Lo que natura no da, Salamanca no lo obsequia

Es de suponerse, que lo que preocuparía en Wall Street sobre la catastrófica situación de México, es cómo se comportará a futuro el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de la Bolsa de Valores. Lo demás, no es más que gente.

Por allá, en la Gran manzana de Nueva York,  al canciller Luis Videgaray Caso le tocaron las réplicas del terremoto que el 19 de septiembre devastó la Ciudad de México.

Si los remesones telúricos parecieron no afectar el ánimo del secretario de Relaciones Exteriores, menos los riesgos de la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Si los Estados Unidos se retiran, no es el fin  del mundo, dijo imperturbable don Luis.

Hombre de temple el canciller, no le tembló el acento ni siquiera cuando el secretario estadunidense de Comercio Wilbur Roos advirtió que en la agenda del TLCAN las elecciones de 2018 podrían eclipsar las negociaciones o que la maliciosa triangulación vía México de bienes chinos tiene indignados a los manufactureros norteamericanos.

La ultraderecha al ataque en Alemania y Francia

Aquí, desde la Cancillería ya se habrá cursado felicitación a Ángela Merkel por la conquista electoral, ayer, de un cuarto mandato, si bien los resultados se vieron nublados por la irrupción de la ultraderecha hitleriana, que se alzó con la tercera posición en el Parlamento en su opción Alternativa para Alemania.

En Francia, ayer mismo, el presidente Emmanuel Macron cayó en un primer bache durante su corto verano cuando la ultraderecha incrementó su presencia en el Senado.

Para Videgaray, sin embargo, el orden de las prioridades está en este atribulado hemisferio y debió ser para él buena noticia que Donald Trump siga apretando las tuercas sobre Venezuela, escalando las presiones al grado acelerar el bloqueo económico, colocando en la canasta las importaciones petroleras después de que fuerza el cierre de válvulas a la adquisición norteamericana de deuda emitida por el banco central venezolano.

Son, ese tipo de posiciones “diplomáticas” del gobierno mexicano, lo que dificulta la lectura de los patrones valorativos sobre lo que aquí se entiende por democracia.

De sobra es conocido el catálogo de Videgaray respecto de las transgresiones del gobierno bolivariano a principio todo democrático, según lo diga la oposición caraqueña tentada por el virus del golpismo.

Los perros guardianes de la tumba de Francisco Franco

En Madrid, la “democracia” tiene otras morbosas y violentas aplicaciones por cuenta del Partido Popular (PP) español, cuyos detentadores son reputados por sus oponentes comoperros guardianes de la tumba de Francisco Franco.

Mariano Rajoy, el jefe de Gobierno español, fue visto hace unas horas dirigiéndose a sus correligionarios desde un atril adornado, por supuesto, con una leyenda que anuncia el celo democrático del PP.

Desde hace semanas, sin embargo, Mariano Rajoy ha puesto en acción toda la maquinaria infernal del Estado madrileño contra la voluntad soberanista de Cataluña.

El poder civil, la Casa Real, el Tribunal Constitucional, el Parlamento, la Guardia Nacional y todas las estructuras dominantes en el gobierno del PP se han descargado sobre la vocación de independencia de los catalanes y su centro neurálgico, Barcelona.

Intervención metropolitana de la hacienda públicasustitución del régimen policial local por mandos madrileños, intercepción y bloqueo incluso de operación de tarjetas de crédito de servidores del gobierno, persecución de alcaldes autonomistas, inicio de procesos a granel por malversación de fondos públicos, prevaricación, etcétera.

Todo gira en torno a la consulta convocada para el 1 de octubre. El viernes 22, la cereza sobre el manido pastel: La Fiscalía de la Audiencia Nacional sometida a la dictadura de Rajoy, decretó el delito de sedición en contra de los simpatizantes y promotores del referéndum.

Penalizaciones mínimas: De ocho a 15 años de prisión a los imputados susceptibles de condena.

Sobre ese “modelo de democracia” ninguna observación del gobierno mexicano. Aquí sí vale el principio de no intervención, si del Estado español se trata, por encima del principio de autodeterminación, que es potestad de los pueblos.

Es deplorable la lenta evolución mental y diplomática que Luis Videgaray ha experimentado en su aprendizaje como canciller. Así es la realidad, ¡qué le vamos a hacer!