“Congelan” iniciativa del PAS y sin embargo ¡se mueve!

No es galáctico. El recorte o cancelación del financiamiento público de los gobiernos estatales a los partidos políticos nacionales/tradicionales, es factible y acabaría, si se atiende la iniciativa de reformas a la ley que obra en el Congreso de la Unión, con la derrama de “dinero exagerado” y la duplicidad de financiamiento para atender asuntos político-electorales.

Los partidos políticos nacionales reciben subsidio del gobierno federal y de los estados. El monto estimado para el 2018 es de poco más de 6 mil millones de pesos “federales” a repartirse entre las “fuerzas políticas” del país. La suma se duplicará con los “donativos” de los gobiernos estatales.

Antes del sismo de septiembre 19, para las dirigencias y legisladores del PRI, PAN, PRD, MORENA, y MC, hablar de recorte o desaparición del financiamiento representaba tabú, tema evasivo que provocaba resquemores. Muy bien acuñó el veracruzano César Garizurieta -el Tlacuache- la frase: “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”.

¿Quién imaginaría que después del terremoto el PRI llegaría a proponer la desaparición total del financiamiento público? ¿Quién habría de pensar que el PAN, PRD, MORENA y MC empujarían  la iniciativa para  eliminar al 100 por ciento el financiamiento público a los partidos políticos?

Ahí, tras el sismo, figuran los dirigentes de los partidos políticos nacionales en las fotos anti-financiamiento, para que los ciudadanos, unos damnificados y otros gozando de cabal salud física y económica, se conmuevan de su “desprendimiento”, humanismo y solidaridad con las víctimas de la tragedia.

Ahí está sobre la mesa del poder legislativo la propuesta de los partidos políticos nacionales para desaparecer o cancelar en un 100 por ciento el presupuesto público a sus partidos.

El 13 de enero del 2017, los diputados del Partido Sinaloense presentaron, para una primera instancia de discusión y aprobación, en el Congreso Local, una iniciativa de ley o de reformas a la Constitución y a las leyes electorales para que se recorte en un 53 por ciento el financiamiento público-federal a los partidos políticos.

La iniciativa incluye la desaparición del pago de prerrogativas del gobierno del estado a los partidos políticos nacionales, como medida para que dejen a un lado la duplicidad del financiamiento público.

La proposición fue aprobada por el Congreso Local el 23 de mayo y pasó para su revisión, modificación, aceptación o rechazo al Congreso de la Unión, en donde fue enviada de inmediato al “congelador”. El priista Emilio Gamboa Patrón, dueño del Senado de la República, argumentó que “no era momento de tocar temas de esta naturaleza. Los partidos no pueden quedarse sin dinero”.

El 6 de septiembre, Héctor Melesio Cuén Ojeda, precisó que “al PAS no le importa que por el recorte de presupuesto para las próximas elecciones tendrán 6 millones de pesos menos, pues más allá del dinero, lo que interesa es consolidar la democracia para que lleguen gobiernos nuevos que luchen por la gente”.

Cuén Ojeda se refirió, por supuesto, a la eliminación del presupuesto de los estados a los partidos y a un recorte sustancial al financiamiento federal.

“La iniciativa presentada por el PAS sobre la disminución del 53 por ciento de recursos públicos dirigidos a los partidos políticos en elecciones, que fue aprobada por unanimidad en el Congreso del Estado, se encuentra en por el momento en el Congreso de la Unión, en México”, puntualizó.

Después del 19 de septiembre, de las desgracias del terremoto, los dirigentes de los partidos políticos nacionales encaramaron otra iniciativa: la cancelación total, de 100 por ciento, del financiamiento, bajo la premisa de que no pasará, no será aprobada, y meterá en la agenda legislativa los temas de la narcopolítica y la privatización de los partidos políticos.

Es viable el recorte del financiamiento, pero no al extremo de la eliminación total; es factible también exigir a los gobiernos estatales que cancelen o disminuyan la canalización de recursos públicos a los partidos nacionales.

La iniciativa del PAS ahí está, en el Congreso de la Unión, “congelada”.

No es una ocurrencia la de los dirigentes y legisladores de los partidos políticos nacionales la propuesta de eliminar el financiamiento público a los partidos políticos, pues saben que no pasará y que con tal iniciativa se pueden granjear los votos de segmentos de una sociedad dolida por los actos de corrupción y las desgracias del terremoto.

Pero resulta que para cancelar todo el financiamiento de los partidos políticos habría de modificar el origen Constitucional y por tanto ideológico del sistema político mexicano, para que los partidos en México pasen, de instituciones públicas, a ser sociedades de bienes de capital, sociedades de responsabilidad limitada o ilimitada, cooperativas. En sí, Sociedades Anónimas.

¿Quién gana y quien pierde de cancelarse totalmente el financiamiento público a los partidos políticos nacionales?

Privatizar de los partidos políticos trae aparejado el compromiso de sus dueños con sus financiadores privados: las iglesias, los grandes corporativos, los empresarios de gran calado y todo aquél grupo o líder económico que tenga suficiente capacidad financiera para pagar un partido político local o nacional, incluyendo a los narcotraficantes.

No son pocos los analistas que explican que dejar totalmente abiertas las puertas al financiamiento privado de campañas es correr el riesgo de que tengan como soporte el dinero del narcotráfico, independientemente de la falsedad de que el financiamiento privado no cuesta a los contribuyentes dado que las aportaciones que los empresarios y ciudadanos hacen a las campañas son deducibles de impuestos y por tanto es dinero que no llega a las arcas de Hacienda.

La iniciativa del PAS de recorte del 53 por ciento al financiamiento público en las campañas y de cancelar las prerrogativas que les otorgan los gobiernos estatales es viable, factible, ajustada a la realidad actual. Es una iniciativa que los legisladores de todos los partidos nacionales mantienen “congelada”, y sin embargo ¡se mueve!