¿Con quién se la jugará Quirino y el PRI?

¿Cómo y con quienes el PRI y el gobernador Quirino Ordaz Coppel podrían ganar las elecciones en Sinaloa y rendir buenas cuentas al futuro candidato presidencial, quien requerirá de alianzas nacionales y de acuerdos estatales para ganar las elecciones del 2018 y apuntalar en el Congreso de la Unión legisladores confiables que le permitan marcar la ruta del próximo sexenio?

Por tercera ocasión el PRI, sus virtuales candidatos a diputados federales, a Senadores y a la Presidencia de la República, enfrentarán el riesgo comicial conocido como “factor Andrés Manuel López Obrador”, que se dispone a pelear electoralmente la Presidencia ahora con las siglas del Partido Movimiento de Regeneración Nacional.

De acuerdo a los usos y costumbres y a los engranajes del Sistema Político Mexicano, sobre el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, recaerá la mayor parte de la responsabilidad del proceso electoral priista y deberá operar sin “dejar la marca gubernamental” para evitar ser sancionado por el Instituto Nacional Electoral.

Al PRI nacional y estatal les corresponde mover en tierra las estrategias electorales.

¿Con quienes cuenta y con quienes no el gobernador Quirino Ordaz y el PRI para el desarrollo de la futura encomienda electoral? ¿A quiénes incluirá y a quienes no en el proceso? ¿Quiénes son los personajes que en realidad tienen un peso específico y estructura territorial-humana que garanticen triunfos electorales? ¿Gana solo o no gana solo el gobernador y el PRI las elecciones?

Los escenarios nacional y estatal no le son favorables al PRI ni al gobernador. Las encuestas ponen arriba de las preferencias electorales a Andrés Manuel López Obrador.

El PRI Nacional tiene un diagnóstico claro de lo que sucede en las “entrañas” de Sinaloa. Es un análisis completo de la ruta 2010-2016-2017 con forma de “radiografía política”: EL PRI no gana solo. El tricolor atraviesa por una crisis existencial y por una crónica falta de credibilidad.

En el 2017 Quirino Ordaz Coppel tomó la gubernatura de Sinaloa con la estructura “tradicional” del PRI, con un segmento del andamiaje político-electoral del político-empresario Jesús Vizcarra Calderón y del ex gobernador Jesús Aguilar Padilla.

En la trama electoral se “acondicionaron” otros personajes: Juan S. Millán Lizárraga, Francisco Labastida Ochoa, Antonio Toledo Corro y el ex gobernador Mario López Valdez, junto con quien fuera su operador político: Gerardo Vargas Landeros.

En el acople figuraron panistas y priistas que empujaron en el 2010 la candidatura de Mario López Valdez por el PAN-PRD-Convergencia.

Se integró a Quirino un “equipo compacto” con alcaldes en funciones y diputados locales y federales priistas, cuyas estrategias no prendieron ni penetraron. Las encuestas reales, las no publicitadas, daban como virtual ganador de la elección estatal al candidato del PAS, Héctor Melesio Cuén Ojeda.

La Secretaría de Gobernación, el PRI Nacional y el Grupo Atlacomulco se movieron aprisa. Con celeridad. Operaron el rompimiento de la virtual alianza PAN-PAS, considerada fórmula ganadora, aprovechando las debilidades “estructurales” del blanquiazul y las ambiciones desbordadas y el protagonismo de algunos de sus actores.

Se activaron así jugadas perversas. Los acuerdos-cálculos fueron delineados en la mesa: el PRI triunfaría de manera contundente; el PAN se ubicaría en la segunda posición electoral con posibilidad de cogobernar, y el PRD, si le entraba a la confabulación, se iría a la tercera posición. Al PAS se le instaló, en esas conjeturas electorales, en un cuarto lugar electoral.

Así, el propio PAN generó división en su interior y lanzó como su candidato “sacrificable” a Martín Heredia a cambio de abrir la posibilidad de obtener varias diputaciones plurinominales y alcaldías. Heredia no disputaría a Quirino la gubernatura. Él y sus aliados se irían contra Cuén Ojeda.

El PRD entró a la maquinación. El dirigente nacional de los amarillos, Agustín Basave, designó por “recomendación” del diputado “independiente” Manuel Clouthier, como candidato al gobierno de Sinaloa a Mariano Gómez Aguirre, ex presidente de Coparmex, antítesis del perredismo. La orden fue no pelear la gubernatura a Quirino.

Los ataques e inventos

La “guerra sucia” contra Héctor Melesio Cuén Ojeda fue furiosa. La operaron directamente quien fuera dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, y el ex jefe de prensa de Enrique Peña Nieto, David López Gutiérrez. En Culiacán, en funciones de alcalde, Sergio Torres Félix, se sumó a la conjura.

El PRI se sacó incluso de la manga al candidato “independiente”, Francisco Frías Castro, para mojarle la pólvora al aspirante pasista

Los ataques que rayaron en lo fantasioso no doblaron a Héctor Melesio Cuén Ojeda. No lo quebraron pero al final ganó Quirino Ordaz Coppel. El día de la elección y los tres días posteriores arrojaron más luz sobre el proceso: fueron claves en esa victoria los órganos electorales controlados desde el Tercer Piso del gobierno estatal.

Quirino Ordaz Coppel se alzó con el triunfo y en el camino quedaron los “despojos” del PAN y del PRD. El partido azul-celeste y el amarillo que en el 2010 festejaron la victoria de su candidato Mario López Valdez, se desplomaron electoralmente. Uno se fue a ocupar el tercer lugar en las preferencias electorales y el otro cayó en el cuarto sitio.

En el diagnóstico del PRI, al final de la jornada, Cuén y el PAS ganaron perdiendo. El PRI y Quirino triunfaron con el riesgo de perder futuras elecciones incluso de reprobar los comicios del 2018, la llamada elección madre o cumbre: la de la Presidencia de la República y la de las diputaciones federales y del Senado de la República.

Fue así que Quirino Ordaz Coppel arribó al gobierno de Sinaloa en situación desfavorable: copado por el colapso económico, inseguridad, choque entre los grupos políticos, desaliento ciudadano y la persistencia de los grupos “golpeados” e incluso beneficiados por el malovismo que reclaman justicia y cárcel a ex funcionarios señalados de corruptos.

Con su estrepitosa derrota no calculada, el PAN, en donde convergen muchos favorecidos del sexenio anterior, entró a partir de enero en la fase de culpar de los desastres y corruptelas achacadas al gobierno del PAN-Malova, al PRI y el PAS. Pero ahí está el estigma: el PAN-PRD-Convergencia fueron quienes apuntalaron el arribo de Mario López Valdez al gobierno de Sinaloa, pero el PAN se resiste a pagar los costos políticos de esa administración.

El PAN desplegó también una intensa campaña mediática para intentar exorcizar a sus principales actores políticos de los pecados, demonios y estigmas malovistas. No lo ha logrado. Por el contrario, se instaló en el centro de un torbellino político que ubica a sus  personajes como vengativos y buscapleitos.

Los pactos y alianzas

Medidas las fuerzas de los partidos políticos y sus actores, Quirino Ordaz Coppel le apuesta a los acuerdos y los pactos en un escenario donde el PAN sataniza su administración y descalifica sus acercamientos o convenios con los diversos actores y sectores sociales no afines al panismo aprovechando la inexperiencia de algunos funcionarios del gobierno estatal y la de los operadores “legislativos” del PRI en el Congreso Local.

Con una campaña mediática, el PAN pretende descarrilar los  acuerdos de todo tipo, los cuales son prioritarios, señales del progreso hacia la unidad y la integración en un Sinaloa convulsionado e interrelacionado.

En un Estado en crisis el diálogo y la cooperación tienen que sustituir a los conflictos y las confrontaciones. El protagonismo, los sectarismos y partidismos son indignos, impropios de una democracia. La propia naturaleza de la política son los acuerdos.

El PAN aun así juega a contracorriente a los acuerdos de Quirino Ordaz y los descalifica llamándolos anti-natura cuando en el 2010 se fusionó con el PRD y Convergencia, en una alianza que fue calificada como la “unión” del agua y el aceite para ir por el poder por el poder mismo.

La nueva naturaleza política electoral del PAN rumbo al 2018 ofrece la lectura de la siembra de discordias y de enfrentamientos con amplios segmentos de la sociedad y grupos del PRI con quien en el 2010 se fueron en una “coalición de facto” para apoyar el proyecto de Mario López Valdez.

El aparente poder de los grupos

En la víspera del proceso electoral, los demonios se volvieron a desatar. Ya no es el mismo el antes poderoso Grupo Culiacán encabezado por Sergio Torres y Jesús Valdez. Sí. Definió el triunfo en el 2015 a favor del candidato “independiente” -hoy diputado federal- Manuel Clouthier Carrillo en el Quinto Distrito Electoral Federal.

Conservó el poder, sí, en Culiacán en el 2016, pero en el triunfo y en el pecado llevan la penitencia. En el PRI Nacional el reporte es que su fuerza y credibilidad ha menguado y que si han mantenido el control del ayuntamiento son por las “coyunturas especiales” que les han favorecido y por convenir a los Poderes Fácticos.

La elección federal ejercerá “presión” sobre los electores. El diagnóstico es que la capital estaría en riesgo de ser ganada por el PAS si hay un intento de reelección de Jesús Valdez. El análisis más certero es que ambos –Sergio y Valdez- se quedaron “encapsulados” en Culiacán y no pudieron sembrar su figura en los otros 17 municipios de Sinaloa por lo que no les alcanza para ser nominados candidatos al Senado de la República.

Los dos, para el proyecto municipal y para el Senado de la República, necesitarían colgarse de personajes con arrastre estatal.

Aarón Rivas Loaiza y Rosa Elena Millán Bueno se cocinan aparte: los dos gozan de cierta independencia política del Grupo Culiacán y operan proyectos desprendidos de la consigna de Sergio Torres y Jesús Valdez. Los dos también apremiarían de alianzas para alzarse con triunfos electorales contundentes.

La “fuerza” de ENCIMA del Senador Daniel Amador Gaxiola está sujeta a presión. A prueba. El PAN va por la cabeza del dueño de la Sección 53 del SNTE y su grupo usando al “Somos más de 53”, clon del MODEM, de corte izquierdista. El movimiento desencadenado por el PAN beneficia a priistas que quieren ver en la lona a Amador Gaxiola.

Las figuras femeninas del PRI no han podido avanzar. Por el contrario: van en caída libre la diputada Gloria Imelda Félix, la Senadora Diva Hadamira, Paola Gárate , Maribell Chollet, Irma Tirado, Magui Villaescusa, Elsy López, Fernanda Rivera y la alcaldesa de El Fuerte Nubia Ramos.

La figura de Mario López Valdez está diezmada. Únicamente Gerardo Vargas se mantiene activo. El Grupo Mazatlán quiere fuera de la jugada a Juan Millán Lizárraga y lo culpan de lo que sucede y no ocurre en Vialidad y Transporte.

Francisco Labastida Ochoa carece de presencia territorial. Antonio Toledo Corro opera con sus familiares y amigos en el sur. El Congreso Local es un galimatías. El PRI con toda su mayoría legislativa es colocado constantemente en el ridículo. La cerrazón de eliminar el impuesto a la Tenencia impacta negativamente en el priismo.

La alianza con quienes lo llevaron al poder no es suficiente para hacer ganar a Quirino y al PRI las elecciones del 2018. El malovismo está dolido y en proceso de desarticulación  y amplios segmentos del PRI que esperaron el retorno de Jesús Vizcarra al Poder Estatal quedaron fuera de la jugada gubernamental. El triunfo del PRI no les representó ninguna mejoría.

La militancia del PRI siente alejada de sus dirigentes “light”. El perfil del presidente  Carlos Gandarilla García no encaja en la idiosincrasia de los priistas de clases medias y de baja condición económica. Ya han desprendimientos de priistas hacia el PAS y Morena.

¿Cuál será la fórmula para ganar? ¿Con quién se irá el gobernador Quirino Ordaz Coppel y el PRI? ¿Le apostarán a la aplicación de las mismas técnicas del 2016 para ganar? ¿Qué papel jugará ahora Manuel Clouthier en esta contienda? ¿Quién o quienes le garantizan el triunfo al PRI en Sinaloa?

El PAN enfrenta ahora a panistas a quienes desplazó y satanizó en el 2016. El PRD se sigue atomizando. El perredismo emigra a Morena. En el ámbito estatal-nacional, el PAS les garantizaría la victoria a los candidatos a diputados federales y al Senado de la República de Andrés Manuel López Obrador y Morena y también le aseguraría el triunfo a los abanderados del PAN.

Después de la elección, Quirino Ordaz Coppel continuará gobernando Sinaloa ¿Quién de todos los partidos le garantiza al mandatario estatal institucionalidad y gobernabilidad? ¿Le conviene a Quirino hacer un “pacto de facto” con el PAN o con Clouthier? ¿O acordar con el diezmado PRD? Si el PAN en el 2018 abre más espacios en Sinaloa y en el Congreso de la Unión ¿Cuál sería el destino de Quirino Ordaz Coppel en los momentos del relevo gubernamental-estatal? ¿Lo dejaría gobernar el PAN o enconaría aún más sus ataques?

Los acuerdos de facto funcionaron en el 2016, pero las circunstancias son muy diferentes.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.