El nieto del General

Nunca se imaginó el general revolucionario, Roberto Cruz Díaz, que uno de  sus descendientes directos iba a estar en el  centro de la polémica y del escándalo político en Sinaloa, casi un siglo después de que el ameritado militar quedara marcado con el estigma de asesino y troglodita por su responsabilidad en el fusilamiento del padre PRO, señalado como autor intelectual del atentado contra el general Alvaro Obregón.

La sombra de ese hecho histórico persiguió el resto de su vida al general, que echó profundas raíces en Sinaloa y particularmente en Los Mochis, donde murió a muy avanzada edad.

A manera de justificación, el general precisaba con enfado

Sobre ese tema:

——Yo solo obedecí órdenes del presidente Calles…por ese hecho me han dado fama de matón y de troglodita.

Cruz formaba en aquel entonces parte del círculo de hombres de confianza del caudillaje de Obregón y Calles, alcanzando posiciones de gran envergadura. Fue Jefe de Policía de la ciudad de México y Subsecretario de Guerra.

Ya retirado del ejército, vivió en Los Mochis, dedicado a actividades agropecuarias, atendiendo su rancho La Guasa, en los límites de Choix con el estado de Chihuahua.

Participó en política, registrándose  en el PAN para competir en el proceso por la presidencia municipal, elección en la que el PRI lanzó como candidato a Jaime Ibarra Montaño, al que el General ridiculizaba con el apodo de “figurín’’.

No perdonaba a quienes lo criticaban. Sobre todo a los periodistas. Cuentan que en una ocasión, montado en su brioso corcel,  llegó hasta las oficinas de El Debate a reclamarle al director del periódico, Manuel Moreno Rivas, los ataques hechos en su contra en ese medio.

Cuando Moreno salía a saludarlo, el General le dio de fuetazos, al tiempo que lo injuriaba.

Por eso, propios y extraños, le tenían mucho miedo….

Por encima de todo, la carrera militar de este personaje es reconocida como un verdadero ejemplo dentro de la historia revolucionaria de México, así como también de la historia de la milicia mexicana.

Los principios revolucionarios que abrazó y defendió, los inició junto con Madero en el pueblo de Álamos, Sonora, y así da principio a su brillante carrera militar, que lo hace ser distinguido tanto por gobiernos nacionales como extranjeros.

Décadas después, su nieto, Roberto Cruz Castro, aparece en el escenario político sinaloense en medio del protagonismo, en el centro de la polémica, abanderando causas sociales, bajo el manipuleo con fines mediáticos de las redes sociales, en el afán mesiánico de alcanzar una Senaduría y de ahí lograr su más preciado anhelo: la gubernatura de Sinaloa.

Cruz Castro era un soberano desconocido cuando Malova lo designó coordinador de asesores, hace siete años. Se convirtió en gente de todas las confianzas del entonces Senador, aportándole toda su capacidad y experiencia en la creación y operación de estrategias electorales y de imagen política.

Roberto, desde su inicio como parte del gabinete malovista, preparó su proyecto para suceder a Malova en la representación de gobernador. Solo que las circunstancias no lo favorecieron al fracasar la panista Josefina Vázquez Mota en su intento por alcanzar la Presidencia de la República.

El gobernador López Valdez, siguiendo los consejos de Juan Millán, su padrino político, hizo a un lado los compromisos con el PAN y negoció con el nuevo Presidente, Enrique Peña Nieto, alineándose, en una decisión que le permitió  obtener inmunidad, quedando Cruz, en su calidad de panista, prácticamente al garete.

Malova, por razones, se dijo en ese entonces, de austeridad, integró la coordinación de asesores a la oficina del gobernador y Roberto pasó a ser el nuevo titular de la Secretaria de Desarrollo Económico. A pesar del mensaje de que ya no había nada para él, Roberto empezó a moverse temerariamente, buscando los reflectores y anunciando que tenía aspiraciones por la gubernatura y que incluso tenía el apoyo de su amigo el gobernador.

Esto provocó un cisma político en el tercer piso. Malova, entonces, ya impulsaba la precandidatura de Gerardo Vargas Landeros. A la postre, Roberto fue despedido abruptamente, refugiándose en el PAN, logrando alcanzar una diputación local pluri, moviéndose en el Congreso como “chivo en cristalería”, con posicionamientos viscerales, cobrando afrentas y denunciando y atacando la corrupción del gobierno malovista, del que fue parte.

El diputado no es un político pobre, pues se da el lujo de vivir en uno de los fraccionamientos más caros de Culiacán: la Primavera, posición económica que le da sustento para  asumir actitudes de político pendenciero, enfrentándose al mismo gobierno de Quirino Ordaz Coppel,  confrontándose con algunos partidos y hasta con personajes de su mismo partido.

Gentes que conocieron al General, dicen que el nieto no tiene una uña de quien dio muestras sobradas de rectitud, lealtad  y sobre todo de valentía y arrojo en muchas batallas, méritos por los cuales alcanzó el grado de General de División, a la edad de 32 años. El nieto, cuya fortuna fue hecha prestando sus servicios a políticos y gobernantes, hundidos en el socavón de la corrupción,  se presenta ahora con toda desfachatez con la falsa imagen de político inmaculado.

Proclive a utilizar la política como negocio, quiere  ahora ocupar una Senaduría, para luego estar en el juego por la gubernatura.

Cómo calificar a un político que como funcionario del gobierno pasado, donde gozo de toda clase de privilegios y que idolatraba y rendía pleitesía a su jefe Malova y ahora como diputado, deslindado del malovismo, ataca con saña, en forma obsesiva a su ex padrino político, señalándolo de haber encabezado uno de los gobiernos más corruptos en la historia de Sinaloa, olvidando que fue parte y cómplice de esa administración.

Chano López

Feliciano López apenas sabía leer y escribir, pero como líder natural de la comunidad indígena de Vinaterías, El Fuerte, logró ocupar un escaño en el Congreso del estado.

Chano, como le llamaban, no tenía capacidad para desempeñar tan honroso cargo, razón por lo que era fustigado por sus propios compañeros yoremes, por no impulsar iniciativas de ley para proteger y preservar las costumbres y tradiciones de su raza, ni siquiera para hacer labor de gestoría.

Ese malestar afloró en una comida, que a manera de despedida le ofrecieron líderes campesinos  e indígenas, en La Constancia, al gobernador Calderón.

Uno de los líderes, de apellido Álvarez, empezó su discurso, elogiando sobremanera la obra de gobierno de este hombre nacido en Calabacillas, Chihuahua.

—–Quiero aquí expresar mi reconocimiento a mi amigo el gobernador por la portentosa obra llevada a cabo en beneficio de los sinaloenses marginados de la sierra, ancestralmente abandonados por los gobiernos.

—Tuvo que venir un gobernador surgidos de la esencia del pueblo para rescatar a nuestros hermanos de la sierra. Ese hombre es  Alfonso G. Calderón, por quien pido un aplauso.

Ya encarrerado, el orador, enfatizó:

—Por todo eso y por los programas  realizados para mejorar la calidad de vida de todos los sinaloenses, yo le pondría señor gobernador un 10, pero no le voy a poner un 10, sino un seis…

Entonces Calderón pregunta encabronado:

—- ¿Y eso por qué?

Y Álvarez, al tiempo que señala con su índice al diputado Chaño López, presente en el convivio, responde claridoso:

—ESO, POR HABERNOS PUESTO A ESTE BURRO DE DIPUTADO!!!

Todos soltaron la carcajada. Hasta el mismo Calderón, soltó la risa…