La seducción de y por el poder

El poder también seduce a los periodistas ¡Y de qué manera! Exitosas y respetadas carreras en el área de comunicación han quedado sepultadas por ambiciones políticas, por ese virus que corroe cuerpo y alma y que algunos han dicho que tanta en morir después de 30 días de muerto.

Un caso de especial seducción del y por el poder, es Melchor Angulo Castro, reconocido en sus inicios como un periodista valiente, que muchas veces puso en riesgo su vida, sufriendo represalias y ataques desde el propio Poder.

Fundador de la revista Tribuna, el comunicador nacido en La Brecha, se mantuvo firme  en su trinchera periodística, enfrentado al gobierno estatal, con un Toledo Corro, reacio a la crítica en aquel entonces, amenazador y represivo.

Muchos recuerdan también los “periodicazos” contra  el alcalde Jaime Ibarra Montaño, que ni con recurso monetario  pudo doblegarlo.

Sin embargo, Melchor terminó siendo seducido por los hombres del poder, beneficiándose con negocios  que ponen en entredicho su honorabilidad.

Hizo una fuerte amistad con Enrique Jackson Ramirez, figura dinosáurica del priismo agonizante y putrefacto, quien lo acomodó en el usufructo de agencias de la lotería nacional, apoyado también por el entonces gobernador de Sinaloa, Francisco Labastida Ochoa, que le dio un trato privilegiado, beneficiándolo con jugosos contratos publicitarios.

Labastida lo dotó también con una pequeña cadena da expendios cerveceros.

No conforme de  su cambio radical de periodista  humilde, atosigado por las deudas, con una vida de sobresaltos, a comunicador metido a empresario, en un estado de opulencia, Angulo Castro incursionó en la política, soñando con  ser presidente municipal.

En su aventura por la candidatura a la alcaldía, participó en el proceso interno del PRI, llevando como principal rival al ingeniero Mario Zamora Malcampo, el delfín del gobernador Labastida, aunque le juraba a su amigo Melchor que él era su “gallo”.

Fue su primera, dolorosa derrota en política. Luego sufrió altibajos en sus negocios, que según sus amigos, lo dejaron en la ruina.

Asfixiado por las deudas, recomendado por Jackson y Labastida, volvió de nuevo a la política, acercándose a Arturo Duarte García, quien a su triunfo electoral por la alcaldía, lo designó coordinador de asesores, con una actuación gris, por cierto, convirtiéndose como funcionario en más de lo mismo, en el político con doble discurso, demagogo y falso.

Un “golpe de suerte” lo llevó a registrarse como pre candidato del PRI a la gubernatura, prestándose a ser protagonista de la farsa  para darle legitimidad a la virtual candidatura de Quirino Ordaz Coppel.

Contratado como patiño y  comparsa  de Ordaz Coppel, Melchor recorrió la entidad en precampaña, afirmando a sus pocos amigos y seguidores que estaba seguro de su triunfo, dando conmiseración, lastima y compasión su corriente actitud de entreguismo.

Como premio a su papel de marioneta y de palero, el gobernador Quirino, en un gesto de agradecimiento, lo convirtió en director del Conalep Sinaloa, donde se desenvuelve a sus anchas, desoyendo las críticas de que carece de perfil académico para dirigir  esa institución, la que lamentablemente sigue siendo utilizada, como en el sexenio pasado, como agencia  para pagar favores políticos.

Pero la historia no termina ahí. Ahora, el engallado ex periodista, anda ya  promocionándose en las redes sociales, pues no  ha abandonado la idea de ser presidente municipal.

Muchos lo catalogan ya como un caso de oligofrenia senil….

El caso es que en todos los partidos le cierran las puertas por su falta de convocatoria. En fin

Por lo pronto, el Conapel Sinaloa va en picada. En caída libre.

Pancho Labastida

Luego de  que quedara fuera en la carrera por la presidencia de la República, al ser favorecido con el sacrosanto dedazo, Carlos Salinas de Gortari, Francisco Labastida Ochoa recibió como premio de consolación la gubernatura de Sinaloa.

Junto con Labastida venia, entre otros personajes, Ernesto Alvarez Nolasco, quien traía ya la alcaldía de Ahome en la bolsa, representación que no pudo alcanzar 25 años atrás, cuando en histórico proceso interno perdió la candidatura ante el empresario Canuto Ibarra Guerrero, alias “El Zorro Plateado”.

Desarraigado completamente del terruño, don Ernesto tuvo que usar toda su experiencia política para convencer a los electores ahomenses. En realidad traía excelentes cartas de recomendación, pues fue colaborador y gente de todas las confianzas de Jesús Reyes Heroles, además de laureado periodista  con fama de honestidad.

La presencia en Ahome del viejo Nolasco no era bien vista por los miles de seguidores de Roberto Pérez Jacobo, a la sazón dirigente municipal del PRI y considerado como  candidato natural a la presidencia municipal.

Uno de los mas activos promotores de las aspiraciones de Pérez Jacobo, era su compadre Olavo Flores Salcido, quien no desaprovechó  ocasión para insistirle  a Labastida Ochoa, entonces ya con la representación de  candidato, que “no se te olvide  Pancho, que el bueno es Roberto”.

Se lo dijo una y otra vez. Obviamente a Labastida no la caia bien tanta insistencia y terquedad de Olavo. La gota que derramó el vaso fue cuando en una de tantas giras por Los Mochis, Labastida fue abordado de nuevo por  el citado perezjacobista y al tiempo que le daba un manotazo en  la espalda, le recordó que “no te vayas a equivocar, Roberto es el bueno”. A Labastida no se le olvidó nunca aquella afrenta y trato irrespetuoso de Olavo y espero con paciencia la oportunidad de cobrar venganza.

Las cartas ya estaban echadas y  el vetusto Nolasco fue   candidato y luego alcalde de un municipio en el que 25 años atrás  se hizo el primer ensayo democrático, dentro del PRI.

En el equipo de campaña de Nolasco destacaba  un experimentado  profesionista, que había sido  director de Acción social con Nicanor Villarreal Alarcón. Se trataba de Manuel Guillermo Andrade. Por su meritorio trabajo en la coordinación de la campaña de don Ernesto,  los bonos políticos de Andrade andaban por la luna.

Quien se iba a imaginar que la buena estrella y futuro rutilante que se le auguraba al buen Andrade, iba a tener un fin dramático y grotesco, todo por la obsesión de un gobernante de cobrar venganza.

En aquel tiempo era costumbre  y una tradición  que la clase política priista acudiera a palacio de gobierno al saludo en honor  del nuevo gobernador. “El besamanos”, le llamaba el vulgo.  Y a la romería se agregaban cientos de buscachambas.

Cuando le tocó el turno del saludo a los priistas de Ahome, conformado también por empresarios, encabezado por el alcalde Ernesto Alvarez Nolasco, el gobernador Labastida lo abrazó efusivamente, continuando saludando a los demás miembros del contingente.

De pronto, Labastida, al tener enfrente  al “Brujo”, como le apodaban a Andrade, le dijo secamente, en tono amenazador:

 

—Aquí lo quería ver… A ver si ahora me repite lo que me dijo  cuando andaba de candidato en Ahome.

 

Andrade se quedó petrificado, no hallaba que contestar. Sorprendido, balbuceó:

 

—No se a que se refiere señor Gobernador. Usted me está confundiendo…

 

–No se haga, usted es el tal Olavo, es usted no se haga. Es usted el mismo tipo atrevido y grosero…

 

Testigo de esa escena, Nolasco se le acerca a Pancho y le hace ver su error:

—-Señor gobernador está equivocado, él no es el tal Olavo, es  el licenciado Manuel Guillermo Andrade, un eficiente miembro de mi equipo.

Labastida le pidió disculpas… pero ya las cosas no fueron buenas para  Andrade, cuyo único pecado es tener un ligero parecido físico con el  irreverente seguidor y compadre de Pérez Jacobo.

Y en efecto, por instrucciones del gobernador,  el nuevo alcalde de Ahome no pudo meter a su amigo Andrade ni de encargado de la cadena del estacionamiento de palacio.

Frustrado desde entonces, Andrade sigue recordando aquella anécdota dolorosa en su vida, que pintó el lado visceral de un gobernador dominado por el rencor, la arrogancia y la prepotencia.