. El mujerío se pronunció en aclamación de la ex dirigente Mariana Moguel Robles (hija de Rosario la ex perredista). ¡Senadora! ¡Senadora! Aclamaron las porras.

Otro que no mastica a Ávila Villegas es el “príncipe de la basura”, Cuauhtémoc Gutiérrez. Éste, antecesor de Mariana Moguel, tiene el control territorial de la estructura priista en la zona metropolitana. Ya exclamó: “Si saben contar; no cuenten conmigo”.

Estas observaciones son necesarias a cualquier análisis sobre las expectativas priista para el 18: Hacia donde se vuelque electoralmente el Valle de  México, se volcará el resto del país. Esa es la tesis con la que se mueve el CEN del PRI, pero consideran que para garantizar un triunfo requieren de los votos de otros estados. Sobre todo, para mantener el control de la Cámara de Diputados y de Senadores. No basta entonces con un posible triunfo de José Antonio Meade.

Repetimos, el potencial electoral de ese corredor, Ciudad de México-Estado de México, es de unos 15 millones de votantes: Entre 2015 y 2017 en ambas entidades sólo Morena y el PRD se alzaron en ese periodo con más de siete millones de votos. En la Ciudad de México el PRI es cuarta fuerza electoral.

Dicho hasta hoy, el PRI tiene más preguntas que respuestas para desentrañar el acertijo del 18.

Sobre todo en los estados. Estados como Sinaloa en donde sus votos van a la baja.

 

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.