Le fallan al estado Castañeda, Monjardín y Haro; lastre para Quirino

Políticos socializan la ayuda a damnificados en hora de emergencia

Los lastres en su gabinete afectan los resultados y la imagen del gobernador de Sinaloa, como lo dicen las más recientes evaluaciones de los mandatarios estatales del país. Casi nueve meses de prueba han sido más que suficientes para medir la calidad del esfuerzo de cada colaborador, entendiendo que ninguno de ellos, ninguno, llegó al cargo con la certeza de que sería sostenido hasta el final de la administración.

El gobernador Quirino Ordaz Coppel conoce la importancia de esta premisa y de la necesidad de aplicar correctivos cuando lo demanda el interés del estado y de los sinaloenses, la voz que más debe escuchar y atender.

Si un funcionario no atiende el mensaje de la calle, de los ciudadanos, sigue una ruta equivocada, que lleva sólo al fracaso. Cerca de la encrucijada política que lo compromete con quien lo llevó al poder, Quirino está de frente al reto de hacer cambios no sólo de personajes, sino de estrategias y procedimientos para cumplir con los compromisos que, en primera instancia, son de él y no de su equipo.

Tarde o temprano, ojalá que este último plazo, el ejecutivo se dará cuenta de que la crítica corresponde a la percepción ciudadana, no es fruto de ningún otro interés.

El gobernador Quirino Ordaz Coppel enfrenta una crisis de corrupción en diversas áreas administrativas, destacando las de seguridad pública y de áreas dependientes de la Subsecretaría de Gobierno, principalmente Vialidad y Transportes. Además, el Sistema Estatal de Seguridad Pública exige una evaluación y enmendar lo mal hecho, que es más que los aciertos, porque ahí está el origen de los problemas que más afectan al pueblo.

Ahí, no en otra parte, está la razón del bajo nivel de aceptación del ejecutivo sinaloense entre sus colegas de la república.

Casi nueve meses de resultados frustrantes para el mandatario y la sociedad, representan un periodo de prueba muy largo, más para un periodo constitucional recortado por acomodo de los tiempos electorales.

Es el momento de ajustar el equipo no sólo con cambios de nombres, sino también de procedimientos y, más aún, de rescatar principios de probidad y eficiencia, que se perdieron desde el sexenio pasado.

Para Quirino y su partido no hay más margen de maniobra si no ocurren ya movimientos de gabinete y de conductas.

El recomendado de Jesús Vizcarra Calderón, por bien “apalancado” que sea, Antonio Castañeda Verduzco, debe hacerse a un lado en la manipulación de Vialidad y Transportes. Si es imprescindible su operación política para el proceso electoral en marcha, que al menos deje de manosear -y no para transparentar la función pública- las áreas que están siendo conflictivas en el gobierno y generan descontentos sociales que pueden cobrar factura política en el 2018.

El Sistema Estatal de Seguridad Pública encomendado al “cuate” Rigoberto Monjardín Zazueta, es un desastre, tanto o peor que en el régimen pasado, que es decir el colmo.

Monjardín hace más bien al estado si continúa en su retiro de burócrata pensionado, dejando el cargo para criterios y experiencias más congruentes con el organismo que ni remotamente cumple sus objetivos. La deslealtad es una forma de traición que ningún jefe de estado debe permitir, menos aún si afecta a la institución que debe servir con ética y a la sociedad.

El SESP  esta atendida por una burocracia costosa e inepta, que no le sirven a Ordaz Coppel, enfrentado ahora a la prueba que engrandece a los gobernantes: reconocer que se equivocan en sus designaciones y enmiendan el error.

Otro lastre en el gobierno es otro muy amigo del gobernador, que no valora ni la amistad ni la oportunidad del jefe del ejecutivo, Guillermo Haro Millán.

Este director general llegó con el fin de aprovechar la escuela de corrupción que dejaron Domingo Ramírez Armenta y Jesús Antonio Marcial Liparoli, no para clausurarla y disponer la vuelta a la legalidad.

Por seguir planes oscuros la dependencia se encuentra en peor estado que en el sexenio anterior.

Quirino Ordaz está a tiempo de  dar un golpe de timón en la el gobierno, a partir de la línea de mando que sigue Haro,  ubicada en la Subsecretaría de Castañeda.

Fue una pésima recomendación, pero, el gobernador aún puede cambiar el rumbo y empezar una valoración igualmente necesaria y trascendente: medir los resultados de Rigoberto Monjardín Zazueta y ponerlo en el mismo camino que debe seguir otros ineptos que están provocando en gran medida la mala  imagen del gobierno quirinista. HORA DE REFLEXIÓN DE TODOS LOS ACTORES POLÍTICOS

En tiempos de emergencia, como los que vive México en estos días, sacudido por una serie de fenómenos naturales, todos los actores políticos deben posponer sus ambiciones de poder y cerrar filas con el gobierno para hacer frente como pueblo unido a las calamidades que nos han golpeado en este mes patrio de tragedias nacionales.

Un sistema político no puede seguir en confrontaciones más allá de una competencia limpia, mientras a nuestro alrededor miles de familias viven momentos de dolor y fuertes pérdidas.

Un ejemplo: mientras los costos de la reconstrucción se disparan por el tamaño de los daños, el árbitro electoral y los partidos discuten su financiamiento. Ninguno de ellos dejan su egoismo y codicia para aportar más en apoyo a los damnificados. Toda la ayuda la dejan a la generosidad de los mexicanos, sin tocar los recursos de los órganos políticos.

Vuelven a mostrarse expertos en socializar el costo de las pérdidas y en acaparar los beneficios del presupuesto.

En estos precisos momentos, oportunistas de los diferentes partidos se encuentran en la Ciudad de México, gestionando una candidatura o que al menos se les incluya en el elenco de probables postulados.

Es el caso de Heriberto Galindo Quiñónes, asiduo infiltrado en pasillos palaciegos, tratando de aprovechar hasta el último minuto el sexenio de Enrique Peña Nieto, sin haber aportado algo trascendente al partido que reclama otro cargo electoral, pero de representación proporcional, consciente de que por mayoría no gana jamás en “su” estado.