Derrumba el terremoto al PRI y al PAN en Sinaloa

En el diagnóstico de Enrique Ochoa Reza aparece el PAS como opción política emergente con capacidad de ganar elecciones

Como si el epicentro de los terremotos 7-19 de septiembre se hubiera ubicado ahí, en el Cerro de San Pedro, los comités de los partidos políticos tradicionales en Culiacán se han  quedado, literalmente, como estatuas de sal, salvo el nuevo Partido Sinaloense, que escapa a la furiosa embestida nacional de los damnificados y grupos sociales que se “mueven” a sus anchas en las redes sociales.

El lacayuno sometimiento de las burocracias estatales a los designios centralistas de las dirigencias nacionales partidistas de las que se espera la línea para 2018, difunde la imagen de perritos abandonados a mitad del par vial en horas pico: No saben ni a quien ladrarle. Todavía parecen sentir el fuerte  bamboleo sísmico.

Los demoledores impactos de los terremotos se descargaron sobre territorios donde habita más del 60 por ciento de los votantes mexicanos, modificando sustancialmente el cuadro de expectativas de los partidos nacionales rumbo al 18, de por sí atrapados en el canibalismo interno en la pugna por las candidaturas federales y, al menos, en Chiapas, Veracruz,  Tabasco y Morelos  por las de gobernador.

Qué decir de la Ciudad de México, que fue convertido en un infiero político por el movimiento telúrico.

Si ya de por sí, el PAN, el PRI y el PRD, andaban “arrastrando la zalea”, el terremoto los acabó de despanzurrar, por lo que forzosamente tendrán que echar manos de “fuerzas políticas” emergentes” en otros estados, entre ellos Sinaloa, para recuperar en parte los votos que perderán en las jurisdicciones donde tratan a sus gobernadores y políticos tradicionales de mentada de madre para abajo.

Frente a la devastación social y económica provocada por los terremotos, no vale la coartada de que ni modo de que los partidos le hagan al sismólogo o al meteorólogo para prevenir esos fenómenos  y evitar sus consecuencias.

No es asunto de casualidad, sino de causalidad: Hasta las décadas 80-90, los estados del sur padecieron la hegemonía del PRI. A partir de entonces, durante el periodo neoliberal, el antes “partido casi único” perdió los gobiernos del Distrito Federal, Puebla, Guerrero, Morelos, Tlaxcala Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Yucatán y Quintana Roo, donde la población se hartó de más de lo mismo.

El factor que incide en las perspectivas de los partidos nacionales rumbo a la sucesión presidencial, tiene ahora otras expresiones. En la Ciudad de México, ahora con extensión de la catástrofe en los estados del altiplano, el gobierno de la República se vio estupefacto frente a la magnitud de la tragedia y fue el poder ciudadano el que se hizo cargo del auxilio a las víctimas.

Frente a los destructivos impactos meteóricos de la naturaleza, en la alternancia en el poder el PAN y el PRI, y en los estados gobernados por el PRD, antes de privilegiar la respuesta al clamor social de las víctimas, se han enfangado en el robo de los presupuestos destinados a la reconstrucción y manos les faltaron a esos gobiernos para agandallarse los apoyos en dinero  y en especie aportados por organizaciones no gubernamentales y particulares individualmente.

Antes de que estallara la furia de la naturaleza, Peña Nieto había instruido a sus “cerebros” que administran las finanzas públicas para que diseñaran los Criterios de Política Económica para 2018, orientándolos en sus asignaciones a preparar una Elección de Estado el año venidero.

Frente a la dimensión del cataclismo social, Los Pinos no ha dado luz verde para ajustar el Presupuesto de Egresos de la Federación del 2018 conforme a los nuevos requerimientos.

Acorralado por la crisis social, ajeno a toda sensibilidad social y humanismo, el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza instaló en guardia permanente a los responsables del área electoral con una encomienda precisa: Revisar el registro de la orientación del voto desde 2000 hasta las recientes elecciones en los estados de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz.

Le interesa Sinaloa, le interesa la inclinación electoral del Partido Sinaloense. El PAS es partido ganador y en constante actividad y crecimiento.

Cartografía nacional, sistemas de cómputo  y estadísticas del Instituto Federal Electoral y ahora del Instituto Nacional Electoral (INE) en mano, los operadores elaboran las gráficas del descenso de la votación del PRI y, por supuesto, la localización de los partidos a los que, de su lado, ha favorecido el incremento de la votación quitada al tricolor.

Dos claves identifican los rótulos de las portadas de las carpetas procesadas: La irrupción desde 2015 del Partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y la línea histórica desde 1983 del Partido Acción Nacional; y la presencia de partidos estatales que arrebatan espacios de poder, amplias zonas electorales, al PRI, PAN y PRD.

El dato que a fuerza suman los actuarios electorales es que, desde 2013, el PRI ha perdido una pavorosa suma de casi cinco millones de votos. Entre los hallazgos que han hecho los escrutadores está aquél que informa que el PRI tiene en algunas entidades comités estatales de mera decoración burocrática, en tanto hay estados en que ni siquiera existen comités municipales.

En Sinaloa el diagnóstico sobre PRI es catastrófico. Su desvinculación de la sociedad se suma a la falta de presencia territorial de sus aparentes “liderazgos” y la falta de credibilidad de la sociedad hacia los actores del tricolor. El antes invencible ya fue vencido en el 2010 por el PAN-PRD-Convergencia y traidores amnésicos del PRI. El resultado del análisis es que no gana solo ni lleno a bailar a chalma. El Panal no le sirve ni para ganar una sindicatura.

Es así que Ochoa Reza, le mete turbo a sus estrategias fallidas: acompañado por sus secuaces en el Senado y la Cámara de Diputados, Emilio Gamboa Patrón y César Camacho Quiroz, se jugó un audaz blof -un petate, pues, presentando la iniciativa para que se cancele la totalidad de los subsidios públicos a los partidos políticos.

Jugada de párvulo en el vacío jurídico, la del dirigente tricolor: Ni la Constitución ni las leyes secundarias en materia electoral pueden ser reformadas a efecto de las elecciones generales de 2018.

No es casual que el consejero del INE, Ciro Murayama Rendón le refrescara la memoria diciéndole  que una reforma de esa magnitud sólo sería aplicable a elecciones federales después del 18 y le reviró.

Si Ochoa Reza tiene tan buena voluntad, advierte Murayama, que instruya a sus legisladores, que tienen el control de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública en la Cámara de Diputados para que, en el Presupuesto de Egresos de la Federación del 18, se busque la opción legal-administrativa para ajustar a la baja el gasto reservado a los partidos, sin incurrir en una pifia constitucional.

Desde luego, la nerviosa salida al paso de Ciro Murayama no es gratuita. Un ajuste presupuestal en la materia se llevaría entre las espuelas los recursos exigidos por el INE al propio Congreso de la Unión para el 18.

El enigma radica en cómo, no sólo los partidos de oposición a la partidocracia enquistada en el poder, sino las fuerzas sociales emergentes, los partidos estatales, incluidos el PAS, podrían lograrán un acuerdo orgánico frente a la intención de una enésima sucesión presidencial de Estado.

De gratificarse y hundirse en la simplificación emocional del momento esas energías liberadas, el PRI y sus socios irían a un paseo de campo el 1 de julio de 2018. Pero el problema es electoralmente grave, no únicamente para el PRI, también para el PAN y el PRD. La repulsa social contra los dirigentes y actores de estos partidos trascendió allende las fronteras.

Y es casi imposible que la inconformidad social se sofoque en el 2018. El dolor de un ser perdido es perenne y la reconstrucción de ciudades y pueblos durará más de 5 o diez años. Además el hambre y la enfermedad recorren las entidades devastadas por el terremoto.

Nadie cree ahora que elecciones del 2018 serán definidas por el reparto de una despensa.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.