Los costos de renunciar a la soberanía nacional

Lá’guila siendo animal, se retrató en el dinero… Todavía en septiembre se nos ofrecen (qué más se nos puede ofrecer) música de nostalgias nacionalistas. Uno de los corridos que escuchamos en días patrios dice eso: Que   el águila siendo animal se retrató en el dinero.

Por supuesto, aunque tenemos preciosas pinturas de El águila imperial, cuando hablamos de nostalgia nos referimos al hecho de que uno de los más recientes censos que hace la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas nos reporta que sólo quedan ya unas 102 parejas de Águila real en México.

El asunto no es de poca monta. Según algunos románticos del pasado, el águila real es símbolo de nuestra ya muy desdibujada identidad nacional. Hasta con esa especie están acabando los cetreros tecnócratas que detentan el poder. A sus anchas.

Ahora, lo que nos obsequia el esférico doctor Agustín Carstens es la fotografía de la mariposa monarca, que llega a los bosques de Michoacán a exhalar su último respiro, retratada en los billetes de 50 pesos. (Dos y medio dólares).

Cuando los bienes servían para remediar los males

De dinero y del Banco de México vamos a hablar hoy.

Era de sabiduría antigua que los abuelos tenían como fórmula previsora para tiempos de vacas flacas, aquello de que Los bienes sirven para remediar los males. Lo que se tenía en líquido o en inversión física salía a remate en horas de crisis. Nada de plásticos que nos hipotecan hasta el futuro de los nietos.

Después de los terremotos 7-19 de septiembre que imponen requerimientos prohibitivos para la reconstrucción, vemos a los maestros y doctores en economía buscando piquitos en los presupuestos de 2018 para mitigar apenas las impostergables urgencias sociales al cuarto para las doce del sexenio.

Los tecnócratas neoliberales sepultaron en la oscura caverna del porfirismo los últimos remanentes de oro negro.

Como -imitando al águila azteca-, Washington se retrató en el dinero, los responsables de las finanzas públicas cuadran ahora las Cuentas Nacionales en dólares.

Puesto que ya no hay oro negro para vender al extranjero, los arrogantes administradores del erario se atienen a dos fuentes imprescindibles para fondear la hacienda pública: Las remesa de nuestros compatriotas transterrados en los Estados Unidos.

El otro rico venero de ingresos foráneos, son los rendimientos que genera el tráfico de drogas y la trata de personas. Agencias norteamericanas y el Departamento del Tesoro (USA) calculan que el narcotráfico duplica el monto del ingreso nacional por remesas.

Adicionalmente, se tiene el gasto los turistas extranjeros. A México recalan mayoritariamente los de menor poder adquisitivo.

Según se sabe, el Banco de México es el encargado de controlar los dólares con el fin de esterilizarlos y cuidar que su libre circulación  no altere el índice de inflación. ¡Esa macroeconomía!

El obtuso atesoramiento de papeles de valor  artificial

Cuando recordamos que “los bienes son para remediar los males” en tiempos de crisis -como los eternos en los que ha caído México en la era neoliberal– nos referimos a la ingenua sugerencia de algunos mexicanos (acaso algunos del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM), que creen posible que la Reserva de Divisas Extranjeras que administra el Banco de México podría ser tomada excepcionalmente por el Estado para atender los ingentes requerimientos de la economía productiva.

Ingenua, repetimos, porque el gobernador del Banco de México, el citado doctor Carstens, sólo toca el saldo de las divisas para tratar de salvar al peso del apetito de los especuladores que trafican con dólares.

Para la reconstrucción en las entidades afectadas por los terremotos, el gobierno anuncia una disponibilidad inmediata de 38 mil millones de pesos. A tipo de cambio actual, unos dos mil millones de dólares. (En euros, algo menos).

Con las rasuradas que desde 2016 el doctor Carstens empezó a darles a las Reservas, un estimado podría colocar el saldo actual en unos 170 mil millones de dólares. Convertidos a pesos, obviamente son muchos dígitos más que los 38 mil millones disponibles para la reconstrucción.

Pero los dólares atesorados celosamente por el gobernador del Banco de México son intocables, al menos no voluntariamente.

Los perros guardianes del Estado mexicano

Por una razón de mucho peso (y muchos, muchos dólares): Los perros guardianes de esas divisas son el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Reserva Federal de los Estados Unidos.

El FMI, huelga decirlo, es el que puso la pesada cadena de la deuda externa a México… y se guardó los candados. La reserva de divisas extranjeras debe servir como garantía de pago de esa deuda. Si llegara a tocarse, pesa sobre México la Espada de Damocles de las calificadoras extranjeras y ¡a temblar!, señores tecnócratas.

Pasmados los responsables de los poderes Ejecutivo Legislativo, como lo estuvieron a la hora de los terremotos, tienen entumidas las neuronas y no aciertan cómo sacar el buey de los escombros. Y parece evidente que tampoco quieren.

¿No hay casos de excepción en que el Estado mexicano pueda argumentar frente a sus perros guardianes la necesidad de proceder soberanamente a acciones de contingencia que no profundicen más la ya de por sí honda crisis en tiempos de sucesión presidencial?

Suspensión de derechos, sólo a los compatriotas

Los tres Poderes de la Unión no desaprovechan ocasión para montar templetes donde festejan el primerCentenario de la Constitución mexicana. ¡Gloria! a los brillantes tribunos que nos dan atole con el dedo.

Si, para casos de perturbación grave de la paz pública, o de cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o  conflicto, el Presidente de la República está facultado para restringir o suspender en todo el país o en lugar determinado el ejercicio de los derechos y garantías que fueren obstáculo para hacer frente, rápida y fácilmente a la situación, ¿esa potestad sólo es aplicable a los indefensos compatriotas y no a invasores extranjeros?

Nuestro destino manifiesto responde que no. La soberanía nacional está ya sujeta al Derecho Corporativo Global y así, cabresteas o te ahorcas. Es cuanto