Rubén Rocha: militante “arco iris”

“El hombre de Batequitas”, Rubén Rocha Moya, ¿ya exploró la posibilidad de contender por la comisaría de su comunidad? Digo. Tantos golpes electorales sufridos le hacen merecedor a que sus coterráneos le den título de “Hijo predilecto” de la familia Chamoy. La sal le escurre por todos los poros. Únicamente le va bien con sus amigochos del PRI

Pero Rocha Mocha no ha logrado entrar a “la edad de la razón”. Porfía en transitar por el sinuoso sendero en el que tropieza piedra con piedra, pero no escarmienta. O como ya pregonan en el portal La Izquierda/por la Regeneración de Sinaloa que lo instalan como espía o infiltrado en Morena o perdió el juicio.

Sus contemporáneos aseguran que, cuando en 1986 hizo la finta por la gubernatura por el Movimiento Popular Sinaloense (MPS), lo hizo consciente de que sus expectativas eran precarias, pero quiso servir a la causa del priista Francisco Labastida Ochoa en contra del Maquío Clouthier. Sacudía con sus huestes izquierdistas las zonas de mayor penetración del PAN para regocijo de los labastidistas.

No alcanzó Rocha ni siguiera los 10 mil votos directos ¿Qué esperaba?

En 1998 Rubén bajo las siglas del Partido de la Revolución Democrática volvió a meterse en la brega electoral. Su injerencia benefició al priista Juan S. Millán: entre los dos hicieron morder el polvo a Emilio Goicoechea Luna. De ese punto de partida, el izquierdista comenzó a mutar de piel partidista.

No es difícil deducir que la figura de oligarca rural-intelectual le da sabor y color al perfil de “luchador de izquierda”, como suele identificarse en su autobiografía Rocha Moya. Pero suena el maíz en la batea y pronto reacciona al sonido.  Le gusta prenderse de la mazorca.

Con qué cara, en 2004, Rocha Moya puso su militancia de “hombre de izquierda” a la orden del priista Jesús Aguilar Padilla, con quien ya en Palacio cobró como jefe de asesores y como operador para “identificar” a los reales luchadores sociales y buscar como “arreglarlos”.

En el 2016 refrendó su vocación-militancia priista. En premio por su trabajo en campaña, Quirino Ordaz lo premió con la coordinación de asesores del gobierno estatal, oficio que aprendió con su amigo Aguilar.

Militante “arco iris” se le podría catalogar: Tres colores del PRI, amarillo del PRD, verde del Ecologista de México y rojinegro del Partido del Trabajo. Después de la derrota en su segunda intentona coaligada de ser gobernador, se le debe haber diagnosticado daltonismo.  Acaso requiera ya del Lazarillo.

Daltónico, decimos: Hoy lanza anzuelos a Morena. Mientras que el partido de su vieja querencia, el PRD, cae rendido en el regazo del derechismo católico-empresarial del PAN, encarnado por Ricardo Anaya Cortés -para tratar de darle en la línea de flotación a Andrés Manuel López Obrador-, nuestro “luchador de izquierda” recluta a quien se deja para reforzar la trampa contra el tabasqueño.

Acreditados politólogos y académicos “no alineados” que tienen su tribuna de expresión en la Ciudad de México, a la vista de las alternativas partidistas para 2018, coinciden que Morena-López Obrador abanderan una verdadera opción de izquierda.

A mayor abundamiento, conforme el tabasqueño sigue subiendo en rating de 2018, los más influyentes medios de comunicación  de los Estados Unidos y voceros mismos de Washington, enciendan las luces de alarma por la posibilidad de que se haga de la Presidencia de México, “un abanderado de la izquierda”.

Enrique Ochoa Reza y Claudia Ruiz Massieu Salinas; Alejandra Barrales y Ricardo Anaya Cortés; Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón; los jerarcas de la Asociación de Bancos de México, Wall Street y Washington, temen del arribo a Los Pinos de un “delirante de izquierda”. Para estar a la altura, Rubén Rocha Moya, el “luchador de izquierda” sinaloense,  también teme.

¿Dónde están las bases sociales, con potencial electoral, que acaudilla Rocha Moya? ¿Son las mismas o diferentes que las que en “multitudinaria” marcha encabezan el otro izquierdista, Audómar Ahumada, y los flexibles hermanitos Guerra? Imposible saberlo y contarlas entre tanta abundancia y el ruido del maiceo que se escucha en el piso de remates del 18.

No sirve de nada sumar todos los votos que en dos campañas por la gubernatura sumó el susodicho. Además de no moverse de los cuatro dígitos, la experiencia dice que “agua pasada no mueve molino”.

Pero no tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre. No tiene Rocha Moya presencia en las calles o en las plazas públicas. Pero, ¿qué tal en las tertulias con los priistas o en los cafés de las plazas comerciales y su reproducción en algunas columnas de entremeses?

¡Conspiración! con aroma de café, la de esos grupúsculos; no las de doña Josefa Ortiz de Domínguez y doña Leona Vicario que, en lucha contra la monarquía colonialista, desde entonces fueron etiquetadas como mujeres de izquierda.

Que en Sinaloa las ha habido, aunque la Tere Guerra quiera adornarse con el título de pionera en el combate por la emancipación de “los de abajo”,  si bien lo hace desde muy arribita, como Simón del Desierto, en la cumbre de su columna (periodística).

Son los signos de los tiempos electoreros que abren todas las ventanas a la “grilla” a los oportunistas y conspiradores. Si en la mera Ciudad de México la subasta de voluntades y complicidades está en pleno apogeo, ¿por qué aquí no se monta la feriecita con mucha, mucha feria, de por medio? De eso se trata la democracia “representativa”. ¡Atáscate, Matías, de esto no hay todos los días!

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.