Rostros, sombras y perfiles

Raúl René Rosas Echavarría, brillante jurista, orador y político, recibió en el sexenio de Alfonso G. Calderón la encomienda de dirigir el mensaje oficial en el homenaje luctuoso, celebrado cada año, en honor de la heroina sinaloense Agustina Ramírez. 
Haciendo gala de sus habilidades oratorias, El Chito habló con elocuencia del acendrado patriotismo de esta ejemplar mujer que llevó a sus hijos—once- hasta el sacrificio de sus vidas, destacando que su memoria y su ejemplo debe estar presente en cada uno de los mexicanos bien nacidos. Lo sorprendente fue cuando citó por su nombre a cada uno de los hijos de doña Agustina. 
Habló con tal vehemencia en aquel entonces joven abogado, que mas de cuatro de los asistentes a tal ceremonia enjugaron una lágrima. 
Uno de los mas emocionados por el elocuente discurso, fue el gobernador Calderón, quien lo felicitó calurosamente. 
Este le espetó: 
–Nomás me queda una duda, mi chito. ¿Cómo le hiciste para aprenderte de memoria los nombres de todos los hijos de doña Agustina?
Y El Chito sin inmutarse le dijo:
—-Pues los inventé. Quien fregados se va a tomar la molestia de checar sus nombres? 

—-Ya sabía yo que los habias inventado…. A mi para que me engañen, está cabrón!! 
En otra ocasión, quien se iniciara en la política como diputado local por Choix, fue comisionado por el PRI estatal como delegado en un municipio del sur de Sinaloa, donde en vísperas de un proceso electoral las cosas se habían puesto calientes, al grado de que los ánimos amenazaban con desbordarse. 
Para sofocar el brote de rebelión priísta, Rosas Echavarría se reunió con el principal cabecilla de la insubordinación, que exigía apertura democrática y rechazaba la imposición de candidatos desde el centro. 
Le dijo El Chito: 
—Vamos a hablar claro. De hombre a hombre. Que es lo que quieres?
– – – – N u e s t r a exigencia es que se abran los cauces democráticos en nuestro partido y que sea la base la que decida y elija a los candidatos, sobre todo al bueno por la alcaldía. Los priistas señor delegado queremos democracia. El pueblo ya está harto de imposiciones. 

Mesurado, el representante del tricolor, respondió: 
–Mira, el que quiere democracia eres tú, porque tu quieres ser presidente municipal. A los priístas, a la gente no le interesa la democracia. Y te lo voy a demostrar.
En eso pasa por la calle un vendedor ambulante. El Chito le pide comedidamente dos bolsas de cacahuate. Al pagarle, le pregunta al humilde vendedor:
—–Señor, con todo respeto le pregunto: ¿A usted le interesa que haya democracia?
—A mi me vale madre si hay o no democracia. A mi lo que me interesa es vender mis cacahuates, para mantener a mi familia!!, responde el modesto comerciante.
—Ya oíste la voz del pueblo? Asi que a mi no me vengas con ese cuento— dijo El Chito al alebrestado aspirante priísta, quien nomás agachó la cabeza…… 

hace  unos años el Lic. Raúl René Rosas Echavarría recordó sus inicios de conductor de tranvías en el negocio de su padre, hasta que a los 16 años “cuando me bajé de la vieja tranvía tropical de mi padre que corría para Choix y El Fuerte y me vine a estudiar en la Escuela Normal de Sinaloa y en la Universidad de Sinaloa”. Maestro desde 1956, en primarias, secundarias, escuelas comerciales, preparatorias, y escuelas de Derecho, Economía, y otras de la Universidad lo cual lo ligó a la docencia. “Me gusta la docencia: Es como una lapa que llevo prendida: nos nutre espiritualmente el diálogo con los jóvenes de la ELDS… Dediqué parte de mi vida a la administración pública pero nunca me quise separar de esta escuela que fundamos con pasión y coraje en 1972”. 
Hace poco el licenciado Rosas fue distinguido como profesor emérito de esa institución. En ese acto dijo: “Ello me motiva para decirles que valió la pena haberme bajado de la vieja tranvía tropical de mi padre!!”.

Anecdotario

Armando Apodaca

 Cuando a Armando Apodaca, amigo personal de Renato Vega Alvarado, con una larga carrera dentro de la Reforma Agraria, le ofrecieron la Presidencia Municipal de El Fuerte, éste   hizo un gesto de enfado y molestia.

El  quería una posición en el gobierno entrante de Renato  pero en  Culiacán, donde tiene viviendo  toda la vida con su familia. “Qué voy a hacer en El Fuerte, donde andan peleando como tiburones  la presidencia municipal, priistas con mas derecho que yo?”, se preguntó Apodaca, a quien Renato apreciaba como a un hermano.

Apodaca le expresó al todavía gobernador electo cuales eran sus pretensiones, pero éste le dijo que iba a analizarlo, que después lo llamaría.

Ya para entonces Renato le había anunciado que se preparara porque se iba a hacer campaña por la alcaldía en la tierra donde nació. “Qué mas orgullo sería para ti Armando, que regresaras a tu municipio, en la tierra donde te parieron, a ocupar la mas alta representación política, como es la presidencia municipal”, le dijo, sin encontrar respuesta.

Cuando llegó la hora de la verdad, un personero de Vega Alvarado le comunicó:

—Te manda decir el jefe que no hay nada para ti, mas que la presidencia municipal de El Fuerte. Tu Sabes si lo tomas o lo dejas. En ti está hermano. No vayas a cometer la pendejada de decirle que no. 

Apodaca agachó la cabeza,  decepcionado. El alegaba y asi se lo había dicho a su amigo Renato que no quería mover a su familia de Culiacán a El Fuerte, que su familia estaba muy a gusto en la capital, donde estudiaban sus hijos e hijas.

A Apodaca no le quedó otra mas que aceptar la propuesta. Agarró sus tiliches y se fue a hacer la campaña, que no saben todavía sus coordinadores cómo ganó la contienda si se la llevaba mas tiempo en Culiacán que en El Fuerte.

Tiempo después un amigo de Apodaca le preguntó a Renato  que puesto quería éste. Y el gobernador lo balconeó riéndose:

—-Quería la COCOSIN, casi nada!

Cuando entró a palacio municipal ya con su investidura de Presidente Municipal, Armando se le quedó mirando a una enorme estatua de un personaje revolucionario, ubicada en la entrada principal.

Le preguntó a su jefe de Obras Públicas:

___Ingeniero, dígame  quién ese señor de la estátua?

____Para su conocimiento, señor, se trata del general villista Rodolfo Fierro, que dicen nació en Charay.

—Y cómo llegó aquí?

___Por lo que estoy enterado, es un regalo que hicieron al municipio los dueños de una fundidora de Monterrey, de cuyo propietario y fundador fue  amigo muy estimado el General Fierro. Por eso sus descendientes, en recuerdo a aquella fina amistad le ofrecieron y le entregaron la estatua a la administración municipal presidida por el profesor José María Zamora.

Apodaca había leído que Fierro era un matón, un tipo desalmado que no tenía compasión por nadies. Ordenó entonces:

____Ingeniero, ese sujeto tiene muy mala fama. Hay que retirarla de aquí. Llévensela a Charay, su tierra natal.

Quien sabe porqué causas la órden no se cumplimentó.

La estatua fue retirada, pero instalada en el Museo Mirador, como un atractivo mas para el turismo nacional e internacional