Cara a cara con Kate del Castillo

Cine y televisión rebasan el debate ideológico, técnico, literario o conceptual para caer en la narcocultura. En series “mitológicas”. Imaginarias. Para bajar a la trama  policial y perderse en sorprendentes recreaciones escenográficas. 

Es posible acercarnos al cine haciendo semblanzas o perfiles de las actitudes morales y éticas de cada personaje y desprender de ahí afanes protagónicos.

La actriz Kate del Castillo confesó en el programa de televisión Good Morning America que tuvo sexo con el actor estadunidense Sean Penn cuando planearon la reunión que sostuvieron con Joaquín El Chapo Guzmán en el 2015.

“Nunca me enamoré de él. Tuvimos sexo. Bueno. Lo siento, pero ambos somos adultos, solteros y algo estaba pasando, pero eso fue todo. Estábamos ahí para hacer negocio”, comentó.

“Todos fueron tan estúpidos y todos pensaban que tenía algo que ver con ‘El Chapo’, nadie me preguntó y yo no ando hablando de eso. Pero creo que todo estuvo tan calculado, hasta eso”, agregó.

La serie “Cuando conocí al Chapo: La historia de Kate del Castillo” recorre las pantallas de televisión. Plagada de medias verdades, fantasías y de recreaciones de noches obscuras con sol radiante, que levantan suspicacias.

La actriz narra el encuentro entre ella, Joaquín -El Chapo”- Guzmán Loera y el actor Sean Penn. La serie es “curiosa”. En los episodios disponible en la plataforma de streaming figuran agentes estadunidenses, comunicadores y amigos cercanos a Del Castillo, como la actriz Roxana Castellanos.

El film resume formas de producción de cine, documentales, pequeños argumentos, revelaciones y fabricación de escenarios. El uso intencionado de imágenes refleja situaciones humanas y sociales, dinámicas policiales, “rastreos” de llamadas, en una trama en la que Kate del Castillo revela sus temores de ser ubicada por la DEA.

Si de hermenéutica-cinematográfica se trata muy bien se podría descifrar, más allá de oráculos y mitos, la serie “cuando conocí al Chapo”, como un producto meramente mercantil, para su venta y visión de un público deseoso de la elucubración. De echar a vuelo a la imaginación.

En el segundo episodio, “Cara a Cara”, Cosala y Cosalá se confunden lingüísticamente. Kate del Castillo no logra ubicar exactamente el sitio de reunión con Joaquín Guzmán. Narra:

-No sabíamos nada, no sabíamos que iba a pasar, no sabíamos a dónde íbamos a ir. Era de noche, estaba totalmente obscuro, finalmente llegamos a un lugar. Salí, sin ver absolutamente nada, sin ver que estaban abriendo la puerta. Me bajo, y me reciben con un abrazo y me dice amiga, bienvenida. Se me hizo la piel chinita. No podía creerlo. Supe que era él simplemente porque me dijo amiga.

-Yo creo que es hora de que te vayas a dormir. Y dije, si, si creo. Me paré e inmediatamente se paró el a jalar mi silla y me dijo yo te acompaño. Son de esos segundos en los que te pasa tu vida por delante. Voltié a ver a Sann en busca de ayuda, que hago, que digo, que va a pasar orita. La verdad fueron segundos en que uno piensa lo peor y además sin poder hacer nada, que más podía hacer; me di la vuelta, empecé a caminar y el me alcanzó aquí y me tomó del brazo, del codo y me condujo y seguimos caminando hasta la entrada de una habitación y me dijo ésta va a ser tu habitación, aquí vas a dormir tú; no había ahí nadie que nos viera. Pudo haber hecho lo que quisiera conmigo la verdad.

Con reportajes y notas de Río Doce que publicó que “El Chapo” Guzmán y ella se reunieron en la Reserva Ecológica de la UAS, en Cosalá, Kate reveló:

Parece que este es el lugar donde nos encontramos. Puede ser que si sea ese lugar fíjate. Yo no me acuerdo mucho la verdad porque estaba todo oscurísimo. Si me acuerdo que el cuarto, bueno el cuarto donde me dormí con Sean y con los otros dos productores era así, estaba dividido con un biombo, si puede ser el lugar.

Ismael Bojórquez, director de Río Doce, dice en la serie que se contactó telefónicamente con Kate del Castillo: “cuando ella tomó la llamada le dije soy Ismael Bojórquez, director de un periódico, del periódico Río Doce; oye Kate, nada más para preguntarte si estuviste recientemente en Sinaloa, tenemos entendido que estuviste por acá”.

-¿Sinaloa? Yo no he ido pa’  Sinaloa nunca.

¿No estuviste en la reserva de Cosalá?

-No para nada.

¿Tenemos la versión que estuviste por ahí?

-No sé dónde está Cosalá fíjate  ¿Oye como conseguiste este teléfono?

Lo conseguí en la ciudad de México

-Primero no me gusta que me hables a mi casa. Segundo yo a ti no te conozco y tercero cualquier tontería que ustedes estén inventando o diciendo a mí ya me tienen en verdad mal.

Kate dice:

“Si tomé esa conversación (llamada) pero a mí nunca me dijeron si era un periodista, no recuerdo que me hayan dicho que era periodista. Si me acuerdo que me hablaron. Realmente a mí me partió. Porque dije estos ya saben, ya saben que somos nosotros. Todo va a salir a la luz. Me sentí completamente impotente. Obviamente que le dije a Seann y le dije a todos me hablaron para decir esto, pero esta rarísimo porque dijeron Cosala y no Cosalá. Yo en mi mente dije este, este ha de ser un tipo de la DEA. O sea de esos gringos que no saben pronunciar bien. O sea que porque si es alguien de ahí saben perfectamente que no es Cosala sino Cosalá.

Sinaloa es la cuna del narcotráfico. Pero en las tramas del cine y la televisión se entiende que algo tiene de imaginario y tal vez algo de verdadero. Pero se trata de un estereotipo también, porque el cristal con que se ha mirado el narco ha sido casi siempre el del periodismo de los narcoasesinatos, los grandes cárteles, sus capos y los productos de esa singular subcultura que ha prohijado.

Ensayar un ejercicio de reconocimiento cinematográfico y televisivo del narcotráfico como una verdad es caer en una burda intentona que impide llegar al fondo y trasfondo del fenómeno, alejándose del contexto más amplio de comprensión de este lacerante, espeso, violento y complicado flagelo.

El narco-cine y la narcoserie televisada pretenden dividir la percepción de la sociedad en dos: la convencional y la informal. La primera tiene que ver con la pretensión de monopolizar una visión del mundo fundada en el derecho y las reglas “aceptadas”, y la segunda con una híbrida construcción simbólica de la realidad que consagra a los narcotraficantes como los héroes de un segmento de la población.

A través de su vocero, Mark Fabiani, Sean Penn precisó que “la señorita Castillo y su equipo han buscado crear una narrativa profundamente falsa, tonta e irresponsable” en la serie “Cuando conocí al Chapo”.

El cine es eso. Cine. Rebasa el debate ideológico, técnico, literario o conceptual para caer en la narcocultura. En series “mitológicas”. Imaginarias.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.