México llegó a la meta: ¡País de cínicos!

En menos de cuatro décadas, México ha pasado vertiginosamente “a la fase superior” de la exaltación de ineptitudes: La institución del País de cínicos.

Podemos poner como mojonera la idea-fuerza de Miguel de la Madrid condensada en la iniciativa de la Renovación Moral de la Sociedad, estancada en este sexenio en la morbosa dilación de la puesta en marcha del Sistema Nacional Anticorrupción.

En el sexenio de De la Madrid, el personaje más prominente al que se desaforó y encarceló fue el director general de Petróleos Mexicanos (Pemex), Jorge Díaz Serrano, implicado en la compra fraudulenta de un buque-tanque para la paraestatal.

No se trató de un simple charal: Había pretendido Díaz Serrano la candidatura presidencial del PRI para 1982. Cuando se le indició gozaba de fuero como senador de la República.

Entre la represalia política y la documentación del ilícito -en su monto económico de relativa gravedad-,  aquello pareció ser más bien una acción ejemplarizante que dio pie a la legislación del capítulo constitucional sobre Las Responsabilidades de los Servidores Públicos.

En 2016, el costo de la corrupción en México quedó redondeado ya en un billón de pesos. La deuda pública acumulada en este sexenio alcanzó grado descomunal: Diez billones de pesos. Una cosa viene de la otra.

Fiscal Anticorrupción: Para las calendas griegas

En estas horas, se ha tomado como coartada la renuncia del procurador federal Raúl Cervantes Andrade para dejar los nombramientos del Fiscal General de la República y del Fiscal Anticorrupción para después de las elecciones presidenciales de 2018. Que del fierro ardiente se ocupe el sucesor: El que venga atrás que arríe.

Lo describe bien el ranchero mexicano: Después de conejo ido, pedradas al matorral. No olvidar que estamos en la más pérfida de las expresiones de la corrupción: El Año de Hidalgo. Hay de aquel idiota que “deje algo” (en las tesorerías públicas).

Peña Nieto: “Es un asunto cultural”

Esta es una cápsula bíblica: Esaú fue hijo de Isaac. Vendió su sagrada primogenitura a su hermano Jacobo “por un plato de lentejas”. Sería ésta una primera tipificación del cohecho o el soborno.

Como los mexicanos hemos sido formados en la cultura judeo-cristiana, cabe inscribir aquél acto de Esaú en una tendencia “cultural”.

Tomamos ese atajo ahora que Enrique Peña Nieto, buscando asideros justificatorios, afirma otra vez que la corrupción es un “un asunto cultural; no genético”. ¡Qué hallazgo clínico!

“Suponiendo sin conceder” que la corrupción es un manifestación cultural, ¿cómo es que, de 124 millones de compatriotas, sólo los más encumbrados en la burocracia pública y las cúpulas de hombres de negocios  practican  con mexicana alegría la cleptocracia?

El putrefacto tema de la corrupción lo abordó ayer Peña Nieto y lo acompañó con otra expresión de su cuño: No cree, dice, que ningún Presidente se levante cada mañana con la intención de joder a México.

No es ese el punto. Si tal fuera esa una sospecha de los mexicanos, lo que los mexicanos exigen de cierto es que el Presidente se ocupe desde las primeras horas del día en combatir a los que  amanecen ideando nuevas maneras de joder al prójimo.

Por lo que los mexicanos claman, es porque se rompa el círculo “virtuoso” complicidad-impunidad. Sector Público-Iniciativa Privada. Las famosas “asociaciones público-privadas”.

Es esa una responsabilidad inexcusable del jefe del Ejecutivo federal y  el propio Peña Nieto tiene desde el 1 de diciembre de 2012 dándole rodeos a su compromiso.

Ayer mismo, el mexiquense tomó como pretexto la efervescencia política de la hora para darle más larga al nombramiento de Fiscal General y sacándole al bulto a la proposición de  autonomía plena a la nonata Fiscalía Anticorrupción.

Casi de burla es nombre del foro en que Peña Nieto hizo sus rudimentarios juegos verbales: “La Fortaleza de las Instituciones”, a sabiendas de que es la corrupción la que más corroe y pudre las instituciones gubernamentales y las vuelve inoperantes.

A propósito, en la inane explicación de su renuncia, el ya ex procurador Cervantes Andrade confesó que deja pendientes las indagatorias de actos de corrupción de personajes que trasladan el botín a paraísos fiscales, y los expedientes referidos a la delincuencia electoral. Y el ex abogado del PRI se fue tan campante.

Lo menos que -en nombre de la responsabilidad pública compartida y la amistad- le ex exigible al Presidente que no se levanta cada mañana “con ganas de joder a México”, es que pidiera a Cervantes Andrade: “No me dejes la víbora chillando”. “Hay que aguantar”, como en cierta ocasión le recomendó a Rosario Robles Berlanga. Pero no.

El PRI busca a un clon de Peña Nieto

La salida por la tangente de Peña Nieto tiene una segunda filosa arista. Entre las discrecionales facultades metaconstitucionales que tiene el Presidente de la República, está su condición de “jefe nato” de su partido, el PRI.

Al decantarse las resoluciones de la reciente XXII Asamblea Nacional del PRI, a Peña Nieto se le puso la cabeza del órgano partidario que tendrá a su cargo la designación de candidato presidencial para el 18. El propio Peña Nieto aseguró ayer que ya está cerca la fecha del destape.

¿Cuál es el perfil que, en esas circunstancias teledirigidas tendrá el abanderado tricolor? Obviamente, aquél que se corresponda con los modos de hacer política del mexiquense y los disolventes fines de esas maneras. La forma es fondo.

Si el PRI nomina a un clon de Enrique Peña Nieto, desde ahora puede asegurarse que a los mexicanos se les ofrecerá en 2018, más de lo mismo.

Ya lo dijeron desde hace dos años en Londres: “Peña Nieto no entiende que no entiende”. Y aquí se juega a “lo que hace la mano, hace la tras”. Es cuanto.