La relatividad del error

El título de esta columna no me pertenece, es de Isaac Asimov y corresponde a un libro maravilloso, donde fundamentalmente el autor defiende nuestro derecho a vivir bajo premisas equivocadas, mientras estas mantengan un razonable estatuto de verdad, sobre todo cuando el hacerlo no tiene ninguna consecuencia práctica.

Por lo general, y siendo optimistas, un político cuando mucho llega a preguntar a sus colaboradores más cercanos si lo que cometió sería un error, nunca pregunta qué clase de error: ¿grave? ¿Sin importancia? ¿Más o menos? Y hace bien, con mayor razón en el mundo de hoy donde ya nadie sabe a ciencia cierta qué consecuencias tendrán sus actos.

En el Congreso local, un grupo de feministas se apersona a protestar porque unos diputados dijeron algunas cosas sobre el escote de una diputada, pero les pasó de noche la noticia (difundida ampliamente en prensa y redes) de que Sinaloa no sólo es el estado con los salarios más bajos en el país, sino también el que padece la brecha más amplia entre el sueldo de un hombre y una mujer por un mismo trabajo. Pero eso no es lo importante, al menos no para los integrantes del Congreso sinaloense –particularmente las mujeres-, sino el que a la hora de subir a tribuna o en los discursos públicos, se cuiden las formas y se dirijan a la audiencia con expresiones como “las y los” y otros hermosos y llamativos fuegos de artificio, todo en aras de obtener prebendas y recursos para…las mujeres ¿Pero de qué mujeres estamos hablando? Pues de esas mismas que están ahí, en el congreso, en el Senado, en los gobiernos municipales y en todo el aparato público, son las que festejan y exponen como victorias cada logro en torno a una igualdad que no existe porque no ha existido ni existirá nunca, o al menos no en el sentido que lo plantean.

Por cierto, vaya papelón el escenificado en la Cámara alta del país, cuando las senadoras corren a tomarse la selfie con el primer ministro canadiense, en un alarde de superficialidad indigno de aquellas que, se supone, deberían servir de ejemplo a las de su mismo género; con esos referentes, no debe extrañarnos que las mujeres comienzan a destacar en campos donde antes su ausencia era notoria, como las peleas callejeras, el consumo de drogas, el lenguaje y las conductas procaces en público, la portación y uso de armas exclusivas del ejército, la corrupción política y en general todos y cada uno de los campos de la actividad criminal.

Sin embargo, también las mujeres ya destacan en actividades dignas de encomio y de reconocimiento, tal y como lo vienen haciendo desde los años ochentas, cuando no existía esa ventolera de la igualdad de género, es decir siguen siendo muy pocas hoy, igual que antes, por lo que es necesario concluir que se ha abierto una caja de Pandora, la cual va a ser muy difícil de cerrar, más cuando nuestros políticos le tienen aversión a reconocer errores.

Cuidado mujeres: ustedes son hoy las consentidas de nuestra demagógica clase política, como en el pasado lo fueron los ejidatarios y los pescadores cooperativistas, fíjense muy bien a dónde fueron a parar ellos.

Van a acabar donde mismo.

Jorge Aragón Campos

Jorge Aragón ha ejercido el periodismo radiófonico, televisivo y escrito. También ha publicado novelas, ensayos y artículos científicos. Sus columnas tocan temas que van desde lo político hasta lo cultural.