Sinaloa: Economía inmoral y violencia

(Primera parte)

En un momento de la historia universal, cobrar intereses del capital era pecado, Santo Tomas de Aquino, se horrorizaría con el nuevo modelo económico y con las tasas de interés de bancos y comercios del siglo XXI…” El Autor

El 84 por ciento del PIB en Sinaloa lo producen 9 empresas locales. Este dato da marca de identidad a la desigualdad en el estado. La economía estatal tiene decenios que no crece sino todo lo contrario. Los salarios en Sinaloa son de los más bajos en el país porque están relacionados con la economía agrícola, la pesca y la ganadería. Si bien es cierto el turismo ha crecido (sobre todo el nacional) los salarios promedios en esta actividad que tanto presumimos son de 6 mil pesos (Jorge Castañeda, Milenio).

La actividad industrial en Sinaloa es casi nula, salvo la que realizan la Costeña, Atún Dolores y Productos Chata en procesamiento de alimentos. La industria extractiva minera no pinta en el panorama económico ya que sus ganancias son colocadas en el extranjero. De esta suerte Sinaloa tiene una posición económica de media tabla para abajo (lugar 22 de 32 estados). De no ser por la masa monetaria producto del narcotráfico, no es exagerado decir, que nuestra economía sería una de las más atrasadas del país.

Urge una política de estado para la industrialización de Sinaloa, sin embargo la estrategia de desarrollo económico que se advierte es la misma que hace 60 años. El Consejo para el Desarrollo de Sinaloa (Codesin por su acrónimo) se ha gastado más de mil millones de pesos en los últimos 20 años, sin que hayamos crecido un ápice en nuestro PIB. Un verdadero crimen de lesa economía.  

Mientras estados como Aguascalientes, Querétaro, San Luis Potosí, Baja California, Nuevo León y Jalisco crecen a tasas constantes, algunos como Querétaro arriba del 5 por ciento anual, Sinaloa esta estacionado desde hace más de 40 años, con productividad decreciente habida cuenta su dependencia de una economía agrícola sin valores agregados.

Michoacán ha desplazado a Sinaloa en su valor de producción de productos agrícolas, producto de la necedad gubernamental de continuar con el mismo modelo de producción y los mismos cultivos. La agricultura se ha convertido en un buen negocio para los líderes empresariales del sector. No hay líder agrícola privado que no esté en jauja, mientras los campesinos del sector “ social” viven en la permanente penuria.

La opacidad de la Asociación de Agricultores del Río Culiacán en materia de finanzas y que preside Sergio Esquer Peiro, (ex dirigente de Codesin)  mueve a las dudas razonables.

Dentro de los 17 compromisos que se establecieron dentro de los Objetivos de Sustentabilidad de la ONU, destaca la necesidad de que los países que lo suscriben, entre ellos México, trabajen para conseguir “empleos decentes”, de lo que se infiere que la más alta autoridad internacional considera que hasta el momento, los salarios en México, son indecentes, incluidos los de Sinaloa.

Según el coeficiente Gini, que mide la desigualdad en el mundo, México es uno de los países más desiguales del orbe y Sinaloa no tendría por qué ser la excepción. La banca mexicana es una de las más productivas del mundo y sin embargo la relación crédito/ producto interno nacional, es de las más bajas de los países de la OCDE de la que México forma parte. La diferencia entre tasa pasiva (ahorro) contra la activa (crédito) es brutal.

Ningún país del mundo presenta los diferenciales de una tasa pasiva del 2.70 contra créditos del 30 por ciento o más. La banca usurera es una de los lastres más oprobiosos para la economía nacional y local.

En el ámbito de crédito comercial, el agio se agudiza hasta llegar a tasas del 70 por ciento  logrando las casas comerciales ganancias exorbitantes e inmorales. Es curioso como los empresarios locales y nacionales, están presionando por el establecimiento de instituciones de transparencia y rendición de cuentas (accountability y check and balance) y son omisos en abordar el tema de la desigualdad en Sinaloa y en México. La cláusula de embarazo en las mujeres en Sinaloa y en México es el principal motivo de desigualdad salarial y laboral.

En Sinaloa las mujeres ganan hasta un 37 por ciento menos que los hombres en igualdad de obligaciones laborales y de puesto ¿dónde están las voces feministas? ¿Dónde los luchadores sociales? ¿Dónde está la voz de Enrique Pung acusado por Isabel Cebreros Bringas de violentar sus derechos laborales?

El trabajo infantil sigue siendo una constante en muchos campos agrícolas. La negativa a proporcionar seguro social e Infonavit es una violación constante a los derechos humanos laborales y de eso no hay noticia o declaración de las hiperactivas cámaras empresariales, más ocupadas en temas políticos que en asuntos de equidad y justicia social. Son jueces en casa ajenas y nunca en la propia.

El movimiento sindical en Sinaloa es inexistente por lo que la desigualdad y los abusos están a la orden del día. Sin embargo esta palpable realidad no es noticia que interese a los grandes periódicos propiedad de la oligarquía sinaloense, ni a las aburguesados comentócratas instalados en las columnas de opinión del periódico Noroeste, siempre en campaña electoral en apoyo de su accionista principal y precandidato al Senado Manuel Clouthier Carrillo, como lo acreditan un día sí y otro también las columnas de opinión obsequiosas con el ex empresario devenido en político. 

No se necesita ser un avezado analista o sociólogo para colegir la relación proporcional y directa que hay entre pobreza, desigual salarial, patrimonial y violencia en Sinaloa. Los punteros, halcones y puchadores, son hijos naturales (no putativos) del sistema económico que rige en Sinaloa. Las oportunidades de empleo y de movilidad social están cuesta arriba. Los salarios de hambre son una constante. Una empleada de Sanborns con 10 horas de trabajo al día gana 3000 pesos al mes  y las obligan a firmar su renuncia en blanco. La anterior cantidad es el promedio de salario mensual.  Un empleado de una gasolinera gana 1000 pesos a la quincena. Es vergonzoso. La bestialidad con la que los capataces y algunos agricultores tratan a los trabajadores agrícolas que vienen del sur de México, exigiría la intervención de la OIT (organización internacional del trabajo). La cosificacion de los trabajadores del campo es una vergüenza para nuestra economía agrícola que tanto presumimos, no generalizo desde luego pero el brutal tratamiento, es casi mayoritario.

Es irritante, advertir un dia si y otro también como los “líderes” empresariales son entrevistados para “ disertar” sobre los más diferentes problemas políticos, como si la posición obtenida en cenáculos de no más de 10 les diera la capacidad, la cultura y el discernimiento para abordar cualquier tema y  como si el puestecito otorgara lo que natura debería de brindar. La Economía inmoral, encuentra en varios de estos personajes (no todos, que conste) por la vía de la omisión y la simulación, los principales resortes para continuar con un estado de cosas que en Sinaloa lleva más de 60 años.

Las mismas elites recicladas con los mismos apellidos y uno que otro advenedizo, oponen una resistencia férrea a un nuevo modo de economía más decente, horizontal, cooperativa y colaborativo. En el pecado de ellos, todos estamos viviendo la penitencia. La violencia común, se exacerba día con día. Los asaltos, los robos a casa habitación y de automóviles van a la alza. Los crimínales en cualquiera de sus acepciones son un producto social y la desigualdad un poderoso acicate para dar el mal paso para el reclutamiento voluntario o forzoso. La obligación para combatir el flagelo de la violencia, no es privativo del estado o gobiernos. Las responsabilidades empresariales no se constriñen a la generación de empleos.

El concepto de Responsabilidad Social Empresarial y los Objetivos de Sustentabilidad Global, mandatan bajo el programa 20/ 30 de la ONU, una ética de la responsabilidad empresarial suplementada para el compromiso claro, objetivo y transparente con las más diversas causas sociales y los derechos humanos. Basta de rollo y de lavado de conciencia con teletones y redondeos que otros pagan, llegó el momento de meterse la mano a los bolsillos para ayudar de verdad. Si no es así, no lloren como señoritas lo que se pudo defender con una nueva ética de la responsabilidad empresarial.