Irma Tirado ¿Senadora de la obediencia?

¿Qué prisa le corre a la marchita diputada local Irma Tirado Sandoval que, a la primera oportunidad, le da por planear su emigración legislativa  de Sinaloa, si es que no lo tiene ya rigurosamente pensado? Hasta parece un tic nervioso.

Ya es lugar común decir que los puestos de elección popular no son renunciables, pero a muchos trepadores de la burocracia les vale el voto que anduvieron pidiendo como desesperados.

La Legislatura de Sinaloa ha recorrido apenas un tercio de la ruta; no obstante, la presidenta de la Junta de Coordinación Política, dicen en los corrillos del Congreso, ya tiene en sus carpetas la solicitud de licencia para volar por otros aires.

O por los suelos, según las percepciones periodísticas que más a tono se mueven a los ajustes del presupuesto camaral.

Bien. A Irma Tirado, especialista en el arte de obedecer, no le debe resultar fácil, por su falta de sapiencia legislativa, soportar la cáfila de parientes y amigochos que sus pares colocaron en asesorías y secretarías técnicas a ingresos mínimos de 40 mil pesos al mes.

Pues luego sucede que esos asesores y secretarios se apropian de la facultad de tratar de dictaminar iniciativas de ley, desembarazar a sus jefes de peticionarios molestos que quieren audiencia y, en un descuido, se cuelan al salón de plenos con la tentación de emitir su voto.

“¿Es que mi hija, sabe usted, tiene dos títulos académicos que ya los quisiera el propio Quirino Ordaz Coppel?”, fue el argumento de una diputada que defendió como loba la incorporación de su chiquilla a la nómina del Congreso. Quién mejor. No, pues sí. Pero no es la única.

De otro lado, eso de la inseguridad personal y familiar no respeta fueros, edad, ni sexo. Vale.

Pero en el caso de Irma Tirado Sandoval, la fascinación por la Ciudad de México le viene de lejos; de muy lejos. Ya en 2012 buscó residencia metropolitana, como suelen hacerlo muchos de sus paisanos, tratando de colarse en la LXII Legislatura federal.

Ahora, afirman los operadores del comité estatal del PRI, doña Irma aprovechó su viaje a la XXII Asamblea Nacional del partido a principios de agosto para acercarse a Enrique Ochoa Reza, entregarle su currículum y confesarle sus aspiraciones de verse en un escaño del Senado en las legislaturas LXIV y LV.

Reza que reza ahora la diputada Irma a Ochoa Reza, no precisamente a favor de las víctimas de los terremotos y otras desgracias.

Quienes conocen la biografía de la presidenta de la Junta de Coordinación Política, le encuentran una motivación a sus pretensiones. Irma Tirado Sandoval nació en la mismita Ciudad de México.

Por accidente o no, el nativismo es el nativismo, aunque las circunstancias le hayan dado la oportunidad de ser inscrita como mazatleca en el Registro Civil en la oficina portuaria.

Dejaremos que corra el calendario para saber si las instancias de Tirado Sandoval ante Ochoa Reza dan el resultado aspirado y al seno familiar en La Palma sólo volvería en los muchos recesos del Congreso federal.

Si la eventualidad favorece a la actual diputada, como Senadora de la Obediencia tendría una opción firme para apuntarse a la sucesión de Ordaz Coppel. Así se estila en la cultura de los “usos y costumbres”.

No siempre, sin embargo, resulta la jugada. Ahí está el caso reciente de Aarón Irízar, y otros más en lista de espera.

La memoria nos remite al caso de muchos desarraigados que se metropolizaron y, sólo cuando creían que al aire soplaba a su favor, creyeron posible llegar a Palacio de Gobierno de Culiacán.

Citemos primero a algunos sinaloenses que apostaron y ganaron en los últimos tres tercios de siglo: El general Gabriel Leyva Velázquez, Leopoldo Sánchez Celis, Alfonso Genaro Calderón Velarde, Antonio Toledo Corro y Juan Millán Lizárraga.

Todos pasaron, antes de alcanzar la gubernatura de Sinaloa, por el Congreso de la Unión y los comités nacionales de los sectores priistas en los que militaron, pero nunca abandonaron sus domicilios “sociales” en Culiacán, Cosalá, Los Mochis, Escuinapa y Culiacán, dicho en el mismo orden cronológico. El propio Ordaz Coppel, en Mazatlán.

En la contraparte están algunos de los desarraigados que se quedaron chiflando en la loma: José María González Urtusuástegui, mazatleco; Raúl Cervantes Ahumada, guasavense; Salvador Robles Quintero y Enrique Jackson Ramírez, mochitecos ambos; Gilberto Ruiz Almada y Alfonso Cebreros Murillo, culichis los dos. Son casos de mera ilustración.

Salvo Cebreros Murillo, el resto sólo se acordó de Sinaloa en temporadas electoreras.

Aunque era originario de Guanajuato, Renato Vega Alvarado conservó y frecuentaba el hogar familiar en La Cruz de Elota, donde siempre mantuvo residencia su padre,  el general Renato Alvarado. Incluso, en su paso por el Congreso federal, Renato daba prioridad en su atención a las cuestiones y paisanos sinaloenses, sobre todo aquellos que tenían asuntos relacionados con la Reforma Agraria.

Caso muy distinto es el del mochiteco Francisco Buenaventura Labastida Ochoa. Sus malquerientes llegaron a filtrar versiones de que en realidad era nativo de Guadalajara, Jalisco.

Dejada de lado esa “insidia”, lo cierto es que, desde sus mocedades, Labastida Ochoa se instaló como estudiante en la Ciudad de México y desde que lo picó el burococo en la Secretaría de Hacienda en 1962, tuvo a Sinaloa en el olvido.

Si en 1985 apareció en Culiacán y Los Mochis, lo hizo porque Carlos Salinas de Gortari intrigó con Miguel de la Madrid para que lo expulsara del gabinete presidencial y lo desterrara a Sinaloa para sacarlo de la sucesión de 1998, dándole como premio de consolación la gubernatura.

Fue tan marcada la soledad de Labastida Ochoa, que a la hora de integrar su equipo de gobierno reclutó a puros extraditables de Michoacán, Puebla y del Distrito Federal.

Terminó el sexenio en 1992 y Labastida recuperó su domicilio en la Ciudad de México. Ni siquiera en 2006 visitó el estado, ya que su nominación al Senado fue por la vía alterna de la circunscripción.

El citado Aarón Irízar, no ha perdido su residencia en Culiacán, pero hasta la fecha pasa más tiempo en la capital, atendiendo su agenda senatorial. O bien en el extranjero, en esos llamados “tours legislativos”.

Un caso típico de desarraigo es el de David López Gutiérrez. Desde los años ochenta, en que arrimó su sardina al fogón del ex gobernador y presidenciable fallido, Alfredo del Mazo González, tácitamente adoptó la ciudadanía mexiquense, con domicilio en Metepec, que acreditó en largo periodo  en su credencial de elector, hasta que pretendió en 2015 la candidatura al gobierno del estado.

Digamos que esa recapitulación puede ser una juiciosa advertencia en la carta de navegación para quienes, desde ya, se apuntan prematuramente para el relevo de Quirino Ordaz Coppel. O para quienes le apuestan a su padrinazgo para llegar a tocar las alturas

Irma Tirado echó pues sus coronas a retozar. Ya no es la fenomenal o exuberante reina de la belleza. No hipnotiza ni lleno a bailar a Chalma. Es una diputada local nacida para obedecer, pero quizá en su sino esté escrito también ser la Senadora de la Obediencia. Hay proyecto.

Desafortunadamente sus cartas credenciales como coordinadora de la bancada del PRI y presidenta de la Junta de Coordinación Política son catastróficas, fallidas. No aprendió y no aprende. Es dura su testa.

Pero, bueno, cuando menos no se le calificaría de desarraigada….

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.