No se cambia de caballo a mitad del río

La marca de la casa pinolera: Tercer relevo en la Procuraduría General de la República en menos de cinco años: La dependencia pasa transitoriamente de manos un posgraduado en la Universidad Panamericana (UP) a las de un egresado de la Escuela Libre de Derecho (ELD).

A estas alturas del partido, como diría el clásico, ya no se sabe si eso nos beneficia, nos perjudica… o todo lo contrario.

Ya ni hablar de que el Procurador es el abogado de la Nación o de la República. Basta con recordar que la Constitución y la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal le encargan al procurador la gestión del Ministerio Público, para dimensionar lo grave de la discontinuidad y la inestabilidad de esta misión.

Dos veces ha abandonado el Senado el procurador dimitente Raúl Cervantes Andrade. Sigue siendo senador con licencia. Antes de serlo, fue abogado del PRI y actor en litigios que el partido tuvo que encarar después de la aún controvertidas de las elecciones presidenciales de 2012.

Queda trunco el combate a la delincuencia electoral

La escena de esta mañana fue climática y de algún modo aleatoria: Cervantes Andrade presentó su renuncia ante la Junta de Coordinación Política de la Cámara Alta y ahí mentó la soga en casa del ahorcado. En el texto en que lista tres compromisos ineludibles, en el segundo se refiere al combate de los delitos electorales y la corrupción.

En estricto rigor, pocos resultados se aprecian hasta ahora en el combate a la delincuencia electoral, un imperativo que Cervantes Andrade deja tirado cuando la inminencia de esa forma de criminalidad se agiganta con vistas a 2018.

En cuanto al combate a la corrupción, el procurador renunciante informa en abstracto sobre investigaciones a involucrados en la obtención de recursos al través de sobornos cuyo producto fue colocado en paraísos fiscales.

Dada la magnitud de esos dos temas –criminalidad electoral y corrupción– no es fácil de entender por qué el titular de la PGR salta por la borda y lo hace antes sus pares en el Senado. Si así lo dicta la norma, bien que se observe. Dados los “usos y costumbres” lo que llama la atención es que no corra el protocolo de cortesía al jefe del Ejecutivo.

No convence el argumento de la renuncia

En esos casos se estila aquello de “causas de fuerza mayor” o “motivos de salud” para declinar al encargo en ejercicio.

¿Es suficiente, en el caso de un profesional y funcionario público maduro la coartada de que su nombre “ha sido utilizado por políticos para no aprobar proyectos de ley, entre ellos el nombramiento de Fiscal General de la República”?

Cualquier sospechosista encontraría que en esa suerte de peteneras hay gato encerrado.

Como sea, el grupo antes compacto parece seguirse desmoronando al cuarto para las doce y eso que todavía falta la nominación de candidato presidencial del PRI.

Sólo el cierre del plazo del INE, impide a los insidiosos especular que el ex procurador se animó a jugar como independiente. Es cuanto.