Campesinos, Víctimas del tlcan y de sagarpa

Son “carne de cañón” que nadie defiende; siempre compran caro y venden barato y en abonos

Aunque parezca increíble, a los campesinos productores de granos conviene que desaparezca el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que Donald Trump ponga alto a los negocios con cosechas agrícolas y que México esté obligado a depender más de las importaciones provenientes de otros países.

Desde el acuerdo que dio origen al TLCAN, que entró en vigor el 1 de enero de 1994, el campo fue el sector económico menos protegido por el gobierno mexicano. No interesaron al neoliberalismo de Carlos Salinas de Gortari, que los convirtió en “carne de cañón” sin trinchera, en elemento prescindible y sacrificable con tal de favorecer a las grandes empresas y a los horticultores.

Es una política injusta que han seguido desde entonces Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quezada, Felipe Calderón Hinojosa y ahora Enrique Peña Nieto.

Los que viven de la siembra de cereales y otros granos, más afectados por las asimetrías con sus homólogos de Estados Unidos, son docenas de miles nada más en Sinaloa, que han engrosado las relaciones de los pobres, mientras que el directorio de los horticultores y paperos forman una reducida élite de menos de 500, muchos o casi todos con otras actividades económicas altamente productivas, que van siempre en el paquete de negociaciones con los dos países socios de México.

Desde aquel hito del sexenio de Salinas de Gortari, los ejidatarios y pequeños agricultores dedicados principalmente a las siembras de maíz, entraron en un tobogán con caída en la ruina financiera, y sus protestas no avanzan porque las organizaciones representativas, sociales y privadas, principalmente la CNC, se alinearon descaradamente en el apoyo a las políticas oficiales y al gran capital.

Los productores “de segunda”, la inmensa mayoría campesina, no figuran en la agenda de las negociaciones para el nuevo tratado comercial, lo que afecta a los estados que generan la mayor parte de la cosecha nacional, Sinaloa entre los primeros afectados. Son los desechables de la economía rural en una estrategia de apoyo significativo, con recursos de hasta 100 millones de pesos por temporada, sólo para MASECA y otros mega-empresarios, incluyendo a los sinaloenses, así como los acopiadores que reciben estímulos que pertenecen a los campesinos. Entre los grandes bodegueros, se encuentran políticos y líderes agrarios, que entendieron el rumbo de la economía corrupta y se incorporaron al “coyotaje” con respaldo oficial, abandonando las causas de los ejidatarios y pequeños propietarios.

Los campesinos sin recursos para entrar al negocio hortícola o papero, es decir, los productores de maíz y trigo, aún esperan el cumplimiento de las promesas del secretario de Agricultura, José Calzada Rovirosa, de pagarles a tiempo el margen de utilidad del esfuerzo productivo.

Es una circunstancia dramática que se repite cada ciclo de siembras, hasta hacer que los mejores deseos de los desprotegidos sean que fracasen las negociaciones del TLCAN. No por falta de patriotismo, sino por exceso de problemas para la subsistencia de sus familias.

CALZADA VOLVIÓ A FALTAR A SU PALABRA

La mentira más reciente del titular de la SAGARPA, es que el 15 de septiembre se pagarían los pendientes de 2014-2015 y que al último del mes pasado la liquidación sería para los de la cosecha levantada a mediados de este año. Ni una cosa ni otra. Y con el acopio de fondos federales para la reconstrucción, se reducen las expectativas de atención al campo, siempre desplazado por otras prioridades que “visten” al gobierno y que tienen mayor trascendencia para la sociedad.

En cambio, siempre hay dinero en las arcas del gobierno para pagar la cuota de importación de maíz, de 15 millones de toneladas, que podrían suprimirse si la estrategia fuera alentar la producción nacional del alimento básico y suprimir la dependencia del exterior, principalmente de nuestro vecino del norte.

Ese grano del extranjero es de la variedad amarilla en 80 por ciento, es decir, 12 millones de toneladas, por las cuales hay una derrama de “moches” anuales entre los funcionarios federales que hacen posible esas operaciones de compra de algo que el campo mexicano es sobradamente capaz de producir.

Mientras hay disponibilidad de presupuesto para la importación del cereal, la cosecha nacional debe esperar entre las últimas preocupaciones del gobierno, al grado de que los campesinos consideran que este año la demora en el cobro de su dinero podría esperar hasta el 2018, después de que sean solventados los requerimientos de la reconstrucción en el centro y sur del país.

Para los maiceros sinaloenses, la situación es otra vez crítica, porque han transcurrido cuatro meses desde el fin de la trilla y tienen cartera vencida con proveedores y financieros, además de que no pueden atender las necesidades más elementales de sus familias.

CNC Y CAADES, “NI HUELEN NI “JIEDEN”; SUS LÍDERES, ACAPARADORES DE RIQUEZA

Productores de ambos sectores, social y privado, siguen despotricando por igual contra sus representaciones, la Confederación Nacional Campesina y la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado, por guardar silencio ante los abusos del gobierno federal contra ellos y asumir una actitud de franca complicidad. Es una crítica que, sin movilizaciones de protesta, no tiene respuesta.

En el caso de la Liga de Comunidades Agrarias, sus líderes, Escobar, Aguilar y Moreno (Pablo, no Ana Cecilia), son parte de la nueva clase pudiente del sector rural, acopiadores y caciques, alineados con el gobierno y los grandes empresarios. Todos los ex dirigentes de la organización cenecista, así como los actuales detentadores del poder de la representación, están entre los únicos favorecidos con los programas de apoyo al campo.

La CAADES se convirtió también en madriguera de directivos sin identidad con las grandes demandas de los representados del organismo cúpula.

Dirigentes como Jorge Kondo López, Rolando Zubía Rivera y Gonzalo Beltrán Collantes, sólo llegaron para acumular más poder económico, hundiendo a la Confederación al nivel de las uniones “independientes” y “centaveras” que hacen lo que ordena el régimen en turno.

Ulises Robles Gámez, actual presidente, sólo se atreve a decir, ante las reclamaciones de sus asociados que producen los granos básicos, que “esperan” las decisiones de las secretarías de Hacienda y de Agricultura, sin atreverse a golpearles la puerta, porque ahora es parte de un triunvirato de parientes que controlan el sector rural en Sinaloa.

EL CONSEJO NACIONAL AGROPECUARIO, CERRADO A PRODUCTORES DE GRANOS

La única representación del campo que tiene presencia en los círculos gubernamentales y que puede ejercer la defensa de la actividad, es el Consejo Nacional Agropecuario, representante de los intereses y negocios de los giros más rentables de la agricultura, la ganadería y la agroindustria, que por consiguiente no incluye en su agenda los asuntos de los productores de granos.

El CNA es una membresía exclusiva, de élite sin conciencia social, en servicio permanente para los colosos de la agricultura y la ganadería. Su actual presidente, Bosco de la Vega Valladolid, representa a los hortofruticultores del país, todos con alta visión exportadora y de control del mercado nacional.

Perteneciente al Consejo Coordinador Empresarial, el Consejo tiene un rango de negocios que no se involucra en las penurias de los graneleros.

Sin escudos para su defensa, los maiceros, trigueros y sorgueros, más los otros grupos dedicados a ofrecer los alimentos básicos a los mexicanos, están condenados a librar una lucha desventajosa, comprando cada vez más caros los insumos que requieren los cultivos, incluso los combustibles de Pemex, a vender barato y a cobrar a largo plazo. Las reglas económicas no tienen escudos para ellos.

SE CONFIRMA ASPIRACIÓN SUCESORIA DE HABERMANN EN 2021

En la economía agrícola del estado los liderazgos sólo se mueven a las órdenes del mencionado triunvirato que tiene como eje al secretario de Agricultura del gobierno del estado, Juan Habermann Gastélum, su cuñado, el delegado de SAGARPA, Patricio Robles Luque, y el primo de éste, Ulises Robles.

La posición dominante es la del secretario, quien anticipadamente y fuera de los tiempos de partido, opera como aspirante a la sucesión de Quirino Ordaz Coppel en 2021, con una campaña de “convencimiento” que esconde su activismo en pasillos interiores de gobierno y de las agrupaciones de los sectores productivos.

Su proyecto necesita necesariamente de un férreo control sobre los organismos agrícolas y ganaderos, así como la contención de las inconformidades de las bases para no perder imagen ante los grandes electores nacionales.

Como lo adelantó Proyecto 3, voces que rompen el silencio, Habermann encabeza un movimiento de la clase empresarial de Culiacán que se propone competir por la candidatura del PRI a la gubernatura del estado, aunque la mayoría de los integrantes de ese sector no son precisamente priistas. Pero, al modificarse los estatutos del partido para hacer posibles las postulaciones de simples simpatizantes o ciudadanos no militantes, la coyuntura es una vía expedita hacia la realización de cualquier proyecto externo. Por pertenencia de Habermann a la Federación Estatal de Propietarios Rurales, el brazo político de su sector, es que también puede dar el grado de priismo para ser tomado en cuenta.

La política somete a un segundo plano a las demandas sociales, como ocurre con frecuencia que se vuelve costumbre que asfixia a los pobres del campo.