Pobreza, producto del depredador legislativo

Diputados federales de todos los partidos se olvidaron de sus compromisos

La pobreza, la marginación y la violencia que azota a Sinaloa son el resultado de un itinerario legislativo que los diputados federales -igual que los senadores- trazaron en sus partidos con cálculo político para arrebatar recursos a los sectores sociales. La clase política depredadora está usufructuando más de 10 mil millones de pesos que debieron aplicarse en fructífera gestoría social y que no se reflejan en la geografía sinaloense.

Al arranque de la actual legislatura federal, los diputados regenteados por Cesar Camacho Quiroz, se autorizaron 20 millones de pesos anuales para cada uno de los 500 integrantes de la cámara, bajo el compromiso de destinarlos a la gestión social, pero el espíritu del saqueo del dinero desvió esos recursos al capital propio de los políticos, ya que en la alfombra sinaloense no se instalaron proyectos impulsados por los diputados ni se dispararon los índices de empleo.

En el palmarés de la pobreza, el estado de Sinaloa ha avanzado en sus números rojos porque la economía está anestesiada y no han aterrizado los proyectos de desarrollo prometidos en campaña por los diputados. Sus informes son largos rosarios de mentiras y de justificaciones, escudándose todos en la “gran hazaña” de las reformas estructurales, a las que no aportaron más que el instante del dedo levantado.

En el engranaje del fracaso se encuentran los legisladores del Partido Revolucionario Institucional, Bernardino Antelo Esper, Germán Escobar Manjarrez, Gloria Himelda Félix Niebla, Paola Iveth Garate Valenzuela, Enrique Jackson Ramírez, David Epifanio López Gutiérrez, Evelio Plata Inzunza y  Martha Sofía Tamayo Morales, quienes se instalaron en el banquete legislativo y se olvidaron de los pescadores, ganaderos, agricultores y desempleados que a granel cayeron en cartera vencida y reman contra corriente en la pobreza y el desempleo.

Por el carril del Partido Acción Nacional los diputados Jesús Antonio López Rodríguez y Nadia Haydee Vega Olivas convirtieron su travesía legislativa en un campo de entrenamiento político que no les acarreo buenos resultados ya que marcaron distancia con los bramidos ciudadanos que exigen se meta reversa en las reformas constitucionales que han degenerado en la caída libre que se experimenta en las principales actividades productivas del estado.

En tanto los diputados José de Jesús Galindo Rosas, Carmen Victoria Campa Almaral y  Manuel Jesús Clouthier Carrillo cabalgan con empaques del Partido Verde, Panal e Independiente pero sus trajes no les cambia el resultado ya que los saldos para Sinaloa siguen siendo rojos.

El Congreso de la Unión se encuentra prácticamente convertido en un lienzo en blanco, listo para las pinceladas políticas del 2018, pero las cuentas de los partidos nacionales galopan por el carril contrario al de los intereses de la gente del llano.

ESTANCAMIENTO ECONÓMICO EN EL SEXENIO PASADO

La profundidad del fracaso se refleja en la caída precipitada de las principales actividades en que el estado de Sinaloa se destacó hasta el año 2011 y precipitó a la entidad en un retroceso del que todavía no se repone.

Al autorizarse los 10 mil millones de pesos para repartirse entre el cardumen de diputados federales se aplicó una llave al cuello a la agricultura, a la pesca y a la ganadería, que perdieron su calidad de actividades económicas prioritarias.

En la gráfica de retrocesos se refleja que el dinero dispuesto por los diputados representa el 12.8 por ciento del presupuesto para la agricultura nacional durante el ejercicio 2017. Mucho dinero para boato, abusos y despilfarro.

De acuerdo al presupuesto federal de este año se ejercerán 70 mil 597 millones de pesos para la explotación agrícola y ganadera y los primeros eclipses del horizonte agropecuario se dibujan en la entidad desde mediados del año pasado, cuando la entidad pasó de ser primera en el ranking de producción de maíz al reducirse los volúmenes anuales de 6 millones de toneladas de maíz a la 4.5 millones de toneladas que apenas logró en el año.

En el lado de la pesca los fuegos pirotécnicos tampoco pueden lanzarse al aire ya que el presupuesto nacional para la actividad es apenas de 4 mil millones de pesos, lo que implica que el amamantamiento de la clase política es visto desde las cumbres legislativas más importante que el bocado de las familias de los trabajadores del mar.

Convertidos en un dolor de muela para los ciudadanos, los diputados son vistos como tahúres políticos que trajeados con los colores de los partidos políticos juegan la baraja para sacar ventajas y no atienden el hambre y el desempleo para mantener viva la gallina de los huevos de oro, porque así tiene la oportunidad de cambiar despensas por votos.

Ven el hambre y la necesidad como parte del marketing electoral.

Durante el ejercicio de promoción política de la campaña federal pasada, los actuales diputados se promovieron en los diversos rincones de la entidad, pero en un acto de prestidigitación desaparecieron del mapa político sinaloense una vez que penetraron los filtros que los llevaron a San Lázaro.

Detrás dejaron una polvareda y miles de ciudadanos engañados que los eligieron a cambio de la promesa de que traerían buenos resultados.

El fracaso es la patente de la actual legislatura federal y la fotografía de un Sinaloa en declive es el legado que están diseñando, aunque hay que decirlo: tampoco han hecho buen papel los diputados de otros estados de la república.

DEJARON DE VOLTEAR HACIA LOS POBRES LUEGO DE SER UNGIDOS

Pero la llaga en Sinaloa es dolorosa porque desde las cumbres del poder legislativo federal los diputados voltean el rostro a la necesidad de las zonas serranas, los valles y los campos pesqueros, donde se encuentran los escombros de lo que en años anteriores era el fundamento de la economía estatal y nacional por que simbolizaban las exportaciones de alimentos a cambio de una mejor vida en esos rincones de la población.

De los 3 millones de habitantes que tiene Sinaloa, el 32 por ciento de ellos se encuentra en condiciones de pobreza y a su vez el 83 por ciento de estas personas se encuentra en la zona rural, sin acceso a servicios médicos y alejados del calor de los diputados que como candidatos ofrecieron acarrearles fuentes de trabajo e inversiones del campo que no han llegado. Los favores quedaron repartidos entre sus cuates, alcaldes y funcionarios estatales y federales, a cambio de “moches” y otros beneficios mutuos.

Abandonados a su suerte se encuentran también alrededor de 18 mil desplazados de la zona de violencia de El Rosario, Concordia, Sinaloa, Choix, El fuerte, Mocorito, Elota, así como de regiones de Chihuahua y Durango que ambulan por la cartografía de Sinaloa en espera de que se legisle en relación a la implementación de programas humanitarios y asistenciales que les permitan sobrellevar la carga que representa ser extranjeros en su propio país y por otro lado no regresan a sus poblaciones de origen para no caer victimas del aullido de las balas.

Los legisladores no están tendiendo la mano a Sinaloa. O la tienden al presupuesto, pero desvían programas y recursos a su conveniencia.