Pobreza deja más damnificados que sismos y huracanes

Gobierno federal sí politiza ayuda a víctimas

Carencias históricas del pueblo, sin atención

Trata de mimetizar sus “ases” con militares

Las tragedias en México se politizan porque es la coyuntura para lavar la cara y revaluar la credibilidad del gobierno federal. Con la ayuda de los grandes medios de comunicación, pone a las víctimas de terremotos y tormentas en el centro de la preocupación del país para tender un manto de olvido temporal sobre el drama de casi 96 millones de mexicanos que CONEVAL considera “vulnerables”, el 79.5 de la población, destacando entre ellos 53 millones de pobres y más de 10 millones de pobres en condición extrema.

En los hechos la autoridad federal es el único que politiza la ayuda a las víctimas. La partidiza y en este juego de imágenes para apoderarse del favor de los millones de mexicanos que lo perdieron todo en el “Septiembre Negro”, trata de mimetizar a la clase gobernante con los regimientos militares y los cuerpos de rescate que se ganaron el reconocimiento nacional e internacional.

La manipulación que hace el régimen del término “instituciones” en el discurso para exaltar la labor social de Ejército y Marina, pretende explotar la tragedia con fines electorales cuando llegue el momento de votar en 2018.

Ningún partido, dice la demagogia oficial, debe aprovecharse del desastre y sacar beneficio político del auxilio público y privado. Lo pregona el presidente en sus recorridos por las zonas devastadas por la naturaleza.

Pero el gobierno es intrínsecamente un aparato político, con todos los recursos humanos, materiales y financieros en movimiento para mezclar la obligación con el proselitismo partidista, al tiempo que ordena a los demás: “manos fuera a los políticos”.

La vehemencia en las acciones a favor de los millones de mexicanos golpeados el pasado mes por la naturaleza, no se ha visto jamás en el combate a los damnificados históricos del país, los pobres, las víctimas de los mortales golpes de los malos gobiernos a través de políticas económicas excluyentes e injustas, y su peor engendro: la corrupción.

Esta mayoría castigada es utilizada como clientela cautiva del régimen en turno, tal y como ocurre ahora con las regiones devastadas por terremotos e inundaciones, principalmente en zonas rurales.

EL PRESIDENTE VISTE ROJO DE CAMPAÑA PRIISTA EN ACTO DE COLECTA

 Los medios nacionales dieron prueba fehaciente de que ni el presidente Enrique Peña Nieto se sustrae al uso clientelar de la ayuda con dinero del pueblo a los damnificados.

En un acto de colecta de apoyos ciudadanos, en Ciudad de México, el mandatario, su señora esposa y los más cercanos a la pareja que aparecieron en la fotografía para consumo popular, lucieron por igual chamarras rojas, idénticas a las utilizadas en la campaña presidencial de 2012. Burdo mensaje que quiso ser subliminal, pero que demuestra la intención política en la entrega de donativos que son del pueblo generoso, no únicamente del sector público. Muchas caravanas con sombrero ajeno.

Fue un recordatorio implícito y a la vez explícito de la identidad y la militancia priista que está detrás del socorro con aportaciones de todos los mexicanos y de muchos extranjeros, no sólo de los priistas en el poder.

El PRI recibe del presidente el monopolio de la explotación con fines electoreros de la suma de apoyos enviados por la sociedad internacional lo mismo que de infinidad de gobiernos, instituciones y personajes de otros países.

LOS POBRES, CLIENTELA DEL PRI A TRAVÉS DEL ASISTENCIALISMO OFICIAL

 Si acabara la pobreza en México el gobierno perdería su mayor clientela electoral. Antes la explotaban los hacendados protegidos del porfiriato. Hoy es “amo” es el gobierno, que los conserva en postración para seguir manipulándolos.

La persistencia de altos niveles de pobreza en casi todos los estados de la república, sólo puede entenderse como la política social que conviene al gobierno, sin importar si es del PRI o del PAN, con el fin de “invertir” en programas asistenciales enfocados a la captura del voto mayoritario de ese segmento de población marginada.

Esta estrategia de gobierno explica el perfil esencialmente político que exigen los ejecutivos a los encargados de la Secretaría de Desarrollo Social, federal y estatales, así como en la del Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, cascajo de lo que era la Secretaría de la Reforma Agraria.

Luis Enrique Miranda Nava, sin más mérito que ser amigo incondicional del presidente de la república, está a cargo de la SEDESOL, luego de demostrar su ineptitud en una subsecretaría de Gobernación. Su ignorancia en el ramo del Desarrollo Social, probada cada vez que trata de explicar hasta las más elementales estadísticas de la pobreza, se compensa por su conocimiento de la manipulación más oculta y tendenciosa de las campañas políticas.

MILLÁN BUENO, PRIISTA MANIPULADORA DE LA POBREZA

 En el mismo rango de aptitudes de la magia negra electorera se encuentra la titular de la secretaría homóloga de SEDESOL federal en Sinaloa, Rosa Elena Millán Bueno, encargada de vaciar los recursos a su cargo en apoyo a los objetivos del PRI en el 2018, esperando su recompensa con un cargo de más alto nivel.

Sin rubor alguno, la aspirante a un escaño -y competir por la candidatura al gobierno- hace público su propósito de entregar programas y fondos a organizaciones priistas, aprovechando la apatía y la inoperancia de sus contrapartes nacionales, PAN y PRD.

La “gerencia” de Carlos Gandarilla García al frente del Revolucionario Institucional en Sinaloa, hace más obligada la manipulada conducción de los recursos destinados a los necesitados, el blanco cautivo del asistencialismo priista, a cargo de una política que en su trayectoria política ha conocido esos caminos y sus escalas más productivas.

El compromiso de todos los gobiernos estatales priistas ya está definido desde Los Pinos y transmitido por la Secretaría de Gobernación: impedir a toda costa su derrota en las urnas.

Así se explica que el ejecutivo tiende línea de no acceso a los demás actores políticos cerca de las zonas de desastre, donde sólo las consignas priistas prevalecen.

En esa “fortaleza” puede encontrarse también la mayor debilidad de la estrategia, si las inercias de ineptitud y corrupción afectan los programas de rescate y ayuda.