2018/ PRI: “Venceréis pero no convenceréis…”

Después de que, desde 2013, Enrique Peña Nieto ha hecho perder al PRI cinco millones de votos, por otras razones periféricas pero sustanciales, en 2017 el nivel de aprobación popular de su gestión fluctúa entre 10 y 15 por ciento.

Es el mínimo histórico de un Presidente de la República colocado en la tesitura de su sucesión, incluyendo al genocida panista Felipe Calderón.

Con independencia de los justificados cuestionamientos del retorno del PRI a Los Pinos, Peña Nieto cabalgó a lomo de sus llamadas “reformas transformadoras”, cuya inercia lo colocó en un rango de popularidad por encima de 50 por ciento de popularidad.

Los días crepusculares del Peñismo

El fracaso en la instrumentación de las reformas constitucionales, aunado a factores geoestratégicos externos, ha colocado al mexiquense en el tobogán de una adversa opinión pública.

Después de que Beatriz Paredes Rangel entregó la jefatura nacional del PRI a Pedro Joaquín Coldwell, han pasado por la titularidad de la dirigencia Humberto Moreira, César Camacho Quiroz, Manlio Fabio Beltrones Rivera y Enrique Ochoa Reza.

Paredes, Joaquín y Beltrones, antes de llegar a la dirección nacional del PRI, habían acreditado un macizo historial legislativo y administrativo,  y su paso por las gobernaciones de Tlaxcala, Quintana Roo y Sonora. Eran, pues, previamente, avezados operadores políticos.

No obstante, no lograron revertir la dinámica perdedora del PRI en los procesos electorales a partir de 2012, que han limitado la presencia del tricolor a la mitad de las entidades de la República y ha resentido una nueva correlación de fuerzas, particularmente en las cámaras del Congreso de la Unión. El hándicap del partido en el gobierno con rumbo al 18 es absolutamente negativo.

Todos los huevos en la canasta de la mercadotecnia

Ese fenómeno tiene una doble explicación: 1) El PRI renacido volvió a sus usos y costumbres, confiando su suerte electoral al jefe del Ejecutivo federal quien porfió en actuar como factótum en cada campaña priista, y 2) Peña Nieto, con espíritu aldeano, dejó de lado la Comunicación Política y, con graves consecuencias, la Comunicación Social. Ésta quedó en una reducción al spot.

El comportamiento del actual Presidente de la República es un tanto desconcertante, dado su origen político en el estado de México. Desde Adolfo López Mateos, pasando por Carlos Hank González, el grupo dominante mexiquense se caracterizó por una visión universal y supo sacarle rendimientos electorales a la propaganda política, instrumento imprescindible de toda formación partidista en acción.

Desde el primer trienio de su mandato, Peña, Nieto enclaustrado en los límites territoriales de su estado, fue convencido de prepararse para contender por la Presidencia de México echando toda la carne al asador en la lumbre de la mercadotecnia.

No es ocioso tenerlo presente: El marketing no es más que el ordenamiento y aplicación eficaz de una serie de técnicas para posicionar en el mercado determinados artículos y productos de consumo ordinario. Obviamente, la propaganda política es otra cosa. Su insumo son, básicamente, las ideas.

El fracaso de los aprendices de brujo

Ya en campaña presidencial, Peña Nieto consideró indispensable crear una división de mercadotecnia. Asignó la conducción de esta estrategia a Aurelio Nuño Mayer, un egresado de la Universidad Iberoamericana (UI) sin experiencia ni atributos en el combate político.

Aunque en los resultados electorales de 2012 -sin darse aún como “cosa juzgada” en algunas instancias de procuración y administración de la justicia federal- todo influyó, menos la mercadotecnia, Peña Nieto premió a Nuño Mayer como jefe de la Oficina de la Presidencia.

En Los Pinos, con otros dos egresados de la Ibero, Nuño Mayer asumió arrogantemente su condición de estratega. En la práctica, ningunearon a David López Gutiérrez, con más de tres décadas de experiencia en el manejo de la relación con los medios.

Puestas en el marco del modelo neoliberal y sus fines, las “reformas transformadoras” se vendieron por si solas entre 2012 y 2015; año este en que se cerraron las expectativas del plan de gobierno y los índices de aceptación de las políticas, sobre todo la económica, de Peña Nieto, empezaron a descender.

Eduardo Sánchez, chalán de los concesionarios

El chivo expiatorio  fue López Gutiérrez. La trinca de Los Pinos reventó al sinaloense. Peña Nieto trasladó de la Secretaría de Gobernación a Los Pinos a Eduardo Sánchez Hernández, tratando de sacar al buey de la barranca.

Por supuesto, Eduardo Sánchez Hernández surgió del establo de la Universidad Iberoamericana (donde Vicente Fox resultó “destripado”).

En estricto rigor, Sánchez Hernández sólo había aventurado en la política arrimando su sardina al fogón de la campaña presidencial del malogrado Luis Donaldo Colosio. Luego del asesinato del sonorense, a Sánchez Hernández sólo se le volvió a ver en el PRI hasta casi 20 años después; en 2011-2012.

Es evidente que lo fuerte de Sánchez Hernández no es la política. En su propia ficha biográfica incluye su condición de empresario. De su vocación de empresario dio señales desde su tesis para lograr el título en Derecho: Procedimiento Concesionario en Materia de Vías Generales de Comunicación.

Tuvo que ser titular de alguna concesión pública para ser primero tesorero y más tarde secretario (1997-2003) de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT), bajo control del duopolio televisivo.

El dato que pinta de cuerpo entero a Sánchez Hernández es su carácter de vicepresidente y consejero de estrategia y coordinación de Joaquín Vargas, presidente del Grupo Multivisión (MVS)

Es de subrayarse ese dato: Los hermanos Vargas, concesionarios de MSV, se lanzaron a la cacería de Carmen Aristegui cuando su grupo de investigación dio con la Casa Blanca de Angélica Rivera, esposa de Peña Nieto.

En el periodo del escándalo, Sánchez Hernández fungía como subsecretario de Normatividad de Medios de la Secretaría de Gobernación; dependencia dispensadora de premios y castigos a costa del presupuesto de publicidad gubernamental.

Botado de Los Pinos David López Gutiérrez, Eduardo Sánchez Hernández pasó de Gobernación al encargo de vocero de la Presidencia de la República.

Monstruoso despilfarro peñista en publicidad

¿Contra qué se evalúa la caída de Enrique Peña Nieto en los índices de popularidad? Contra un monstruoso gasto de casi 38 mil millones de pesos en publicidad (subejercicios de casi 71 por ciento por encima de lo autorizado por la Cámara de Diputados) de 2013 a 2016.

De acuerdo con una compulsa de ese gasto, 10 mil millones de pesos habrían facturado a Los Pinos solo Televisa y Televisión Azteca. (Dicho sea de paso, esa erogación no alcanzó a cuadrar los balances de Televisa, puestos en números rojos, y a su director general, Emilio Azcárraga Jean lo puso con un pie, no en la calle, sino fuera del despacho ejecutivo más importante del corporativo).

Se estima que, al concluir el sexenio, Peña Nieto habrá gastado 60 mil millones de pesos por ese concepto, sin lograr mejoría en la imagen propia y la de su administración.

Brutal resistencia contra la regulación del gasto publicitario

A la luz de ese improductivo despilfarro del erario público, no es casual que, desde las troneras de los medios electrónicos concesionados, se haya expresado una brutal resistencia contra la iniciativa de regulación de la publicidad oficial.

(Dicho sea de paso, el manual propuesto hace unos meses por el Instituto Nacional de Acceso a la Información Pública Gubernamental y de Protección de Datos Personales -INAE- para marcar lindes entre la noticia y la opinión, fue también dinamitado desde esas mismas trincheras.)

El caso viene a tema porque precisamente hoy, 15 de noviembre, el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación tiene una sesión que puede ser histórica: Hoy dará su dictamen al pleno sobre ese asunto el ministro ponente Arturo Zaldívar Lelo de la Larrea.

Eventualmente, la sentencia de la Corte podría ordenar al Congreso de la Unión darle curso de ley a la iniciativa en cuestión. El plazo fatal podría vencerse el 30 de abril de 2018.

De acuerdo Ana Cristina Ruelas, vocera entre otras de la fundación Artículo 19 -promotora ésta del recurso de amparo contra un Congreso omiso- dejar manos libres al gobierno (en el crítico momento de la sucesión presidencial), por la resistencia de los legisladores a atender el reclamo social, “sigue perpetuando violaciones a la libertad de expresión y genera un efecto inhibidor o de control indirecto sobre los medios, impactando directamente en el derecho de la sociedad a ser informada”.

De todas formas, aun si se legislara el tema al 30 de abril próximo, para entonces Peña Nieto podría alardear: Lo bailado nadie me lo quita. Un canto de Pirro frente a tan magros resultados del descomunal gasto publicitario.

¡Porque están sobrados de fuerza bruta…”

En lo que los ministros de la Corte deliberan y resuelven, Enrique Ochoa Reza empieza a revelar como masca la iguana dentro del PRI con miras a la Convención Nacional de Delegados que elegirá a su candidato presidencial y los correspondientes al Congreso; convención a la que tendrán derecho de admisión, se dijo en la asamblea nacional de agosto, diez mil sedicentes priistas.

Para que “no se hagan bolas”, proceso tan “democrático” tiene los siguientes límites: Antenoche se reunió la Comisión Política Permanente: 100 individuos. Esos “notables” recibirán de Ochoa Reza la lista de los que integrarán la Comisión Nacional de Procesos Internos y la Comisión de Designación de Candidatos: ésta, para repartir 50 por ciento de las nominaciones entre mujeres, jóvenes e indígenas. El otro 50, según palomeo del lápiz más veloz de Los Pinos. El círculo de grandes electores no pasará de 200.

En tanto, Ochoa Reza ambula febril por los pasillos de la acéfala Fiscalía Especializada en la Atención de Delitos Electorales de la también descabezada Procuraduría General de la República con gruesos machotes exigiendo castigos a los partidos de oposición; incluyendo la cancelación registros.

Es ante este ruin espectáculo que rescatamos la heroica expresión de don Miguel de Unamuno (12 de octubre de 1936): ¡Venceréis, pero no convenceréis! sobrados de fuerza bruta pero carentes de razón y derecho. Lo dijo en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, respondiendo al primate uniformado José Millán-Astray, quien expectoraba: ¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!

Aquello costó en España un millón de muertos. En México ya llevamos abonados 300 mil. Es cuanto.