Lo que dejaron los sismos

Los sismos que sacudieron a varios Estados del país el 7 y el 19 de Septiembre, más allá de los daños materiales y víctimas cuya cifra ya ronda en los 360, dejaron otra secuelas.

Impredecibles son las sacudidas que la madre naturaleza da a la Tierra.

Los terremotos no pueden predecirse.

Existen en algunas ciudades, sobre todo en la capital de la República las alarmas sísmicas, pero estas dan la alerta apenas 50 segundos antes de que se sienta el temblor.

50 segundos, tiempo apenas suficiente para buscar un lugar más o menos seguro donde guarecerse, si es que no se encuentran en un edificio de varios pisos donde no queda más que encomendarse a Dios y esperar lo peor.

Pero, hay otros efectos que dejan los sismos.

Los del fatídico mes de Septiembre nos dejaron otras secuelas, unas positivas otras negativas, muy negativas.

Los sismos despertaron nuevamente la solidaridad del pueblo mexicano.

Los primeros, los habitantes de la ciudad de México que reaccionaron de inmediato, en cuanto cesó el estremecimiento terrestre y pasó la sorpresa, el miedo a lo que pudo suceder.

La reacción fue inmediata para acudir en auxilio de las gentes que quedaron sepultadas bajo los escombros de los edificios que se derrumbaron.

La experiencia del terremoto del 85 que tuvo una intensidad de 8.1 grados de la escala Mercalli, sirvió mucho para una reacción inmediata de los capitalinos. Unos que sobrevivieron a aquel desastre. Los más jóvenes por los simulacros, que precisamente ese 19 acababa de realizarse uno más al registrarse el sismo de 7.1 grados.

La respuesta de las autoridades llegó después que la de los ciudadanos, pero mucho más rápido que la del 85.

El sismo del 19 de Septiembre exhibió, entre otros a Televisa y sus noticieristas que, al verse rebasados en la oportunidad de la noticia urdieron la trama de una niña atrapada en los escombros del colegio Rebsamen para recuperar “rating”.

Vimos ese mediodía  como TV Azteca suspendió de inmediato su programación para dar paso a la información de lo ocurrido, mientras Televisa seguía con su programación habitual: sus lagricomedias y otros churros.

Casi media hora después aparecía en la pantalla de Televisa un Joaquín López Dóriga con el rostro descompuesto por el coraje, tratando de justificar la demora  informativa argumentando que “lo importante no es la rapidez sino la veracidad de la información…”

Horas después salía al aire el nuevo “reality show” de Televisa: el rescate de Frida Sofía, la supuesta niña que estaba atrapada en los escombros del colegio y seguía con vida.

Largas horas esa “novela” mantuvo en vilo a miles de hogares de México.
Señoras rezando, llorando por Frida Sofía.

Finalmente, dos días después el Sub Secretario de Marina, Almirante Ángel Enrique Sarmiento Beltrán, aclaró que no existía tal niña, ni existió Frida Sofía como lo aseguraban la reportera plantada en el lugar por Televisa y sus jefes

La veracidad de Televisa se desplomó e inútiles fueron los esfuerzos de Carlos Loret de Mola y Dennise Maerker para justificar a su empresa y reportera culpando a funcionarios de Marina de proporcionar la información, cuando su vocero solo habló de que al parecer había una persona bajo los escombros del colegio pero nunca mencionó nombre.

El sismo mostró la relevancia que tiene la televisión como medio de información y comunicación más importante, pero en este caso exhibió la relevancia negativa de ese medio, en este caso Televisa, manejado en forma irresponsable y solo con el ánimo de ganar “rating”.

Los sismos nos mostraron una vez más la solidaridad del pueblo mexicano para con sus hermanos en desgracia.

En la ciudad capital los ciudadanos removiendo escombros, ayudando en diversas formas. Codo con codo con las autoridades.

En los Estados, instituciones y organismos ciudadanos recolectando ayuda para los damnificados. Por cierto, Sinaloa se ha significado como el Estado que más cantidad de apoyo ha enviado y también aportó ayuda humana con un grupo de socorristas de la Cruz Roja que fueron enviados para auxiliar en las tareas de rescate y atención a los damnificados.

Los sismos pusieron de manifiesto también la desconfianza de algunos ciudadanos en las autoridades, que prefirieron hacer acopio de víveres, medicinas y otros implementos para llevarlos directamente, no a través de las instituciones oficiales.

Algunos más lo hicieron así,  llevando directamente los apoyos pero para aprovechar la ocasión y atraer reflectores.

Los partidos políticos también tomaron su parte.

Andrés Manuel López Obrador ofreciendo aportar de lo que le den y después haciendo colecta por su cuenta.

El PRI le puso el cascabel al gato y renunció a las prerrogativas de lo que resta del 2017 y las del 2018 para que ese recurso se destine a la restauración de los daños y apoyo a damnificados.

Fue más allá Enrique Ochoa Reza al convocar a los demás partidos con registro nacional a hacer lo mismo, renunciar a esas prerrogativas, lo que obviamente no fue aceptado y cada quien habla por sí mismo  y hace ofertas diferentes.

En  Sinaloa el PAS anunció renunciar al 80% de sus prerrogativas (son locales ya que se trata de un partido estatal) y recibir solo el 20% para sus gastos de administrativos.

Algunos opinan que el PRI aprovechó la ocasión para buscar recuperar prestigio.

Podrá ser así, pero también hay que advertir que su propuesta exhibe a los otros partidos nacionales como lo que son, mucho más allá de sus principios ideológicos.

Los sismos de septiembre volvieron a exhibir la corrupción  que se anida en los gobiernos, indistintamente del color o banderas.

En la ciudad de México el derrumbe del colegio Rebsamen exhibe a funcionarios perredistas hoy convertidos a morenistas.

En el Estado de Morelos, al gobernador Graco Ramírez y su esposa Elena que ordenaron a la policía morelense interceptar camiones que transportaban ayuda para depositarla en las bodegas a disposición del DIF estatal, cuando esos vehículos iban destinados a los centros de acopio oficiales en la ciudad de México.

En las redes se viralizaron videos exhibiendo disputas entre militares y policías por los paquetes de despensas.

Los sismos de septiembre fueron materia, para que los millones de mexicanos desilusionados porque no ven, no sienten los resultados ofrecidos por el Presidente Enrique Peña Nieto se manifestaran elevando sus voces inconformes.

También fueron oportunidad para que los exaltados y fanatizados por el mesianismo lopezobradorista dieran rienda suelta a sus fobias y culparan de todo al gobierno priista.

Nomás faltó que lo culparan de los sismos.

Lo más positivo que nos dejaron los terremotos fueron las manifestaciones de solidaridad de la gran mayoría de los mexicanos y de otros países que, además de ayuda material, han enviado personal especializado para colaborar en la búsqueda y rescate así como en los trabajos de reconstrucción.

La lección que nos dejaron es que los sismos son impredecibles, que lo único predecible es la calidad humana de los buenos mexicanos y la ambición y voracidad de empresarios y políticos sin conciencia

José Ángel Sánchez López

Con 59 años de experiencia periodística, fue director de El Debate de Culiacán, El Diario de Culiacán y El Sol del Pacífico. Ha extendido su experiencia a varios noticieros de radio, aportando sus analisis y reflexiones.